11 mayo 2009

Cada vez más curas reclaman su condición humana y sus derechos

El obispo católico argentino Joaquín Piña ha declarado que «hay que aceptar que somos humanos y que podemos fallar al celibato, que no es un mandato divino sino una imposición de la Iglesia».
De hecho, tal como ha recordado el también sacerdote católico Luis Farinello, «Jesús no mencionó el celibato y entre los apóstoles había solteros y casados». Farinello es uno más de los curas argentinos que abogan por el fin del celibato obligatorio.
El debate en el seno de la organización vaticana se ha reabierto con especial intensidad debido al caso del ex obispo Fernando Lugo, hoy presidente democrático del Paraguay, que mantuvo relaciones sexuales siendo todavía miembro de la curia y tiene un hijo.
Cálculos de organizaciones católicas no fundamentalistas, cifran en 150.000 los seminaristas y sacerdotes americanos y europeos que han abandonado la disciplina del Vaticano durante los últimos veinte años debido a que las normas y la jerarquía católicas conculcan derechos individuales.
¿Es legalmente justificable que la una entidad privada, en este caso la Iglesia Católica, prohíba a sus miembros derechos humanos fundamentales?, ¿es justificable que una organización privada prohíba el sexo a sus miembros o socios?
De momento, el gobierno del Estado del Vaticano no sólo impide abrir un debate democrático al respecto, sino que además impone sus leyes de forma extraterritorial.
Además de que el asunto debería ser abordado porque afecta a los derechos de personas que no son ciudadanos del Vaticano, el fin del celibato incluso plantea cuestiones económicas, pues en numerosos países, especialmente en España, las actividades de la organización católica son costeadas con fondos públicos, lo que permite a sus miembros no realizar trabajos productivos ni contribuir en cuantía normal y regular a la Hacienda pública, ni a la caja común de la seguridad social. Más claro: Si los curas contraen matrimonio, ¿cómo mantendrán a sus familias?
El asunto, al margen de las justificaciones que aduce El Vaticano, tiene enjundia y por razones económicas y jurídicas el conjunto de la sociedad tiene derecho a opinar y pronunciarse, incluidos los poderes públicos, pues no es El Vaticano quien mantiene económicamente viva a la Iglesia española sino el conjunto de los contribuyentes.
CON ANTERIORIDAD, en ImP:
DE POSTRE, la ePágina de un grupo de cristianos avergonzados de los lujos materiales de la Iglesia Católica, en Freie Christien (enlace a la versión en castellano).

2 comentarios:

  1. Si mal no recuerdo, las bases que sentaron al celibato como condición inexorable para ser sacerdote católico surgieron de motivos políticos y religiosos y fueron impulsadas por Carlomagno.

    Extraigo estos párrafos de Wikipedia: "Fuera de los monasterios el celibato religioso tuvo su origen en el siglo IX con el reinado de Carlomagno. En principio fue una cuestión práctica y para impedir que los bienes y propiedades de los miembros eclesiásticos tuvieran ningún tipo de heredero por vía directa, es decir, los hijos y para evitar la partición de los territorios guardados por la Iglesia de Occidente. Carlomagno consiguió que la Iglesia se decantara por el celibato de todos sus miembros, desde el Papa hasta el último religioso del escalafón".

    Por mi parte, me llama poderosamente la atención que se pueda modificar el Padrenuestro (inspirado y legado por Jesucristo según el Nuevo Testamento), que puedan actualizarse los Pecados Capitales (a los que supondremos inspirados por Dios en su origen) y que, sin embargo, no pueda modificarse una regla impuesta por un emperador y por causas que podemos considerar de todo menos santas.

    Un abrazo.

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  2. A mí, que los sacerdotes puedan o no casarse me da igual. Creo que la Iglesia debería escuchar a sus ministros y atender sus peticiones
    PERO resulta que ellos, libre y voluntariamente escogen esa vocación como forma de vida tras varios años de preparación y esa no es una condición que aparezca en letra pequeña. Deberían pensarlo bien antes de asumir ese compromiso o salirse de su ministerio si son incapaces de aceptarlo y llevar una vida "laica".
    Hay muchos diáconos (que sí, que no es lo mismo) que compaginan sus vocaciones religiosas y familiares. Tal vez si se viera una deserción masiva de sacerdotes que quieren casarse la Iglesia se lo pensaría mejor...

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