17 marzo 2010

El IVA, el populismo destructivo de Aguirre y el simplismo del PSOE

El llamamiento de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, a una rebelión popular y popular contra la subida del impuesto sobre el valor añadido (IVA) ha sido criticado por el PSOE alegando que tan aguerrida iniciativa equivale a una insumisión, a un ataque contra el orden... etcétera y etcétera.
Y replicando al PSOE, la lideresa del PP ha puntualizado que no aboga por la insumisión, pero que aspira a encabezar una revuelta ¿política? y ¡callejera!
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[En este punto conviene precisar que con el IVA general al 18 %, que entrará en vigor el próximo 1 de julio, el español seguirá siendo uno de los cuatro impuestos sobre el valor añadido más bajos de la Unión Europea. Con esta puntualización no pretendo justificar la subida, que no me parece acertada; pero sí considero que conviene dimensionar y evaluar la decisión de forma más objetiva, desde un punto de vista económico, presupuestario y, sobre todo, sin incurrir en el electoralismo]
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A lo que iba: Lo realmente criticable --y en gran medida incomprensible-- de la iniciativa de Aguirre es que sea precisamente la dirigente de un partido conservador que aspira a gobernar la autora de unos juicios de valor sobre la fiscalidad que contradicen radicalmente las tesis de los PP europeos y formaciones de similar ideología.
Los impuestos directos --los que prescinden del estatus social y económico de los ciudadanos que los abonan-- constituyen el eje de las políticas fiscales de la derecha, que siempre apuesta por ese tipo de cargas a la vez que reduce las que gravan los rendimientos de capital o los beneficios empresariales.
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Ni conservadores, ni socialdemócratas... ¿Qué son PP y PSOE?
En paralelo, las críticas del PSOE son, de entrada, ingenuas y sorprendentes; pues con ellas no sólo defiende criterios fiscales propios del conservadurismo --cosa que debería avergonzar a un partido que dice ser socialdemócrata--, sino que además desprecia una ocasión pintiparada para denunciar públicamente que el PP actúa cada vez con mayor frecuencia como un partido de la derecha extrema, lanzando arengas de contenido nihilista y recurriendo a iniciativas cuyo objetivo central es socavar la credibilidad de las instituciones, llegando incluso a desligitimar procedimientos democráticos y leyes por motivos exclusivamente tácticos, con las urnas entre ceja y ceja, en un insano afán por alcanzar el Poder a costa de lo que sea.
Y esta no es, ¡para nada!, la actitud de la derecha europea responsable nacida tras la segunda guerra mundial de la mano de personas con visión de Estado como Adenauer o De Gaulle, entre otros.
Esa actitud de Aguirre, que es absurda desde el punto de vista ideológico, es lo que debería resaltar y criticar un partido socialdemócrata.
Ocurre, y esto es probablemente lo más grave y descorazonador, que de un tiempo en la actividad política oficial de España abunda la basura ideológica.
El populismo del PP y el simplismo del PSOE están empobreciendo peligrosamente la sensatez política de millones de ciudadanos.
Las crisis de inteligencia contribuyen poderosamente a hundir un país.

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