08 diciembre 2011

¡No lea, no piense!, basta con escuchar a Rouco para saber el origen de la crisis

El cardenal Antonio María Rouco Varela, comisario del Estado del Vaticano en España, ha dado otra lección de no se sabe qué al reclamar en el templo de La Almudena que la ley de Dios «vuelva a ser un elemento y un órgano decisivo en el comportamiento no solo personal y privado, sino también en el comportamiento, en la acción y en las actividades públicas que afectan a todos». Más claro: Rouco propone que el Estado aplique las leyes de Dios.
Pero, ¿a qué Dios y a qué leyes se refiere Rouco?, ¿a las de Alá o a las de Yahvé?, ¿a las de la Cienciología o a las del hinduismo?, ¿o acaso a las de la Iglesia Ortodoxa?... Lógicamente, Rouco aspira a que sean los dogmas del catolicismo los aplicados por ley, al igual que los ayatolás imponen el islamismo chií a los ciudadanos iraníes, o los wahabitas la suya a los árabes residentes en la finca de los Saúd.
Con toda probabilidad, la España ideal con la que se identifica Rouco incluye que los jefes de Estado y de Gobierno participen en los ritos católicos bajo palio, como en su día hacía el golpista apellidado Franco Bahamonde, genuino representante del catolicismo, según certificaron los más altos dignatarios de esa organización privada de carácter religioso.
Rouco Varela
[La España de Rouco es la de los golpistas de 1936 y la de los vencedores de la guerra incivil, la España centralista y machista, la España que exige hablar sólo y exclusivamente en la única lengua decente de los españoles, la España que mete en la cárcel a las violadas que deciden abortar, la España que persigue a los y las homosexuales, la España que margina a los divorciados y divorciadas, la España que expulsó o envió al exilio a los musulmanes y a los demócratas, a los judíos y a los republicanos, la que encarcelaba a los masones al tiempo que les robaba sus patrimonios; la España que falseó la historia, la España del Santiago y cierra España, la España de la Inquisición y la del a Dios rogando y con el mazo dando, la España enemiga de la ciencia, la España que grita ufana ¡que inventen ellos!; en definitiva, la España del ¡viva la muerte y muera la inteligencia!]
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Un cúmulo de estupideces propias de un noble feudal
Rouco, que al parecer está licenciado en Economía por alguna universidad celestial, ha añadido que las dificultades actuales --incluida la crisis de las deudas soberanas-- son consecuencia directa de «la renuncia a vivir de acuerdo con la gracia y el amor de Dios»
Y para que no quepa la menor duda de su verdad, Rouco ha dicho lo siguiente: «Los momentos de la historia actual son muy difíciles, lo sabemos todos. ¿Tienen que ver con la renuncia nuestra a vivir de acuerdo con la gracia y el amor de Dios?, ¿se atreve alguien a decir que no es verdad esto? Yo creo que nadie, si deja hablar sinceramente a su corazón y a su conciencia».
Ya lo sabe usted, amable lector/a, permita que su corazón y su conciencia hablen con sinceridad, porque solo así podrá comprobar que la banca, las agencias de rating, los fondos de inversión y los especuladores profesionales --entre otros protagonistas de la vida financiera-- son actores secundarios e irrelevantes; porque, ¡pásmese usted!, todos los problemas actuales se deben a que los ciudadanos de la eurozona hemos renunciado a vivir en la gracia de Dios... el Dios de Rouco, naturalmente; tal es la causa de que el desempleo sea tan elevado y de que la acumulación de dinero en pocas manos siga en aumento, entre otras penitencias que pagamos por no hacer caso al Dios de Rouco ni al propio Rouco.
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MÁS detalles de la penúltima del arzobispo de Madrid, en Europa Press.
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NOTA:
Por mucho menos, decenas de ciudadanos han sido, son y serán sometidos a tratamiento psiquiátrico. Es más, la mayoría de las personas que padecen alucinaciones o visiones de tenor similar, así como las que afirman ser Napoleón o estar en posesión del secreto de la vida, son tratadas con fármacos. No en vano, sólo una persona gravemente trastornada puede aferrarse a la creencia ciega de que su Dios, sólo el suyo, puede librar de todo mal a la humanidad entera. En resumen, se trata de un enfermo que requiere tratamiento y comprensión, y también respeto. Y de paso, una vez ingresado el paciente o sometido a tratamiento ambulatorio, conviene que las autoridades investiguen quiénes o qué organización ha lavado el cerebro al infortunado.
Una cosa es creer en la existencia de un Dios, el que sea, y otra bien distinta es creer que los burros vuelan o que un óvulo queda fecundado sin espermatozoides.

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