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Pero el Ejecutivo y la mayoría parlamentaria de la Comunidad de Madrid es más lista que el Gobierno central y que los letrados del Estado, de modo que se inventaron una ley de medidas urgentes que, entre otras cosas, recorta un 5% los salarios de todos los trabajadores vinculados a la Administración autonómica.
Al mismo tiempo que los aguerridos se inventaban esa ley regional que prescinde de principios legales de rango superior, los máximos dirigentes del PP insitían en criticar frontalmente la reforma laboral del Gobierno que preside Rodríguez Zapatero, denostando también sus medidas económicas e incluso llegaron a proclamar que el PP es ¡el partido de los trabajadores!... Tal como demuestran las políticas laboral y económica que impulsa el Gobierno de la Comunidad de Madrid.
Salvajismo pobre, salvajismo rico
La huelga de los trabajadores del Metro madrileño es salvaje, dicen. Pero, ¿qué esperaban los gobernantes (todos) y la llamada gente de orden tras el salvajismo practicado por gran parte de la cúpula financiera y de la banca?, ¿por qué deben pagar los asalariados los dispendios de los aguerridos?, ¿qué hacer cuando la Administración cierra los ojos desde hace casi dos decenios ante la salvaje desaparición de cientos y cientos de millones de euros?, ¿por qué es salvaje la negativa de los asalariados a trabajar cuando les modifican unilateralmente las condiciones salariales pactadas legalmente?
Los salvajes que amenazan la estabilidad social europea no caminan descalzos en lejanas selvas, ni se esconden en remotas estaciones de Metro. Los salvajes de hoy pisan parqué bien encerado y tienen cuentas cifradas en paraísos fiscales.
En el caso de la huelga del Metro madrileño y en el escenario económico actual, lo realmente sorprendente es, primero, que no haya más huelgas salvajes y, segundo, que haya asalariados de otros sectores y empresas que critiquen la huelga y apoyen a Esperanza Aguirre y al PP.


















