12 septiembre 2010

¿Por qué están empeñados en que el sexo siga siendo un problema?

En España, el sexo sigue siendo un problemón para numerosos católicos... ¡y no católicos!
Conste que este post no se refiere a los miles de casos de pederastia protagonizados por sacerdotes de esa fe [por cierto, sería conveniente y empieza a ser urgente que también trasciendan los abusos de los ministros de otras entidades religiosas, cuyas actitudes y acciones son tanto o más hipócritas que las de la organización católica].
Vayamos al grano:
El sexo sigue siendo un problemón y un inquietante "arcano" para la inmensa mayoría de los dirigentes económicos, sociales, políticos y religiosos; desde los ideológicamente ultraconservadores [entre los que destacan los fundamentalistas católicos y musulmanes] hasta los izquierdistas, pues entre estos abundan quienes vinculan la violencia doméstica y el sexo porque, según argumentan, la violencia machista es superable y la emancipación de la mujer posible aplicando leyes y normas administrativas, prescindiendo de la buena opinión social de la que todavía gozan la virilidad de unos y el hembrismo de las mujeras.
El sexo es un problema singularmente grave en los países de tradición musulmana, cuyos líderes religiosos y la mayoría de los fieles consideran que las hembras son poco más que vaginas para disfrutar y vientres para procrear --algo similar estima el Vaticano, pero sin lapidaciones.
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Foto capturada en 2013 en el blog Virado en sepia,
cuyo autor acompaña la imagen con un acertado texto.
Sólo cabe añadir que ante esta escena las personas
"correctas" acostumbran a concluir que ellos
son unos machistas degenerados y ella, una pobre
chica desinhibida que sonríe para no llorar,
o que hace ver que se divierte para no ser
catalogada de mojigata...
La hipocresía es de ámbito mundial
También están satanizando el sexo en Oriente, donde la tradición y tolerancia indias que refleja el Kamasutra son agua pasada y las lujurias de Kurosawa y creaciones similares constituyen excepciones.
En la pujante China también empiezan a imponerse prevenciones erótico-económicas similares a las que condicionan el disfrute del sexo en Occidente, incluso en las relaciones de pareja, de modo que en el vasto territorio que alberga un país, dos economías el sexo también acusa recortes.
Describir el estadio en el que está el desarrollo de la sexualidad en Japón exige recordar que las geishas siguen siendo muy bien valoradas y respetadas por la inmensa mayoría de la población, lo que refleja que el ideal de mujer en esa sociedad exige que ellas sean sexualmente serviciales, lo que ayuda a explicar que las japonesas superen con holgura en materia de sumisión a las europeas y norteamericanas [otra cosa es cómo y por qué se sienten personalmente más o menos felices unas y otras].
Así, gracias a los machos que lo arreglan casi todo por la vía del dominio [la violencia sólo es una más de las armas, ni siquiera la más utilizada] y gracias a las mujeres que van de hembras por la vida [las "armas de mujer" no son criticadas, sino aplaudidas] el sexo sigue siendo un problemón pese a los avances sociales, culturales y científico-técnológicos habidos durante las últimas décadas.
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El asexuado sexo políticamente correcto
En un escenario en el que la moral de las iglesias y el oportunismo político satanizan la atracción física y las prácticas sexuales no convencionales son consideradas cochinadas, son sobrevaloradas las conveniencias sociales, las cuestiones económicas y las "verdades" religiosas en detrimento del placer, que al fin y al cabo es fundamental en el sexo.
A los intelectuales "de orden" rara vez se les ocurre --¡mucho menos a los políticos!-- reconocer que los límites para procurar el placer en la vida sexual constituyen una cuestión privada y exclusiva de la pareja. A fin de evitar ese y otros aspectos los "correctos" centran la atención en el equilibrio emocional (¿?), el momento vital (¿?), el entorno social, el mobiliario... todo vale con tal de no hablar de sexo y sólo de sexo.
Entre los intelectuales y expertos que ejercen de tales en los medios y escriben libros sobre la materia apenas existe interés por las mil y un prácticas amatorias, ni por el papel erótico de los afectos (amar es un verbo que tiene muchas declinaciones):  hablan y escriben de sexo sin referirse al sexo, de modo que acaban prescindiendo del deseo, de los cuerpos y de que el objetivo de disfrutar de ellos es tan legítimo como el de procrear.
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El miedo al sexo refleja la negativa a reconocer que el hombre es otra especie
De muestra, dos botones de miedo al sexo:
* En el culto y desarrollado Occidente hay mucho más interés social y se desarrollan más campañas contra la pornografía y contra la prostitución que contra la exótica ablación, los cilicios y otras perversiones inhumanas.
* El "buen" padre y la "buena" madre se escandalizan más cuando un hijo/a adolescente se interesa por el sexo que cuando ejerce su derecho a ir de botellón todos los viernes y sábados.
La práctica del sexo y el sentido que se le da constituyen un excelente barómetro para mensurar los avances ecológicos y éticos de los humanos, que son ridículos en comparación con los habidos en otros campos.
Volvamos al principio: ¿por qué están empeñados en que el sexo siga siendo un problemón?
Resumiendo mucho, pues esto es una bitácora, no un libro: Porque a quienes necesitan tener todo encasillado para dominar, nada les inquieta más que quienes ejercen de homo sapiens, así de simple [he subrayado sapiens porque la gente "de orden" acostumbre a salir del callejón diciendo que atender los apetitos naturales es propio de animales irracionales y humanos embrutecidos].

2 comentarios:

  1. Me ha impactado especialmente el caso que comentas de las japonesas, principalmente porque es algo que he vivido de cerca: hace unos años conseguí una beca de estudios para pasar un año en la Universidad Waseda de Tokio, y allí me encontré con un gran número de chicas que, cuando les preguntaba sobre sus objetivos tras la universidad, respondían "casarme y ser ama de casa".

    La Universidad Waseda es una universidad de renombre en el país, posiblemente la segunda más importante tras la Universidad de Tokio, cosa que acrecentó mi perplejidad: no estaba ante "estratos bajos" de escasa educación, estaba ante las hijas de familias adineradas con estudios superiores; no era un problema de falta de cultura, el problema era precisamente que conocían su cultura demasiado bien.

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  2. A JAM,
    Hace unos años conocí y traté, aunque sin llegar a ser amigos, a dos japonesas. Una, tras un año de estudios en España, regresó a su país y la otra, por razones que no vienen al caso, decidió quedarse y un buen día, charlando, comentó que su ilusión era la que "debía ser" --aunque no empleó estas mismas palabras--: casarse (en su caso confiaba en hacerlo con un español para conseguir la residencia y la ciudadanía), darle hijos y hacerle feliz...
    Y en fecto, se casó con un español, vive en Valencia y doy por supuesto que es "feliz". (No la he vuelto a ver e ignoro si le dio hijos a su "señor").

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