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| Imagen parcial de los daños causados en el centro escolar. Foto capturada en La voz de Galicia (pulsar sobre la imagen para ampliarla) |
Hay epiodios que son representativos de situaciones que tienen alcance general:
Dos chavales de 15 y 16 años, en compañía de otros dos de 18 y 19, roban un coche, ya de noche, con el que se desplazan a una piscina municipal, acceden a los vestuarios y causan graves daños materiales; luego se encaminan al colegio público del municipio, donde se apropian de varios ordenadores, destrozan el ala dedicada a infantil y provocan un incendio [ver foto], para finalmente plantar fuego al coche en las inmediaciones y desencadenar un incendio forestal --afortunadamente, las llamas no se expandieron.
Importante: No es la primera vez que esos mismos muchachos protagonizan hechos de similares características, aunque no de tan graves consecuencias.
Una vez identificados, los dos adultos han quedado en libertad provisional con cargos penales --nada que objetar-- y los que tienen 15 y 16 años, ambos alumnos de secundaria en el colegio semidestruido, están pendientes del expediente judicial abierto en calidad de menores.
Importante: No es la primera vez que esos mismos muchachos protagonizan hechos de similares características, aunque no de tan graves consecuencias.
Una vez identificados, los dos adultos han quedado en libertad provisional con cargos penales --nada que objetar-- y los que tienen 15 y 16 años, ambos alumnos de secundaria en el colegio semidestruido, están pendientes del expediente judicial abierto en calidad de menores.
Las autoridades escolares han pospuesto las acciones disciplinarias a la espera de que la Justicia adopte medidas provisionales o concluya el expediente; mientras tanto, los dos angelitos acuden al colegio como si nada hubiera ocurrido --con los consiguientes efectos que esta situación tiene en el resto del alumnado--, y el juez ha ordenado dejarlos ¡bajo la custodia de sus padres!...
En este caso, todavía es pronto para deteminar si la Justicia es ágil o acusa retrasos injustificables; pero, de entrada, resulta chocante lo de confiar la custodia a los padres.
En otros países tanto o más democraticos y respetuosos de los derechos civiles que España, ambos chavales estarían en un centro de acogida, para un mejor control y como medida cautelar, a la espera de la decisión judicial definitiva. Y respecto de los padres, en un país con un poder legislativo sensato que de verdad quisiera poner coto a tanto desmán gratuito y corregir ciertas derivas, los progenitores de esos dos angelitos acabarían siendo obligados --sin excusa ninguna-- a pagar la reparación de los daños causados y la reposición de los materiales destruidos o robados.
En otros países tanto o más democraticos y respetuosos de los derechos civiles que España, ambos chavales estarían en un centro de acogida, para un mejor control y como medida cautelar, a la espera de la decisión judicial definitiva. Y respecto de los padres, en un país con un poder legislativo sensato que de verdad quisiera poner coto a tanto desmán gratuito y corregir ciertas derivas, los progenitores de esos dos angelitos acabarían siendo obligados --sin excusa ninguna-- a pagar la reparación de los daños causados y la reposición de los materiales destruidos o robados.
Episodios como este son demasiado frecuentes desde hace años y la sociedad, las autoridades administrativas, la Justicia y el poder legislativo siguen sin actuar con la diligencia y el rigor que estos asuntos requieren.
Los adolescentes y los jóvenes comenten errores, pero no se pierden sin retorno por un impulso natural irrefrenable e incorregible.
Hay quienes demandan acciones y castigos extremos y otros ponen paños calientes. Sin embargo, ¡hay criterios y medidas intermedias!, empezando por obligar a los padres a que ejerzan de tales... ¿Cómo?, por ejemplo: haciéndoles corresponsables civiles de los desmanes que perpetran sus hijos, pues en la inmensa mayoría de las ocasiones la carencia de civismo de los menores es fruto de que los progenitores se han despreocupado de su educación, consintiéndoles desde temprana edad lo que les venga en gana --y lo que es peor, habitualmente ese tipo de padres se han desentendido de sus obligaciones por simple y pura comodidad.
Lo que carece de explicación es cerrar los ojos y dejar que la bola de nieve siga aumentando de tamaño.
DETALLES del suceso, en La voz de Galicia.

Sin restarle importancia todo lo demás, me quedo con lo de "sociedad ciega", una ceguera que va tomando visos de irreversible.
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