Satanizar, endiosar y creer es más cómodo y rentable que analizar, contextualizar y dudar

viernes, 13 de noviembre de 2009

La esquizofrenia política del PSOE ante la Iglesia Católica

El diputado y portavoz del PSOE en la comisión de Fomento del Congreso, Rafael Simancas, ha publicado en su bitácora un post titulado "A mí que me excomulguen" en el que se ofrece a ser expulsado de la Iglesia Católica, tal como ha anunciado la Conferencia Episcopal de la sección española del Vaticano que hará con todos los católicos que apoyen la reforma de la ley que regula la interrupción voluntaria del embarazo.
Simancas califica el pronunciamiento católico de "presión burda" de la jerarquía eclesiástica y añade que esa actitud religiosa causa "vergüenza ajena" a la par que "rechufla carcajeante". El texto alterna la crítica con la burla más o menos elegante, deja claro que considera a la Iglesia Católica un muro que entorpece el fluir de la historia y del conocimiento y, para redondear, Simancas remata el post con esta frase: "Lo que más me duele es que a estos nuevos inquisidores los mantenemos con nuestros impuestos".
Vaya por delante que pese al rechazo que merecen los pastores de almas cuando utilizan sus creencias y su poder social para condicionar o boicotear las leyes y las normas civiles que hacen posible la convivencia, en mi opinión la Iglesia Católica o cualquier otra organización privada es muy libre de instar a sus seguidores, socios, fieles o abonados a respetar sus principios o reglamentos internos. Es lógico y radicalmente respetable que una entidad privada --sea religiosa, deportiva, cultural-- recrimine su comportamiento a los miembros o socios que se burlen de la organziación a la que pertenecen y la perjudiquen; de modo que entra dentro de lo previsible que el socio o miembro díscolo sea expulsado.
¿Ceguera, simplismo, cinismo?... De todo un poco
Lo que carece del buen gobierno de la inteligencia es que el Estado condicione la aplicación de las leyes a lo que diga esa entidad privada. Y el colmo del cinismo, de la ceguera o del simplismo es que Simancas se dé golpes de pecho porque los nuevos inquisidores gozan de prebedas que reciben gracias a él y a su partido.
Mucho se habla estos días del anuncio de la curia de excomulgar o expulsar de la disciplina vaticana a los católicos que contravengan las normas o la moral de esa organización. ¿Y qué?, ¿acaso los dirigentes de la Iglesia Católica deben plegar sus criterios y normas a lo que digan los miembros del PSOE, imitando a los gobernantes que renuncian a cumplir y a hacer cumplir la Constitución y varias leyes en beneficio de una organización religiosa?
Las organizaciones religiosas deberían prescindir de intervenir en política y merecen ser denostadas cada vez que lo hacen; pero las relaciones que mantengan con sus seguidores constituyen asunto exclusivo de ella y de ellos, salvo cuando contravengan o incumplan leyes civiles.
Que la curia exija a los católicos que no apoyen ni justifiquen el aborto es respetable, al margen de que los argumentos con los que intente influir en la sociedad sean crticables, retrógrados, falaces y/o execrables. Es más, que la curia excomulgue o expulse de su organziación a los católicos que incumplan sus preceptos es perfectamente comprensible... Otra cosa es que lo haga y que además lo haga público para predicar con el ejemplo, cosa que dudo.
[Por cierto, hay partidos que podría seguir el ejemplo y expulsar, por ejemplo, a los falsarios que habitan en su interior]
Coñas y pullas aparte --que conste que las lanzo sin ánimo de hacer sangre--, tras leer el post del diputado Simancas, no sé si la intención del autor es criticar a la Iglesia Católica o burlarse del PSOE y, por extensión, de sí mismo. Si fuera así, intuyo que lo ha hecho involuntariamente, por descontado.
ENLACE al post "A mí que me excomulguen", de Rafael Simancas.
UNA DEMOSTRACIÓN del escaso valor ético que tienen las resoluciones del Estado del Vaticano en materia de respeto a los derechos humanos, ver "Todos comulgaban...", una colección de fotos que no requiere comentarios (en la bitacora Disgresiones 3.0)
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ACTUALIZACIÓN (15 de noviembre): El ex secretario de organización del PSOE y actual ministro de Fomento, José Blanco, ha declarado que como católico admite que abortar es un pecado, pero añade que abortar no es delito. Esa declaración carece de interés político y social porque, de entrada, que Blanco sea católico es un asunto de índole personal que vaya usted a saber porqué él ventila públicamente... Y de salida, resulta chocante que un ministro comparezca en el ágora --los medios-- para recordar que la interrupción voluntaria del embarazo no es delito.
[Blanco ha olvidado matizar que no es delito siempre y cuando se realice de acuerdo con lo establecido por la ley]
Ese afán institucional de los socialdemócratas por distanciarse o diferenciarse de la Iglesia Católica es sorprendente pues otorga relevancia institucional al pronunciamiento de una entidad privada. ¿Por qué, para qué y a qué obedece esa actitud?
En asuntos de religión, el PSOE juega con dos barajas
El PSOE --o un sector de ese partido-- parece empeñado en contradecirse, pues por un lado critica el legítimo derecho de la Iglesia Católica a pronunciarse sobre el asunto y, por otro, financia sus actividades con dinero público e incluso costea el viaje del jefe del Estado del Vaticano...
Aparte de la singular situación histórica que se vive en el Reino de España, debido en gran medida a que la transición a la democracia y a un Estado de Derecho sigue incabada, en ocasiones como esta da la sensación de que incluso la izquierda arrastra un extraño sentido de culpabilidad a la hora de interpretar las acciones de la Iglesia Católica.
Para colmo, el Estado --que según la Constitución es democrático y de Derecho-- sigue prestando a la religión una atención similar a la que tiene en los regímenes islamistas. El Gobierno español está tan pendiente de los obispos como el de Irán de los ayatolás...
Que la Iglesia Católica opine lo que quiera e instruya a sus socios o seguidores como mejor crea conveniente, y dedíquense las instituciones del Estado a legislar, a hacer justicia y a gobernar sin supeditar su agenda a cuestiones privadas, ¡porque la religión es un asunto privado!
José Blanco muestra dos caras y actúa --al igual que Simancas-- cual propagandista del catolicismo y del Estado del Vaticano.

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