La capital del Reino de España es el escenario del relato que se reproduce a continuación:
"De repente, un antidisturbio de la policía local [de Madrid] con casco se acerca, me empuja, me da un golpe en la cara y me quita la bolsa de fotografía. Le digo que es mi herramienta de trabajo, que la traten con cuidado. Me vuelve a empujar contra otro agente. Llega Soraya, les da mi acreditación pero como ve que me agreden, ella se queja y pide que no me agredan. Entonces, la agarran tres policías de los brazos, le dicen que se acredite y ella dice que necesita sus manos para acreditarse. Le dicen ¿qué haces aquí? ¡Vete a tu puto país! Ella dice que es periodista. Le tiran del bolso y le dan continuos golpes en el pecho y los insultos xenófobos continúan.
"En eso, otro policía se acerca y dice, refiriéndose a mí: A éste lo conozco, es el fotógrafo de Lavapiés que siempre nos está jodiendo. Se avalancha sobre mí y me agarra del cuello sofocándome..."
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Si sólo fueran los policías madrileños los brutales...
ResponderSuprimirA KURTZ,
ResponderSuprimirEl origen del problema no está en los individuos que trabajan de policías, por eso matizo y pregunto quiénes son los que adiestran y dan alas...
Que en el caso de la policía municipal de Madrid está claro, ¿no?
Saludos.
Por supuesto. No quería dar a entender lo contrario.
ResponderSuprimirTambién está claro en el caso de la policía municipal de Pamplona o en la local de Valencia (los casos que más conozco). Incluso creo que está en el caso de la policía nacional.