Hoy se cumple el 100º aniversario de la fundación en Barcelona de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), que fue constituida por varios grupos hasta entonces integrados en Solidaridad Obrera, organización que permanecía fiel a los principios del anarquismo que auspiciaba el sector mayoritario de la Federación de Trabajadores de la Región Española --adherida a la I Internacional, cuyos líderes más conocidos fueron Marx, Engels y Bakunín.
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Ilustración capturada en la web
de CNT-Valladolid |
La
I Internacional fue disuelta en 1876 debido, fundamentalmente, a las discrepancias entre los colectivistas (bakuninistas o anarquistas) y los llamados socialistas científicos. Los segundos crearon la
II Internacional en 1889, de la que más tarde se desgajó la
III Internacional, auspiciada por los bolqcheviques (comunistas), y de esta surgió más tarde la
IV Internacional, liderada por
Leon Trostky, que ostentó la dirección política del Ejército con el primer Gobierno bolchevique y que pese a ello fue purgado, expatriado y finalmente asesinado en México por un sicario (el español Ramón Mercader) que cumplía órdenes de
Jossif Vissariónovich Dzhugashvili,
Stalin.
Por su parte, los bakuninistas o anarquistas no se reorganizaron de forma transnacional hasta 1922, cuando refundaron la Asociación Internacional de los Trabajadores, la AIT, que era la denominación oficial de la I Internacional. En esta refundación jugó un papel fundamental la CNT.
El movimiento anarquista careció en España de una organización estable durante dos años, desde que la Federación de Trabajadores de la Región Española desapareció (1876) hasta que se artilló la llamada Organización Anarquista de la Región Española (1878), que a partir de 1890 fue más conocida por el llamado Pacto de Ayuda y Solidaridad, cuyos órganos y militantes sufrieron constantes ataques --sobre todo por parte de matones contratados por empresarios-- hasta que en 1896 sus dirigentes decidieron pasar a la clandestinidad y organizarse en agrupaciones, núcleos o sociedades de trabajadores que funcionaban de forma autónoma y eran de ámbito local o comarcal.
En 1907, varios grupos anarcolindicalistas crearon Solidaridad Obrera, precedente directo de la CNT fundada en 1910 y que un año después de su constitución, en 1911, ya fue ilegalizada; recobrando la calidad de sindicato legal en 1914.
Fusiones frustradas
En 1916, la CNT apostó por la unidad de acción con los sindicatos de la II Internacional (también llamada Internacional Socialista), de modo que en España estableció contactos con la
Unión General de Trabajadores (UGT). Esta alianza sólo reportó un resultado remarcable, la huelga general de 1917, y aunque las relaciones entre los afiliados de ambas organizaciones mejoraron, las cúpulas siguieron discrepando por cuestiones estratégicas.
Dos años más tarde, en 1919, un sector del anarcosindicalismo planteó en el segundo congreso cenetista la posibilidad de la abrir negociaciones formales para fusionar CNT y UGT. Pero la propuesta fue aplazada y el congreso se limitó a aprobar una iniciativa para sondear la posible adhesión de la CNT a la III Internacional, que era impulsada por los comunistas rusos y progresaba con fuerza en toda Europa debido al éxito de la revolución bolchevique tras la toma del Palacio de Invierno del zar en octubre de 1917.
En ese marco, una legación anarcosindicalista viajó a la Unión Soviética, al frente de la cual iba Ángel Pestaña, que a su regreso aconsejó desvincularse del leninismo.
[Tras el fallecimiento en 1924 de Vladimir Illich Ulianov, Lenin, el régimen de los consejos de obreros, soldados y campesninos (los soviet) degeneró rápidamente en una dictadura y su economía fue estatalizada. Así nació el llamado "socialismo de Estado"; más claro: el estalinismo]
La segunda ruptura entre los anarcosindicalistas o bakuninitas y los socialistas científicos y comunistas --representados en esta ocasión por la CNT y la estalinista III Internacional, respectivamente-- se escenifico en 1922 con la refundación de la AIT.
Durante los años veinte y treinta del siglo pasado la CNT fue sistemáticamente satanizada y perseguida, siendo encarcelados o asesinados decenas de sus dirigentes, sobre todo en Cataluña, Aragón y Andalucía, que fueron los territorios donde en esa época los anarcosindicalistas gozaron de mayor crédito social, sumando decenas de miles de militantes y cientos de activistas, muchos de los cuales estaban afiliados a la
Federación Anarquista Ibérica (FAI), que coordinaba grupos de autodefensa y propiciaba ataques armados contra empresarios y sus patrimonios, así como contra miembros del aparato del Estado.
II República
Una vez proclamada la II República (1931-1939), los anarcosindicalistas mantuvieron inicialmente una posición de apoyo y luego de prudencia, que derivó en confrontación con motivo de las movilizaciones obreras y campesinas habidas durante el bienio 1932-33.
Tras el triunfo del
Frente Popular, la CNT optó por colaborar con la Administración republicana, pero tras el golpe de Estado del 18 de julio y durante la guerra civil el Gobierno de la II República --a instancias casi siempre del
Partido Comunista (PCE) y con la complacencia del resto de formaciones políticas-- adoptó decisiones para perjudicar y a la postre destruir la CNT, hasta el extremo de que ese empeño incluso acabó rompiendo la cohesión militar, lo que benefició al ejército golpista.
[Además de a los cenetistas, el PCE también propició la criminalización de los trostkistas, especialmente de los militantes del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), cuyo líder era Andreu Nin, que desapareció en circunstancias jamás aclaradas]
A su vez, en el seno de la CNT se libraba desde hacía años una agria pugna entre los faístas y los que optaban por un sindicalismo pragmático. Los segundos llegaron a ser acusados genéricamente de colaboracionistas; no obstante, los
pragmáticos no formaban un bloque monolítico, destacando entre ellos el sector liderado por Ángel Pestaña --que era el contrincante más
odiado por los faístas--, que en 1932 había constituido el
Partido Sindicalista, rompiendo con aspectos sustanciales del anarquismo clásico.
Durante el franquismo, la CNT, el PCE, los masones y más tarde los independentistas catalanes, gallegos y vascos conformaron el cuarteto anti-español que más atención mereció por parte de los servicios estatales dedicados a reprimir a la oposición.
La satanización sigue vigente
Una vez restablecido el régimen democrático-parlamentario, en 1978, la CNT fue objeto de nuevas satanizaciones y fue aseteada por casi todos los partidos políticos, destacando el montaje pergeñado con el llamado
caso Scala.
La actual CNT mantiene los criterios de la I Internacional y, entre otras singularidades, rechaza las elecciones sindicales y el reivindicacionismo laboral al entender que consagran una relación de colaboración entre los explotadores (empresarios) y los explotados (asalariados).
Los cenetistas critican a los sindicatos creados directa o indirectamente por las dos corrientes ideológicas que son mayoritarias desde hace ya más de un siglo en la izquierda, los socialistas o socialdemócratas y los comunistas. La CNT estima que UGT y Comisiones Obreras (CC OO) se limitan a proponer reformas laborales que no cuestionan el sistema económico capitalista, lo que, según la CNT, contribuye --aunque sea involuntariamente-- a perpeturar el sistema imperante y el Estado.
Una de los episodios que a decir de la CNT mejor probaría esa colaboración entre los sindicatos y el Estado se produjo recientemente, en el 2005, cuando el Gobierno español puso en marcha la última fase de la devolución del patrimonio sindical incautado por los franquistas durante y tras la guerra civil de 1936-39; resultando que la Administración
favoreció descaradamente a la UGT pese a que en 1936 la CNT era, con notable ventaja, la organización sindical española que sumaba más afiliados (un millón y medio) y la que poseía más propiedades inmuebles.
Tras una serie de abandonos, pleitos internos y escisiones, la más importante constituyó el sindicato CGT, actualmente la CNT cuenta con unos 50.000 afiliados, que son quienes con sus cuotas mantienen viva la central pues
la organización se mantiene fiel al principio de independencia de la clase trabajadora y no acepta subvenciones ni ningún tipo de ayudas procedentes del Estado.
ENLACE a la página web de la CNT.
DE INTERÉS: "Visiones del anarquismo", por Antonio Elorza, vía El país.