Satanizar, endiosar y creer es más cómodo y rentable que analizar, contextualizar y dudar

domingo, 12 de septiembre de 2010

¿Por qué están empeñados en que el sexo siga siendo un problema?

El sexo sigue siendo un problema. Conste que este post no se refiere a los miles de casos de pederastia que protagonizan cientos de sacerdotes católicos --aunque en honor a la verdad, convendría que también trascendieran los abusos de los ministros de otras religiones, cuyas actitudes y acciones son tanto o más hipócritas que las de la organización católica.
El sexo sigue siendo un problema para casi todos los dirigentes económicos, sociales, ideológicos y políticos; desde los ultraconservadores --aspecto este en el que destacan los nacional-católicos españoles, que reprimen los deseos ajenos y disimulan u ocultan los propios-- hasta los socialdemócratas y los supuestamente socialistas y comunistas, que siguen erre que erre vinculando violencia y sexo como elementos inseparables, pues al parecer necesitan subrayar los males del machismo, ¡vaya usted a saber porqué!, al tiempo que obvian o silencian otro tipo de agresiones y abusos que son tanto o más perversos que los físicos --las agresiones y abusos no físicos son mayoritariamente perpetrados por mujeres y condicionan las relaciones de afecto con tanta o mayor profundidad que un bofetón.
El sexo también es un problema en los países islámicos, cuyos dirigentes religiosos y también sus seguidores consideran que las hembras son poco más que una vagina para goce del macho y un vientre necesario para procrear --algo similar estima el Vaticano, pero sin lapidaciones... 
La hipocresía y la perversión son universales
También se demoniza el sexo en Oriente --la tradición india del Kamasutra y las lujurias de Kurosawa constituyen excepciones.   
En la pujante China ya empiezan a imponerse las mismas prevenciones erótico-económicas que condicionan los emparejamientos en Occidente, máxime a la hora de matrimoniar o de establecer relaciones estables, de modo que el sexo también queda arrinconado.
Y para describir el estadio en el que está el desarrollo de la sexualidad en Japón basta recordar que las geishas siguen siendo altamente valoradas, lo cual refleja fielmente los valores de una sociedad en la que tanto hombres como mujeres consideran que la esposa debe ser sexual e incluso intelectualmente sumisa, cosa que cumplen el 95 por ciento de ellas --tasa esta que supera con holgura las que se registran en los países de Occidente.
Así, gracias a los machos que lo arreglan todo por la vía del dominio --la violencia sólo es una de las armas, ni siquiera la más utilizada ni la más extendida-- y gracias también a las mujeres que van de hembras por la vida --¿por qué será que éstas no son criticadas socialmente?-- el sexo sigue siendo un problema pese a los avances sociales, económicos, intelectuales y científico-técnológicos.
El sexo oficial es asexual
En lugar de afrontar la mejora de las relaciones sexuales de pareja hablando o escribiendo de deseos y de sentimientos, los intelectuales y los comunicadores sistémicos habla o escriben casi exclusivamente de ¿igualdad?... ¿Les asustará el sexo?   
En esos escenarios, la atracción física y el sexo son aleatorios en tanto que lo ¿esencial? es la imagen y ciertas cuestiones sociales, económicas y religiosas.   
A casi ningún intelectual de orden se le ocurre --¡mucho menos a los políticos!-- hablar de que es preciso procurar el placer (el orgasmo) de la pareja, sino que han centrado la atención en perogrulladas como la frecuencia equitativa y la igualdad de no se sabe qué, mezclando otra vez churras y merinas...    
Tampoco existe preocupación intelectual por las mil y un prácticas amatorias ni por el papel erótico de los afectos (amar es un verbo que tiene muchas declinaciones y estilos), sino que hablan y escriben de sexo sin hablar ni escribir de sexualidad, ¡y mucho menos de los cuerpos y de los sentidos! --lo que generalmente acaba perjudicando sobre todo a las mujeres y a los/las homosexuales.    
De muestra dos botones: En Occidente está peor vista la pornografía que la exótica ablación, y los papás y mamás políticamente correctos castigan con mas dureza a los hijos o hijas adolescentes que se interesan por el sexo que a los/las que suspenden el curso por vagancia...
La práctica del sexo y el sentido que se le da siguen constituyendo un barómetro pintiparado para mensurar los avances ecológicos y éticos de la humanidad.

2 Comentarios:

  1. Me ha impactado especialmente el caso que comentas de las japonesas, principalmente porque es algo que he vivido de cerca: hace unos años conseguí una beca de estudios para pasar un año en la Universidad Waseda de Tokio, y allí me encontré con un gran número de chicas que, cuando les preguntaba sobre sus objetivos tras la universidad, respondían "casarme y ser ama de casa".

    La Universidad Waseda es una universidad de renombre en el país, posiblemente la segunda más importante tras la Universidad de Tokio, cosa que acrecentó mi perplejidad: no estaba ante "estratos bajos" de escasa educación, estaba ante las hijas de familias adineradas con estudios superiores; no era un problema de falta de cultura, el problema era precisamente que conocían su cultura demasiado bien.

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  2. A JAM,
    Hace unos años conocí y traté, aunque sin llegar a ser amigos, a dos japonesas. Una, tras un año de estudios en España, regresó a su país y la otra, por razones que no vienen al caso, decidió quedarse y un buen día, charlando, comentó que su ilusión era la que "debía ser" --aunque no empleó estas mismas palabras--: casarse (en su caso confiaba en hacerlo con un español para conseguir la residencia y la ciudadanía), darle hijos y hacerle feliz...
    Y en fecto, se casó con un español, vive en Valencia y doy por supuesto que es "feliz". (No la he vuelto a ver e ignoro si le dio hijos a su "señor").

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