16 noviembre 2008

El G-20 logra sus dos objetivos: Simular que pacta reformas e ilusionar

Tal como era de esperar, el G-20 sólo ha sido el aperitivo. Nada más. Las palabras refundación del capitalismo eran sólo palabras, útiles para alimentar mixtificaciones y titular primeras planas de periódicos y portadas de radio y TV.
Los resultados de la cumbre organizada por la Casa Blanca han quedado plasmados en una declaración cuya lectura es aconsejable pese a que el contenido es poco más que un listado de intenciones, amén del anuncio de una serie de reuniones, la convocatoria de otra cumbre del G-20 para el próximo mes de abril para, entre otras cosas y según dicen, adecuar el FMI a las necesidades actuales.
No obstante, es obligado destacar que los reunidos han coincidido en que sean las instituciones públicas de cada país las que aporten el dinero necesario para frenar el deterioro de la economía real, sea en especie o por la vía fiscal. Es decir, los exagerados y destructivos beneficios privados habidos durante los últimos veinte años son intocables, tal como era de esperar.
Prueba de ese lavado de manos globalizado es que el documento final apenas dedica unas referencias menores a las causas y a los causantes de la crisis. Es más, leyendo el documento uno tiene la sensación de que todo cuanto ocurre es fruto de una fuerza invisible, acaso de la providencia, o de un fenómeno de la naturaleza humanamente inevitable.
En el debe del documento final --aparte de que no prevé cambiar nada esencial del sistema-- cabe destacar que omite tres retos que numerosos economistas consideran sustanciales para perfeccionar --¡ya nadie habla de cambiar nada!-- el modelo de producción y financiero de las últimas dos décadas:
1 Corregir perversiones de la globalización, entre cuyos efectos más perniciosos descolla la irracional competencia entre trabajadores (y entre países), con las consiguientes deslocalizaciones, inversiones tácticas de carácter exclusivamente especulativo, abaratamiento de los costes laborales, pérdida de capacidad adquisitiva (caída del consumo), etcétera;
2 Poner coto al aumento de la rentabilidad del capital, que, entre otros motivos de menor calado, ha sido posible gracias a la desregulación de las finanzas, al abaratamiento del trabajo (una de cuyas manifestaciones más sangrantes es el desestabilizador incremento de la precariedad), y el encarecimiento de las materias primas por parte de los intermediarios (sin beneficio para los productores); y
Controlar y regular el uso del dinero apalancado (incluido el depositado en paraísos fiscales), cuyo volumen es materialmente incalculable; con el fin de evitar excesos de liquidez como los que han generado las subprime estadounidenses o burbujas inmobiliarias como la española.
Estos tres aspectos sólo son mencionados ímplicita y tangencialmente.
En todo caso, la cumbre del G-20 --en cuyo desarrollo ha influido sobremanera Barack Obama, pese a que no asistió-- sólo ha sido el pistoletazo de salida para acometer reformas imprescindibles para mantener vivo el sistema. Nada más.
..
La debilidad de la sociedad civil
Las movilizaciones anti-sistema convocadas ayer en numerosas ciudades españolas bajo el lema La crisis que la paguen ellos han constatado, una vez más, la extraordinaria debilidad de la sociedad civil y de sus organizaciones; empezando por los sindicatos, cuya actitud ha sido objetivamente inexplicable --salvo excepciones.
En ninguna de las convocatorias se superó la cifra de 5.000 asistentes, dando por buenas las informaciones de los propios organizadores; es más, en la mayoría de las localidades apenas se reunieron unas decenas de personas.

3 comentarios:

  1. Después de ver el vídeo de Paul Grignon "Money as debt", me puse a indagar un poco sobre el asunto del sistema monetario fraccional.

    ¡Y es cierto! Los bancos prestan un dinero que no tienen. Con nuestro compromiso de devolverlo, se genera un dinero que antes no existía.

    Esto es: los bancos crean dinero de la nada.

    Si cada vez hay más dinero, pero la riqueza permanecen sensiblemente constante (no hay más petróleo -sino menos-, no hay más oro, no hay más tierras cultivables en el mundo...)...el dinero vale mierda! Todo este tinglado financiero tiene sus cimientos sobre humo.

    Las consecuencias de esto son gravísimas, y parte las estamos pagando ahora mismo: al inyectar los bancos más y más dinero en el sistema, el sistema se sobrecalienta. Es como un motor que va a un ritmo frenético y tiene que aún seguir acelerando, más y más. Mantener el régimen significa el desastre.

    El problema no es que no haya dinero, sino al revés: que existe mucho dinero, demasiado dinero, que hay gente que no sabe ya dónde demonios meterlo. Y así, cuando esta gente a la que le sobra el dinero fija su vista en un sector, dispara el precio de ese bien. Primero fue el ladrillo, luego el petróleo...necesitan ganar cada vez más dinero, porque dejar de ganar significa perder.

    Y no se puede tender al infinito en un planeta que es limitado.

    Perdón por el rollo, pero quería dejar claro que no es que el sistema necesite de unos ajustes. Es que el propio sistema es absurdo, carece de sentido. Sólo que mientras que el mundo no se entere, hay gente que se están comprando medio mundo.

    Decía el National Geographic del mes pasado (lo cito por no tratarse precisamente de una publicación de radicales antisistema) que el patrimonio personal estimado de las dos personas más ricas del mundo, es superior al PIB conjunto de los 45 países más pobres.

    Y es que ése es el fin último del sistema capitalista: la concentración de capital.

    Es como una tragaperras: unas veces ganamos, otras perdemos. Pero cuanto más juguemos a ese juego trucado, más dinero perdemos. Si repetimos el juego infinitas veces, al final todo el planeta con todas sus riquezas acabarán en la cubeta de la máquina tragaperras.

    Si analizamos este sistema, es evidente que llegará un momento en el que TODO pertenecerá a una sola persona, y el resto del mundo no sólo no tendremos NADA, sino que estaremos infinitamente endeudados.

    ¿No os lo creéis? Coged gráficas, interpolad las curvas, extraed por aproximación la función polinómica que las simula y hacedla tender al infinito.

    Es evidente: los que más tienen, cada vez tienen más. No es casualidad, es que la tragaperras está concebida para eso, para desplumar pardillos, haciéndoles creer que a veces también ganan (memoria selectiva).

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  2. Precisamente porque reconoces hasta los propios fracasos (no quiere ello decir que la convocatoria anticrisis fuera tuya, sino que la hacíamos nuestra), eres grande. Enhorabuena. Ojalá la profesión periodística se inunde de "Félix Sorias"

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  3. Juan, "amigo 2.0":
    Hay que seguir viviendo.
    Pero, ¿acaso se puede vivir sin pensar ni sentir?
    ¡No!
    Pues hay que seguir.

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