06 febrero 2009

El titular "huelga xenófoba" resume tanto que engaña

La huelga impulsada por trabajadores de la refinería de Lindsey (Gran Bretaña) alegando, entre otros muchos motivos, que la ciudadanía británica les debería otorgar preferencia frente a los extranjeros para ser contratados en territorio del Reino Unido obedece a la decisión de la dirección de la empresa de importar mano de obra.
El hecho ha sido presentado por la mayoría de los medios de información del resto de Europa --incluida la práctica totalidad de los españoles-- como una movilización xenófoba, fascista, racista o ultranacionalista; adjetivos estos que han sido utilizados sin apenas matices, sin ofrecer datos que son fundamentales para conocer con mínimo rigor lo acaecido.
Ciertamente, entre los huelguistas hay quienes han defendido tesis xenófobas; de hecho, entre los animadores del conflcto hay entre tres y una decena --según las fuentes-- de cuadros del Partido Nacional Británico (PNB). Pero el detonante de la protesta no ha sido el PNB.
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EE UU-Italia-Gran Bretaña
Resumiendo: los gestores de la refinería británica han contratado a la empresa Irem, que tiene sede en Ravena (Italia) y cuya plantilla está formada por italianos y portugueses (ciudadanos comunitarios), que son quienes en principio cubrirían todos los puestos de trabajo en litigio.
[Finalmente, se ha alcanzado un acuerdo intermedio]
La decisión inicial de los propietarios de la refinería (controlada por una trasnacional norteamericana) es radicalmente economicista... ¡Pero legal! La plantilla que pretendía enviar Irem es más barata que contratar asalariados ingleses.
El episodio reabre el debate sobre el ordenamiento laboral aplicable en la Unión Europea (UE) en asuntos trasfronterizos; textos legales manifiestamente escasos y que favorecen la quiebra de derechos laborales, incluidos los salariales.
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Un ardid del que no está a salvo ningún país de la UE
En estos casos es didáctico recurrir a un supuesto más cercano y comprensible: Imaginemos que la factoría Citroën de Vigo contrata a una empresa lusa que aporta trabajadores portugueses ¡mas baratos! para una cadena de montaje viguesa. ¿Cabría calificar de racistas, sin paliativos, a los trabajadores de Vigo que se movilizaran contra esa importación de mano de obra barata con la consiguiente pérdida de parte de sus empleos?
Se trata, pues, de otra de esas ocasiones en las que los medios --y los periodistas que han elaborado los textos-- apenas se han preocupado de conocer los hechos. El episodio británico, aún existiendo elementos y agitadores xenófobos, merecía tratamiento informativo más riguroso, no sólo por vergüenza periodística sino también por razones laborales y humanas.
DE INTERÉS:
"Conclusiones provisionales sobre la huelga xenófoba", por José Luis López Bulla, sindicalista barcelonés y militante histórico de CC OO, que ha recabado datos sobre el caso y ofrece una visión y análisis más pormenorizados de lo sucedido.
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ACTUALIZACIÓN (24 horas después):
Mientras la Unión Europea no regule con rigor la movilidad de los asalariados en la geografía comunitaria el problema persistirá. El caso de la refinería de Lindsey no es excepcional, ni mucho menos: Los trabajadores españoles de Duro Felguera que laboran en la contrata de esa empresa en Staythorpe (Gran Bretaña) viven un problema similar.
¡La UE proclamó el principio de libre circulación de trabajadores en beneficio de las empresas!, pues la parca legislación aplicable y las sentencias del Tribunal de las Comunidades fomentan una salvaje competencia salarial; es decir, hay libre movilidad pero los salarios son notablemente distintos y tiene carácter transfronterizo, ¡ahí radica el origen del contencioso!
En ocasiones, las diferencias salariales son superiores al 100%. Por ejemplo: El asalariado de una empresa eslovena que trabaja en Alemania cobra en torno a 700 euros mensuales netos, ¡900 menos que si la empresa eslovena se ve obligada por ley a pagar salarios germanos en sus centros de trabajo en Alemania!
No se trata de que las leyes restrinjan la libre circulación de trabajadores, sino de que los asalariados que laboran en un centro de trabajo británico, alemán o español cobren lo que establecen las normas y leyes del país, con independencia de que los empleados tengan pasaporte de uno u otro Estado.
Es muy bonito proclamar la libre movilidad de los trabajadores; pero hacerlo en condiciones cuyo objetivo fundamental es abaratar los costes laborales es una ignominia.

2 comentarios:

  1. Lo único libre en esta sociedad de porquería que supimos conseguir es el dinero. Y desde que la "izquierda" es tan liberal como la derecha ni te digo.
    La brecha entre gobierno y pueblo es tan enorme, las ideologías que teóricamente relacionan a los gobernantes con los electores/gobernados están tan disueltas, que lo único que mantiene pegado este sistema es la tv.

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  2. Pereyra, el dterioro de la izquierda que citas es fundamental para entender la desmovilización y la idiotización sociales.
    Acertado que menciones la TV, lo peor de las programaciones -aparte de los espacios vomitivos- incluyen informativos que semejan magazines (mucho deporte, gastronomia, cine, curiosidades y ocuirrencias).
    Saludos.

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