Satanizar, endiosar y creer es más cómodo y rentable que analizar, contextualizar y dudar

lunes, 14 de junio de 2010

Interpretar los comicios belgas de forma sesgada es un "negocio" electoral

El líder de los nacionalistas flamencos, Bart de Wever, y Le Pen en una imagen tomada durante una conferencia trasnacional de católicos ultras que organizó el Vlaams Nationale Debatclub [ver nota], en 1996. Las relaciones de De Wever con ultras europeos son conocidas desde hace años, si bien ultimamente cuida con mimo sus apariciones y evita que se le relacione con políticos o formaciones como el Front National, liderada por el filofascista Jean Marie Le Pen 
Las recién celebradas elecciones legislativas belgas han demostrado blanco sobre negro las perversiones del poder económico y de la mayoría de los medios convencionales, pues la mayoría de ellos --por no decir todos-- coinciden en destacar que los comicios han sido ganados (¿?) por los independentistas flamencos.    
Esta aseveración es falsa.     
La alianza de nacionalistas flamencos que ahora lidera Bart de Wever ha obtenido 31 de los 150 escaños del Parlamento federal; es decir, uno de cada cinco. Y en Flandes, la nación neerlandófona del reino federal, esa coalición presuntamente segregacionista --¡no todos son independentistas!, pues se trata de una coalición similar a la catalana CiU-- ha obtenido uno de cada tres votos emitidos.    
Más claro: los nacionlistas flamencos, o neerlandófonos, no tienen mayoría --ni mucho menos-- en el ámbito federal ni tampoco en el nacional.    
Entonces, ¿por qué se le otorga tanta importancia al buen resultado obtenido por la variopinta alianza territorialista que lidera De Bewer?  
Por un motivo muy simple: Porque políticamente es lo más correcto y lo más instrumentalizable; ¡máxime en España!, donde la mayoría de los dirigentes vinculados al poder económico cultivan alguno de los nacionalismos peninsulares para relegar a segundo plano la economía y los asuntos que son esenciales en la vida cotidiana de los ciudadanos (en este empeño nacionalista destacan sobre todos los españolistas, que desde hace ya varios siglos constituyen el nacionalismo hispano que más daño ha hecho y hace a la convivencia social).
Lo más relevante de De Wever no es que sea nacionalista, sino que es un derechista que ha aprendido a disimular su esencia ultra-autoritaria.
Bélgica constituye una realidad mucho más compleja y en cierto modo es un laboratorio socio-político que no merece tratamiento informativo tan superficial.   
NOTA:
El Vlaams Nationale Debatclub --actualmente sin actividad-- fue creado en 1980 a iniciativa de cuadros del desaparecido Vlaams Block y de varios intelectuales flamencos de ideología nazi.  
El Vlaams Block, la mayoría de cuyos miembros se han integrado en el Vlaams Belang, era una formación nacionalista de corte ultraconservador que en los años noventa --cuando consiguió sus mayores éxitos electorales-- proponía expulsar a la mayoría de los extranjeros residentes en Bélgica, aunque a los procedentes de otros países de la Unión Europea se les permitiría afincarse en el país aplicando cupos (así, por ejemplo, entre la colectividad de españoles que entonces residíamos en Bruselas tenían previsto repartir, según su programa de gobierno, un máximo de 5.000 permisos de residencia…)   
El Debatclub se presentó en sociedad como una entidad apolítica --apoliticismo y extrema derecha van de la mano casi siempre-- y decían ser un círculo de reflexión nacionalista.
La entidad sólo invitaba a intelectuales, artistas, profesionales y líderes sociales o políticos de ideología conservadora, preferentemente a fascistas o parafascistas, casi todos ellos imbuidos, lógicamente, de un fuerte sentimiento nacionalista e incluso religioso (en su mayoría, católicos), así como a personas de ideologías similares de otros países europeos.

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