23 diciembre 2011

El centenario de la muerte de Pulitzer ha pasado casi desaprecibido

Tan atareados andan [andamos] los periodistas con la vorágine diaria y con la pertinaz sequía financiera, que a punto está de acabar el año y apenas han [hemos] dedicado cuatro sueltos y una docena de palabras a Joseph Pulitzer, del que se cumple el centenario de su fallecimiento.
Pulitzer (Makó, Hungría, 1847-Charleston, Carolina del Sur, 1911) emigró a Estados Unidos a los 17 años con la finalidad --según la mayoría de sus biógrafos-- de participar en la Guerra de Secesión, para lo que se enroló en el ejército yanqui. Todo indica, no obstante, que al margen de que el húngaro fuera un sincero abolicionista, alistarse era la forma más rápida de integrarse y naturalizarse estadounidense.
Finalizada la guerra civil, Pulitzer se afincó en Sant Louis (Misuri), donde logró empleo en el periódico local Westliche post, editado en alemán [miles de los emigrantes europeos que contribuyeron a poblar las grandes llanuras de Norteamérica eran de origen germano y escandinavo] y se afilió al Partido Republicano [muy al contrario de las posiciones que mantienen actualmente, por aquel entonces los republicanos eran los liberales, o progresistas, y el Partido Demócrata era de corte autoritario, o conservador].
En 1869, Pulitzer fue elegido miembro de la Asamblea (parlamento) del Estado de Misuri, escaño al que renunció meses después porque, según coinciden distintas fuentes, se sintió decepcionado por las actitudes y los hábitos de la clase política dirigente, llegando a la conclusión de que ejerciendo el periodismo podía influir de forma más efectiva en la transformación de la sociedad.
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Westliche post
En 1872, Pulitzer compró el Westliche post, por el que abonó 3.000 dólares y unos meses después se endeudó un poco más y pagó 2.700 dólares para hacerse con el control del St. Louis dispacht, unificando ambas cabeceras para crear el St. Louis post-dispatch, que al paso de apenas un año se convirtió en el medio de información de obligada referencia tanto en la ciudad como en todo el Estado de Misuri.
Debido a sus posiciones ideológicas (las propias de un liberal clásico, aderezadas, se supone que inconscientemente, con criterios propios del individualismo pseudoanarquista que tanto caló en la sociedad norteamericana del siglo XIX y primeros años del XX), Pulitzer convirtió el St. Louis en un periódico "socialmente comprometido", en el que destacaban las informaciones obtenidas mediante investigaciones, los reportajes protagonizados por ciudadanos comunes, los artículos que ensalzaban iniciativas culturales o económicas modernizadoras, utilizando siempre un estilo directo y populista.
El éxito de Pulitzer fue arrollador y empezaron a proliferar sus imitadores en periódicos de distintas ciudades de EE UU.
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New York world
En 1883, enriquecido, así como admirado y odiado a parte iguales, Misuri se quedó pequeño y Pulitzer compró el New York world, cuya empresa editora estaba a punto de declararse en quiebra y bajar la persiana. Pulitzer cambió radicalmente la línea editorial, puso el diario al servicio de los lectores, apostó por lo que él definió como "periodismo humano", si bien también incluía informaciones marcadamente sensacionalistas y prestaba atención sistemática a todos los acontecimientos escandalosos o llamativos, desde accidentes hasta delitos, incluyendo también datos de índole privada.
No obstante, el New York world, que era un medio sensacionalista sin ningún género de dudas, evitaba publicar rumores, lucubraciones y por norma eludía cuestiones tan espinosas como las de carácter religioso y sexual; banderines de enganche a los que sí recurrió el que sería su primer gran competidor, el New York sun, cuyos directivos llegaron a utilizar los orígenes familiares judíos de Pulitzer con la intención de  poner en su contra a la poderosa comunidad hebrea y a los neoyorquinos en general, acusándole para ello de haber traicionado la fe judaica [aún siendo joven, Pulitzer había renunciado a las prácticas religiosas y era lo que vulgarmente se llama un descreído].
Pero más agresivo que el Sun fue, si cabe, el New York journal, que una vez adquirido por otro mito del periodismo norteamericano, Randolph Hearst, atacó sin piedad a Pulitzer y utilizó para ello contra-informaciones, en ocasiones carentes de toda base, a fin de laminar la credibilidad del World. Hearst no sólo apostaba por el sensacionalismo, sino que en rigor fue el primer editor-director que practicó de forma premeditada y sistemática el amarillismo.
La guerra sin cuartel por ganar compradores y lectores que libraron el World y el Journal tuvo efectos singularmente nefastos para los intereses españoles en América, pues el diario de Hearst, alineado con los congresistas ultranacionalistas, difundió falsas noticias en torno al conflicto hispano-estadounidense que se libraba en Cuba, hasta el extremo de afirmar que la explosión accidental habida a bordo del USS Maine [acorazado norteamericano fondeado frente a La Habana] que costó la vida a 266 marinos no fue tal, sino fruto de un sabotaje organizado por el Ejército colonial español.
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El espaldarazo final
Las medias verdades y las mentiras de Hearst calaron con fuerza, Estados Unidos declaró la guerra a España y ocupó Cuba. En ese momento, el Journal ganó la partida al World, pero fue un triunfo circunstancial. El World logró mantener su credibilidad e incluso la incrementó de forma sobresaliente en  1909, cuando informó de que el Gobierno de EE UU había efectuado un pago ilegal por valor de 40 millones de dólares a la compañía francesa que construía el canal de Panamá. Pulitzer fue denunciado por Theodore Roosevelt y John Pierpont Morgan [fundador de la banca J. P. Morgan], que le acusaron de difamación. Los jueces rechazaron las pretensiones de los denunciantes, no en vano el pago era cierto y el World había aportado pruebas de ello. Esa fue la primera de las grandes victorias judiciales habidas en Norteamérica --y acaso en todo Occidente-- en defensa de la libertad de información.
Lo dicho, a punto de acabar el año en el que se ha cumplido el centenario de la muerte de Joseph Pulitzer y los periodistas apenas han [hemos] prestado atención a un personaje que marcó la evolución del oficio y cuyas prácticas, aún hoy, constituyen una colección de valiosos aciertos y errores… Y de los segundos también se aprende.
ENLACE a la que quizá es la ePágina más útil de las dedicadas a Pulitzer: Joseph Pultizer and his prize (en inglés). 

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