02 diciembre 2010

El BCE, además de ser una institución "coja", favorece a la banca y a los mercados

El gobernador del Banco Central Europeo (BCE), Jean-Claude Trichet, personifica mejor que ningún otro dirigente de la Unión Europea (UE), sea de rango comunitario o de un Estado miembro, la inutilidad voluntaria o forzada de parte de la clase política actual.
Esta semana, Trichet ha comparecido ante la Comisión de Economía y Asuntos Monetarios de la Eurocámara y ha comentado que la eurozona es «una federación en lo monetario» (¿?) y añadió que sería preciso armonizar o coordinar los presupuestos de los países socios que han adoptado la moneda única.
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Trichet
Trichet ha hecho todo lo posible
por "tapar" y ayudar a la banca
Trichet dice con más de quince años de retraso lo que en su día advirtieron numerosos economistas cuando se pactó la Unión Económica y Monetaria (UEM), proyecto y compromiso recogidos en el Tratado de la Unión aprobado por el Consejo Europeo celebrado en Maastricht en 1992.
Y no es que Trichet sea un iletrado en economía o que haya tardado tanto tiempo en caer de la burra. Lo que ocurre es lo siguiente: Trichet y la mayoría de los dirigentes de la UE y de los países de la eurozona saben que la UEM es y será un instrumento cojo --incluso provocador de disfunciones-- en tanto no se afronten las armonizaciones fiscal y presupuestaria, que ni siquiera haría falta que fueran totales.
¿Para qué sirve una divisa común si cada territorio emite deuda siguiendo criterios autónomos e incluso entrando en contradicción unos con otros?, ¿de qué sirve la divisa paneuropea si las fronteras siguen diferenciando ámbitos impositivos, costes de producción, normas laborales, amén de reglas comerciales dispares?
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¿De qué sirve la UEM ante una crisis financiera?
La UEM no sirve de nada en tanto la descoordinación y los intereses contrapuestos sean norma.
Es más, las disparidades son tan marcadas que la autoridad reguladora, además de carecer de voluntad para frenar la codicia de los mercados, sabe --todos saben-- que haga lo que haga perjudicará gravemente a unos y beneficiará a otros.
Todos los dirigentes de la UE y de los países de la eurozona saben perfectamente, máxime Trichet y demás miembros de la ejecutiva del BCE, que la única medida posible y efectiva para que la UEM salga airosa de los actuales embates consiste en que el regulador de la eurozona compre deuda soberana de los Estados.
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El colmo de la barbarie económica de la eurozona
La desfachatez de la institución que preside Trichet y su inanidad quedan demostradas con un detalle sustancial:
El BCE compra deuda emitida por bancos privados para salvarlos de la quiebra, incluidos productos que carecen de valor real (bonos basura) y que son fruto de la especulación, pero se niega a comprar deuda soberana, medida esta que es radicalmente sistémica y que la Reserva Federal (banco central de EE UU) no duda en ejecutar para proteger los intereses económicos de su país.
¿A quién sirve el BCE?, ¿a su país, la eurozona, o se dedica a beneficiar a los mercados? [eufemismo que engloba especuladores, inversores y demás agentes y operadores financieros].
Más claro: El BCE presta dinero a los bancos a un interés del 1,75 por ciento anual para que estos compren deuda pública española, por ejemplo, de la que obtienen rentabilidades que duplican y actualmente casi triplican el generoso 1,75 que les aplica el BCE.
La política monetaria del BCE no sólo es errónea y económicamente cobarde…
¡Es la política monetaria que interesa a la banca y a los mercados!
El BCE no sirve a su país ni a sus habitantes, sino a los mercados.
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TEXTO relacionado:
"No a los mercados financieros", por Vicenç Navarro, en Público.

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