Satanizar, endiosar y creer es más cómodo y rentable que analizar, contextualizar y dudar

martes, 14 de diciembre de 2010

Enrique Morente, un humano cuyo talento convertía el sentimiento en arte

Confío en que los habituales de ImP lo comprendan. Esta bitácora no es precisamente un pozo de sentimientos. Procuro evitarlos. Pero viví en Andalucía y durante más de tres años la sociedad de ese impagable pedazo de las Españas me enseñó a valorar cosas, criterios y visiones de la vida que durante ni primera etapa vital, en Cataluña con escapadas a Francia, no podía sospechar.
Las Españas constituyen un espejo poliédrico de la vida que refleja humanidades sin cuento, con sus virtudes y sus vicios, cierto, pero rica, plural, incluso contradictoria pero feraz y enriquecedora. Y resulta que estos días, la muerte de Enrique Morente me ha colgado de los recuerdos y de las bondades que descubrí en Almería, Almuñécar, Baena, Córdoba, Garrucha, Jérez, Mojacar, Ronda, Sevilla... ¡Y Granada!
Con la desaparición física de Morente todos --lo reconozcamos o no-- hemos perdido un referente humano que no sólo era preeminente en el arte, sino que además era uno de esos tipos que convierten la vida en algo que por encima de toda circunstancia merece ser disfrutado, sufrido y sentido. Es decir, un productor de arte en todo el sentido del oficio.
Para ser positivo y amar nuestra condición perecedera es preciso disfrutar de reproductores de sensaciones y de sentimientos como Enrique Morente.
Su arte alimentaba sentimientos impagables. Echaré de menos su voz y su existencia. Tengo la esperanza de que todos las echemos de menos.
ENLACE de interés: "El arte hecho palabra", en Ideal de Granada.

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