16 septiembre 2006

Las payasadas del "nacionalismo antinacionalista"

En las elecciones autonómicas catalanas convocadas para el próximo 1 de noviembre, las candidaturas tradicionales competirán con una alternativa novedosa: Ciutadans, o Partit de la Ciutadania (partido de la ciudadanía). Ayer, con motivo de su presentación pública, este novísimo PC dejó constancia en el cartel propagandístico de su taranà (acervo): la foto es un quiero pero no debo... Es un desnudo de calendario pudoroso editado para recaudar fondos.
En cierto modo, el cartel anuncia que la nueva formación aparenta ir más allá de lo convencional pero en realidad sigue siendo convencional, antinacionalista, anticatalanista y todo apunta que anticatalán.
El cartel incluye un mensaje tan rompedor como comercial: «Sólo nos importan las personas. Ha nacido tu partido. No nos importa dónde naciste. No nos importa la lengua que hablas. No nos importa qué ropa vistes. Nos importas tú». ¡Que bonito!...
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Obsesiones de ida y sin vuelta
El objetivo central de los de Rivera es «superar la obsesión identitaria que ahoga el dinamismo de la sociedad catalana», pero nada dicen de la obsesión identitaria de los españolistas que ahoga el dinamismo de todas las sociedades que coexisten o conviven en el reino de Madrispaña.
Además, han precisado que quieren «corregir las distorsiones que ha provocado el nacionalismo catalán», ¿con qué finalidad?, ¿o acaso se trata de  cambiar un nacionalismo por otro?
También rechazan «la imposición del catalán como lengua única»... ¡como si el catalán fuera la única lengua única, unitaria y uniformadora que más han sufrido los ciutadans de todas las Españas!
El acto fue presentado por el actor Toni Cantó (¿tan necesario era un especialista en comedias?), e intervinieron la concejal vasca Gotzone Mora (¿por qué se empeña esta señora en conservar el carné del PSOE?), el periodista Arcadi Espada (¿qué canastos pinta este excelente escribidor y singular periodista en semejante movida?)
El acto incluyó la lectura de tres mensajes con sendos apoyos de campanillas: uno remitido por Rosa Díez (¿será verdad que en Euskadi ultiman la creación de un PC similar al de Rivera?), otro enviado por el profesional del teatro Albert Boadella (más arte escénica) y el tercero, del filósofo Fernando Savater (¿usted lo entiende?)
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Descalificaciones por doquier
Boadella fue el único suficientemente cínico como para expresar sin rodeos lo que siente [sentir no es pensar] al calificar a los políticos catalanes de casi todo lo negativo que usted sea capaz de imaginar, y sentenció:
«La política catalana es sólo un conglomerado de cursis y capullos con la justa proporción de mangantes en nombre de la patria (…) En ese desierto cerebral, por no haber no hay ni políticos diabólicos».
Evidentemente, este nuevo partido no solo es anticatalanista sino también anticatalán.
Quien ha debido nadar (o flotar, que no es lo mismo) en un mar de contradicciones al escribir su mensaje es la vasca Rosa Díez (otra persona confusa o confundida y con carné del PSOE), que en su misiva dice que «pese a ser adversarios electorales de mi partido, el día después de los comicios querré que seáis mis compañeros, mis amigos, mis colegas y mis cómplices políticos» (¿usted lo entiende?)
En fin, la amena presentación y representación del nuevo contenedor ideológico con ideas viejas refritas augura una campaña electoral más entretenida de lo habitual.
Sea cual sea el resultado que obtenga Rivera, lo más probable es que el público catalán agradezca sus esfuerzos y celebre que su anti-catalanidad tenga cabida en el Palau de la Música, el corazón musical de la nación catalana.... y en el Parlament, por descontado.
¿Por qué celebrar esa aparente contradicción? Muy sencillo: prestigia a Catalunya y certifica la tolerancia de la sociedad catalana...
¿Se imagina usted un partido anti-madrileño haciendo campaña contra la sociedad y la clase dirigente madrileña al pie de la diosa Cibeles? Yo tampoco.
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CON POSTERIORIDAD:
«A Ciutadans de Catalunya se le ve el plumero "pepero"»  

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