Los datos destruyen percepciones y creencias: Durante el último decenio han perdido la vida en calles y carreteras 18.000 menores de 21 años. Se trata de la principal causa de mortalidad en ese segmento de población, así lo ha subrayado Luís Montoro, catedrático de Seguridad Vial (Universidad de Valencia) y presidente de la recientemente constituida Fundación Española para la Seguridad Vial.
Las cifras absolutas son espeluznantes, durante ese mismo periodo los fallecidos en la red viaria suman casi 53.000, y el de heridos alcanza el millón y medio. Cabe concluir, a título orientativo, que entre el 10 y el 15 por ciento de españoles han sufrido esa pandemia.
Más datos: Ese rosario de desgracias tiene un coste anual de 16.000 millones de euros, cifra que no incluye costes paralelos de orden psicológico, social y también económico (menores que se quedan huérfanos; adultos que pierden a su pareja; personas mayores que se quedan sin amparo; desórdenes psicológicos sobrevenidos; empresas que pierden un trabajador experimentado o que lo tienen de baja durante equis días, semanas o meses, etcétera y etcétera).
El algodón del fatalismo
El de la seguridad vial es un mundo que pese a sus probados efectos humanos, sociales y económicos es tratado con asombrosa ligereza por parte de los propios ciudadanos, haciéndose patente ese fatalismo todavía tan arraigado y que pone en boca de demasiada gente expresiones tan absurdas como "¿qué le vamos a hacer?, al fin y al cabo fue accidente"; "¡pobre chaval!, todos hemos sido jóvenes", "lo hizo sin querer", o "un despiste lo tiene cualquiera"…
Esta comprobado que la inmensa mayoría de accidentes no son fortuitos, ni fruto de falllos mecánicos, ni debidos al mal estado del vial, ni a causa de las condiciones meteorológicas. Ocurre, eso sí, que lloviendo a cántaros o con hielo en el piso quienes habitualmente circulan a 90 por hora quieren seguir haciéndolo en condiciones adversas; o el empeño de avanzar a la misma velocidad en una recta bien asfaltada que en una vía sinuosa con firme irregular.
Adaptar la marcha a las condiciones de la vía sigue siendo una asignatura de primaria que miles y miles de conductores suspenden.
La culpa casi siempre es de otros...
Para digerir tanta sangre sobran simplezas, como la de descargar toda la responsabilidad en la Administración por no hacer autovías entre pueblos de 2.000 habitantes…
En A Coruña, por poner un ejemplo, hay quienes han llegado a calificar de punto negro la avenida Alfonso Molina, la principal vía de entrada y salida de la ciudad, que posee cuatro carriles en cada sentido, es prácticamente recta y tiene la velocidad limitada a 80 kilómetros por hora. ¡Hay atascos!, sí, los hay; pero decir o insinuar que es un punto negro equivale a dar por cierto que acusa condiciones objetivamente propicias para sufrir un accidente. Lo cual, es radicalmente falso.
En asuntos de circulación rodada y accidentes queda reflejada con toda su intensidad la irresponsabilidad de un elevado porcentaje de la población. Pero lo fácil es descargar en los políticos, en los ingenieros, en la Guardia Civil de Tráfico, en los agentes municipales, en quien sea con tal de no reconocer que la tasa de conductores sinvergüenzas o que incumplen las normas de tráfico sigue siendo elevada. Ha disminuido un poco, pero sigue siendo elevada.
[ENLACE de interés: STOP ACCIDENTES]

1 comentarios:
Félix: hai tempo que lle estou dando voltas ós datos que sempre nos ofrecen sobre os accidentes de tráfico. Non me parece ben que se presumea de que cada vez hai menos mortos nos accidentes, porque as estadísticas non sempre, por desgracia, van a ser boas. Pero o que máis me preocupa é que sempre falan de número de mortos e non do número de accidentes. Isto é importante porque puido haber máis accidentes pero menos mortos...
Un saúdo, amigo
Carpe Diem
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