
Los resultados electorales habidos en A Coruña sirven para evidenciar algunas de las causas del hundimiento del PSOE, que por mucho que se empeñe Rodríguez Zapatero no es fruto directo ni exclusivo de la recesión económica.
Ciertamente,
la crisis ha influido, pero la pérdida de votos del PSOE se debe --entre otras razones-- a que ha decidido combatir la crisis con políticas propias de la derecha, adoptando medidas similares a las de
Angela Merkel, por ejemplo.
Pero las de ayer eran elecciones municipales, no legislativas, y han pesado sobremanera los elementos de ámbito local.
Volvamos al municipio de A Coruña, donde el PP ha obtenido por primera vez la mayoría absoluta y lo ha hecho sin apenas haber aumentado el número de votos.
Durante más de dos decenios, A Coruña ha sido gobernada por sucesivas mayorías del PSOE, con Francisco Vázquez al frente; hasta que en los comicios del 2007 --fuera de juego Vázquez, que había sido nombrado embajador de España ante El Vaticano-- la socialdemocracia coruñesa perdió la mayoría absoluta, aunque conservó la alcaldía pactando con el centro-izquierda nacionalista, el BNG.
El triunfo obtenido ayer por el PP era previsible por dos motivos, básicamente:
Primero, porque el electorado conservador de la ciudad, que en parte apoyaba al vazquismo en los comicios locales, esta vez ha votado mayoritariamente a su partido natural, el PP, y en menor medida a Unión Coruñesa --formación esta que pese a su poderio económico-propagandístico no ha obtenido ni un solo concejal.
Y segundo, el PSOE local también ha perdido porque el vazquismo maleducó políticamente a la ciudadanía coruñesa, convenciéndola de que la fórmula para que la ciudad progresara pasaba por políticas y criterios que en su mayoría son absurdos y reaccionarios:
* Especulación urbanística --en A Coruña hay más de 20.000 viviendas en desuso,
* Desmantelamiento y deslocalización de la industria existente --los solares liberados han sido extraordinariamente bien aprovechados por los propietarios de suelo y por los promotores inmobiliarios,
* Boicot sistemático a coordinar los servicios y su gestión con los municipios vecinos, pese a que A Coruña es la cabecera de un hinterland del que lógica e inevitablemente también depende en lo económico,
* Desarrollo del ocio como si se tratara de una industria fundamental y de futuro --actividad que ha sido sobredimensionada y que lastra los presupuestos municipales,
* Fomento de un orgullo coruñesista que es tan epatante y adormecedor como carente de rentabilidad --el localismo y el victimismo coruñés, que tantos votos rentaba al vazquismo, es uno de los más empobrecedores de Galicia,
* Utilización del consistorio para plantear batallas ideológicas e incluso partidistas de ámbito autonómico e incluso estatal,
* Desprecio por la cultura gallega,
* Apoyo a iniciativas e incluso a empresarios concretos cuyas actividades nada o casi nada aportan a la economía cotidiana de los coruñeses y, mucho menos, al tejido económico del municipio, y
* Conversión del PSOE local en una especie de PRI mexicano cuyo principal objetivo era conservar el poder institucional.
El alcalde saliente, Javier Losada, ha corregido algunas de esas perversiones vazquistas. Sin duda. Pero lo ha hecho demasiado tarde y a cuentagotas y, para colmo, durante los últimos cuatro años Vázquez ha aparecido periódicamente en escena para ningunear al gobierno de coalición PSOE-BNG hasta convencer a la mayoría de los forofos del vazquismo de que retiraran su apoyo al PSOE.
Y lo ha conseguido.
Curiosamente, el PSOE se ha hundido justo cuando empezaba a recuperar rasgos socialdemócratas.
No pretendo restar valor al éxito de Carlos Negreira (PP), que ha sabido jugar sus bazas con inteligencia y ha sido fiel a lo que representa. Pero a la hora de analizar las causas del hundimiento del PSOE coruñes es obligado subrayar que el vazquismo no podía sobrevivir sin Vázquez, que era quien sostenía las falacias y la superficialidad ideológica.
Los cimientos políticos del PSOE coruñés eran débiles porque durante más de veinte años pescó parte de los votos en el sector del electorado más voluble, y porque confío todo el poder a un personaje políticamente ecléctico y
provisto de un ombligo de proporciones gigantescas, tanto que desde que dejó de dirigir su partido se ha dedicado a destruirlo.
..
 |
Javier Losada (en primer plano)
y Fernández Moreda. |
ACTUALIZACIÓN (martes, 24 de mayo): El todavía alcalde en funciones de A Coruña y gran derrotado de los comicios locales celebrados anteayer,
Javier Losada, ha anunciado que renuncia al acta de concejal y a ejercer de líder del principal partido de oposición en la nueva corporación.
Otro tanto ha hecho la número dos de la candidatura del PSOE,
Carmen Marón.
Además de ediles, él es senador y ella, diputada. Cargos estos a los que no han renunciado.
Ante las crecientes demandas de dimisiones que formula un sector de la militancia del PSOE local, el tercer
peso pesado de la cúpula vazquista de la socialdemocracia coruñesa,
Salvador Fernández Moreda (presidente en funciones de la Diputación provincial, institución en la que ahora tiene mayoría el PP) ha respondido a las críticas retando a quienes exigen responsabilidades políticas que presenten sus quejas y propuestas ante los órganos de dirección del partido...
Fernández Moreda --al contrario que sus dos compañeros dimisionarios-- no tiene ningún otro cargo institucional remunerado; salvo que como concejal asuma el liderazgo que hoy ha abandonado Losada.
Fernández Moreda es el secretario provincial del PSOE y por tanto, en lógica política,
es el responsable número uno de la desfeita electoral sufrida por los socialdemócratas en la demarcación coruñesa, en la que han perdido las alcaldías de las tres principales ciudades: A Coruña, Ferrol y Santiago. La de A Coruña ha sido, con ventaja, la provincia gallega donde el PSOE ha registrado los peores resultados.