19 mayo 2008

Las hojas del rábano: El caso Telma Ortiz

La decisión de la juez de Toledo de desestimar las medidas cautelares contra 57 medios que reclamaban Telma Ortiz [hermana de la princesa de Asturias] y Enrique Martín-Llop ha provocado ríos de tinta.
La ejecutiva del Sindicat de Periodistes de Catalunya ha emitido una valoración, asumida por la federación española de sindicatos de periodistas, que dice así:
[1] Que es injustificada y peligrosa la euforia de algunos medios que airean esa decisión como si fuera un triunfo del derecho a la información, cuando en realidad está haciendo evidente la necesidad de su regulación.
[2] Que es de la máxima gravedad para la información que la definición de personaje público sea propiedad de los medios, que han adquirido la capacidad de fabricarlos a su antojo y según sus necesidades de márketing.
[3] Que las personas nunca son de relevancia pública sino los hechos y conviene terminar con esta confusión interesada.
[4] Que los hechos de interés o relevancia pública responden al interés público general y no al mayor o menor interés que puedan despertar en algún sector del público.
[5] Que ese mayor interés que algún público puede tener por algunas personas no puede justificar el acoso ni otras actitudes que vulneran los principios deontológicos de nuestra profesión.
[6] Que los hechos que han motivado este hecho judicial deberían hacer reflexionar a toda la profesión periodística sobre los límites que han vulnerado los medios cuando hay ciudadanos que han considerado pedir amparo de ellos.
[7] Que el desprestigio que está sufriendo la profesión periodística deteriora el valor de la información, básica en una sociedad democrática, y hace imprescindible que los legisladores atiendan la solicitud de una regulación legal de la profesión que venimos reclamando los periodistas”.
...
Matizaciones (con ademán constructivo, no recriminatorio):
→[1] Desde un punto vista jurídico, es justificable y lógica la euforia de algunos medios --mejor dicho: ¡muchos!-- ante el dictamen judicial, pues numerosos medios viven de vender cotilleos y basuras.
Perversión que no es exclusiva de la llamada prensa rosa. Creer que sólo la prensa rosa vende tonterías es engañarse o, a lo peor, engañar a la sociedad.
→[3] Hay personajes que SÍ son de interés informativo, dejando aparte el lodazal de los famosos que se alquilan; pero sin olvidar que nadie debería ser convertido en noticia por hechos o asuntos de índole privada.
→[4] Una de las raíces del problema --que es prácticamente irresoluble abordándola exclusivamente desde el periodismo y por los periodistas-- es que la mayoría del público SÍ está interesada en conocer la vida privada de las celebridades... ¡y del vecino!
Luego, ¿qué institución o entidad osará determinar legalmente qué es y qué no es de interés público? 
El asunto es muy complejo, pero cabe resumirlo así: ¿alguien considera posible, aquí y ahora, que los legisladores se atrevan a llevar la contraria al público: a los votantes?
→[5] Hay aspectos del caso Telma Ortiz inexorables: Lo que ciertos periodistas y medios han hecho con esa mujer y su pareja es una canallada; razón suficiente para ser más prácticos y menos teoricistas
Resumiendo, de igual modo que se ha legislado sobre acoso sexual, laboral, escolar, etcétera, ¿por qué no se legisla sobre el acoso informativo?
→[7] Afirmar que la prensa rosa constituye la protagonista única y fundamental del desprestigio de la profesión periodística es, cuando menos, infantil.
Dicho esto, ¡claro que convendría regular el oficio de informar!, al igual que convendría fiscalizar las relaciones laborales en el seno de las empresas de comunicación, o impedir la difusión de propaganda comercial y política como si de información se tratara, amén de un largo etcétera de detalles.
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La regulación solo es útil si se dan otros requisitos
Confiemos en que la demandada regulación no se centre en absurdos como el caso Telma Ortiz y que cuando se acometa se aborden aspectos que son tanto o más esenciales, pues informar no sólo aconseja aplicar normas deontológicas, sino que exige que la Administración impida que haya periodistas que trabajen en condiciones indignas y cobrando el salario mínimo interprofesional... ¡Y no son pocos!
Si el oficio de informar fuera legalmente regulado y dignificado, serían pocos los periodistas que obedecerían la orden de perseguir a una celebridad, y también serían pocos los que mentirían en torno a la inflación, o recurrirían a la falacia para idiotizar a la afición de tal o cual equipo a fin de incrementar audiencia y con ello publicidad, etc.
Hay ejemplos de perversión socialmente mucho más graves que el caso Telma Ortiz.
En todo caso, la nota del sindicato da en el clavo en casi todo, pero especialmente en una cosa: es incomprensible que alguien --ni siquiera los periodistas-- se alegre por el dictamen judicial de marras, porque si algo está meridianamente claro desde hace años es que casi nadie está interesado, salvo un sector de la profesión, en regular y diferenciar información de intoxicación y dato de propaganda…
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Para construir es imprescindible cimentar
De nada servirá regular el oficio de informar si los legisladores y los profesionales evitamos entrar en cuestiones de fondo y nos limitamos a cuestiones puntuales (caso Telma Ortiz).
La regulación interesa si va más allá de los casos Telma Ortiz y establece normas que impongan rigor y veracidad en los asuntos institucionales, políticos y económicos, va siendo hora de que España deje de ser uno de los pocos países de Occidente cuya Administración todavía niega impunemente datos calificados oficialmente de públicos.
¿Es más importante el caso Telma Ortiz que la existencia de instituciones que se niegan a informar del gasto en telefonía móvil de los concejales y de los diputados, o el gasto en coches oficiales pagado por los contribuyentes?; por poner dos hechos bien simples.
Sin ánimo de restar trascendencia al caso Telma Ortiz, en arquitectura nadie cuestiona que construir un edificio requiere sólidos cimientos.
El rebumbio organizado en torno al caso Telma Ortiz resulta grotesco porque es "cómodo" centrar la atención en asuntos que afectan a cuatro en lugar de los que afectan a cuarenta millones.
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UN TOQUE DE HUMOR ¡nunca sobra!:
"La Corona pixelada", vídeo desternillante, en DIARI DE L'ABSURD.

3 comentarios:

  1. En relación con esto, aluciné con el cambio de color (hacia un rosa descarado) de un diario presuntamente serio como El País, que el pasado día 18 publicó un ¿reportaje? sobre nuestra ¿futura reina?. Ver para creer... y vomitar.

    http://www.elpais.com/articulo/portada/
    Diario/princesa/elpepusoceps/20080518elpepspor_10/Tes

    Me ahorraré más comentarios, pues se comenta a sí mismo el artículo.

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  2. no sé si el comentario que voy a hacer es relevante o no sobre la "ilustración" de este asunto. El caso es que yo no estaba prácticamente enterada de nada de la vida de esta señora, de si iba o no iba a dar a luz y donde... en fin, para mí era casi desconocida pues no veo mucho la televisón, salvo las noticias desayunando y comiendo y algún trozo de alguna que otra serie nocturan... Pero, desde que puso la denuncia no oigo más que hablar de ella en todos los informativos, amén de otros programas. No sé, a veces tengo la impresión de que es mejor que las aguas vuelvan a su cauce por si mísmas y no, tratar de hacer un embalse en el lugar menos adecuado. Es decir, en una palabra, a veces la información es contraproducente.

    Como muy bien dices supongo que todo es muy complicado, legislar, hacer oídos sordos, informar bien, informar mal... se escapa ya a mi comprensión.

    bicos,
    Aldabra

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  3. A Aldabra: Das uno de los clavos más importantes al decir que, como ha ocurrido con el caso Telma Ortiz, todos lo focos iluminan un asunto puntual, exagerando todo, incluso los significados. Es una de las perversiones del entramado informativo.

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