24 noviembre 2008

El presidente del poder legislativo español orilla la Constitución

La sentencia del Juzgado de lo Contencioso-administrativo número 2 de Valladolid ordenando la retirada de los símbolos religiosos de los espacios comunes de un colegio público, sea cual sea la religión afectada por el dictamen, ha revelado la escasa profundidad de la democracia en el Estado español. Y el mejor representante de la indolencia intelectual, de la retórica huera y de la incoherencia ideológica ha sido, una vez más, el político llamado José Bono, actual presidente del Congreso de los Diputados.
Las manifestaciones que con relación al mismo asunto han realizado los portavoces de la sección española del Vaticano, o las superficialidades a las que han recurrido los portavoces del PP --cautivo de sus herencias-- no son noticiables. La curia católica y el PP han dicho lo que cabía esperar.
Sin embargo, las tonterías jurídico-políticas que ha dicho el político José Bono, que preside el poder legislativo del Estado, son singularmente graves y cuestionan la credibilidad de quienes amparándose en siglas y cargos institucionales se llenan la boca hablando de respeto a la ley y a la Constitución.
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José Bono, número 3 del Estado
¡de Derecho!, supedita la
Constitución a las creencias
de índole personal
Malicia política inconmensurable
Bono ha recurrido a la retórica para decir simplezas como esta: La sociedad española "es suficientemente permisiva y alejada de cualquier planteamiento fanático" como para admitir que en ella "caben bien y en términos de cordialidad quienes tenemos fe y quienes no la tienen, quienes le rezan a Cristo, quienes le rezan a Alá y quienes no le rezan a nadie".
La trampa política de Bono es asquerosa. Alude a la permisividad para emponzoñar la racionalidad, y para rematar menciona el fanatismo para ocultar que él, ¡que es el presidente del poder legislativo!, supedita el respeto a la Constitución a sentimientos y actitudes de índole privada.
¿Bono se equivoca? No, Bono no se equivoca, ni comete errores. Bono recurre ex profeso a la falacia y remueve la víscera de quienes escuchan para, por la vía de la sonrisa retórica, calificar de admisible una interpretación personal e interesada de la carta magna.
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Parloteo propio de un agente comercial
Rizando el rizo y sin que venga a cuento de nada, el presidente del Congreso dice que "es perfectamente compatible un modo de votar con un modo de creer". En realidad, esas palabras nada dicen porque nadie ha cuestionado lo evidente, creer y votar son verbos ajenos entre sí y que nada tienen que ver con lo esencial del asunto.
Y con cara de no haber roto un plato, Bono ha añadido: "Hay suficiente experiencia democrática y suficiente sentido común como para no darnos golpes a costa de la religión". Luego, ¡apartemos la religión de la vida pública!
Pero él, político manipulador donde los haya, se niega a entrar en lo esencial: ¿Cuál sería la reacción de los católicos si a costa del erario público y en los colegios públicos y concertados a los que acuden sus hijos se colocaran imágenes de Lutero, sentencias de los llamados Santos de los Últimos Días, citas de la singular Biblia que promueven los mormones, o dogmas del Corán?
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El PSOE es responsable político de la enredadera Bono
Políticos como Bono son los que objetivamente más ayudan a que el analfabetismo político campe por doquier. Bono se burla del Estado de Derecho al negar --por pasiva-- que la base de la convivencia es la ley, no la moral ni la religión.
Apelar a la buena voluntad para que la convivencia sea posible equivale a dejar la convivencia en manos de decisiones personales, no de la ley.
El PSOE, más concretamente Rodríguez Zapatero y sus asesores, prescindieron de todo principio ideológico de la socialdemocracia cuando decidieron contentar el ego de Bono, al otorgarle graciosamente la presidencia del poder legislativo. El PSOE es el responsable político de que el número 3 del Estado justifique lecturas ideológicas de la Constitución.
No valen engaños ni medias tintas: Sin respetar la ley, no hay convivencia posible. Si se permiten los crucifijos, se deben permitir ¡todos! los símbolos religiosos, sin excepción.
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¿Se puede reinterpretar la Constitución?
Para colmo de insensateces y para minimizar deslices, otorgan a los consejos escolares prerrogativas legales que permiten burlar la Constitución... Lo siguiente será razonar que las comunidades de vecinos de un edificio puede hacer reinterpretaciones de la ley para evitar el desahucio de un moroso, que las comunidades de montes en mano común pueden privatizar los bosques a su libre albedrío, o que el consejo de administración de una sociedad anónima puede reinterpretar la legislación laboral.
Es curiosa --por no decir otra cosa-- tanta discrecionalidad si se tiene en cuenta, por ejemplo, que al poder legislativo de la comunidad autónoma vasca le han prohibido organizar una consulta ¡no vinculante!
No hay atajos: O todos acatamos las leyes, o todos tenemos derecho a reinterpretarla y, por tanto, romper la baraja.
ENLACE de interés: EUROPA LAICA.

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