09 junio 2008

Información: Conveniencias, connivencias, renuncias y comodidades

El descrédito del oficio de informar --fenómeno que a estas alturas ya debería ser de inexcusable interés en las facultades y en las redacciones-- es cíclico, va por épocas, en función de regímenes y de geografías, según los condicionantes socio-económicos y culturales de cada espacio.
Pero desde hace unos años el descrédito crece de forma constante, a fuerte ritmo y es singularmente duradero, pues se inició en la segunda mitad de los años noventa y las causas se han fortalecido en las empresas y también entre quienes trabajan la información.
No valen excusas:
El periodismo vive una paulatina
pérdida de vergüenza profesional,
un inusitado
ascenso del tomate 
y una exagerada
apuesta por el entretenimiento,
todo ello unido a la epidemia de
comodidad intelectual
que asuela Occidente; mal este que no es exclusivo de los periodistas. 
Es evidente el pernicioso efecto causado por la entrada en el capital de numerosos medios de inversores que son ajenos al sector de la comunicación, la mayoría de los cuales no persiguen tanto hacer negocio como utilizar los medios en beneficio propio, barriendo a favor de los gobiernos y de los grupos que poseen poder económico o quieren incrementarlo, sin olvidar la influencia política de los presupuestos públicos (publicidad institucional y subvenciones), dinero político que para colmo están cada vez más supeditado a conveniencias privadas.
El panorama es preocupante y por mucho que algunos lo nieguen ese conjunto de circunstancias también están en el origen de las dificultades económicas que acusan los medios, sobre todo la prensa, cuyas ventas, publicidad y audiencias deben hacer frente también a la caída de la publicidad privada y al inevitable auge de internet.
Con todo, en las informaciones cojas o sesgadas lo más preocupante no es el ademán manipulador que en ocasiones rige en las grandes agencias y medios de información, ni tampoco los artículos de los analistas convencionales que escriben al dictado o al tuntún; lo más preocupante es la actitud de los responsables de redacción y de la creciente desidia de no pocos periodistas, que en demasiadas ocasiones incurren en:
1. Dar por ciertas las versiones oficiales sin comprobar ni contrastar nada;
2. Otorgar relevancia exagerada a las declaraciones de los políticos, incluso cuando dicen tonterías y mienten; 
3. Ceder la labor de acercarse a la verdad a entidades privadas, al primero que pasa por la calle o a fuentes teóricamente independientes (¿?) cuya visión de la realidad es parcial, interesada, errónea o superficial.
4. No contextualizar los hechos ni atender a los antecedentes (la Historia).
..
ENLACES a textos de ImP referidos a las falacias e interpretaciones interesadas que han sido difundidas estos días en distintos medios con motivo de los sucesos del Tíbet:   
"Culebrón sobre el Tíbet en plena Semana ¿Santa?" y  
"Tíbet, el triunfo mediático de las medias verdades".
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1 comentario:

  1. Coincido en que la prensa escrita está pagando un alto precio por haberse acercado demasiado al calor de los poderes políticos y económicos, alejándose con frialdad del ciudadano de a pie que encuentra aproximación a Internet.

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