¿Por qué? Aguilar se limita a decir que la reforma es pésima porque "arrasa con todo lo anterior; en lugar de avanzar, ha querido cambiar radicalmente todo", dice la ex diputada de IU, ex alcaldesa de Córdoba, ex consejera de la Junta andaluza y ahora ministra.
Ciertamente, la PAC actual ha fracasado en diferentes aspectos --por ejemplo, desmantelando producciones, entre otros males-- y por tanto conviene cambiarla.
Los gobiernos de España, Francia, Italia y Polonia --los cuatro países más beneficiados por la PAC-- nada dicen de que desde hace varios decenios la Unión Europea (UE) prime las grandes explotaciones y, por encima de todo, favorezca a los intermediarios, supeditando la producción de alimentos a los intereses de la distribución. Poco a poco, empujada casi siempre por Francia, la actual UE parece relegar a segundo plano los dos objetivos básicos de la comunidad en política agropecuaria: garantizar la producción de alimentos y evitar la despoblación del rural.
Europa no produce la cantidad ni la variedad de alimentos que precisan sus habitantes para disfrutar de una vida sana y equilibrada, pero Aguilar y demás dirigentes políticos y económicos de la Europa ¿rica? sólo piensan en las subvenciones, o eso parece --lo cual no es negativo per se, salvo cuando el único eje es el dinero por el dinero...
Pero en la trastienda hay más, pues la UE ha subvencionado producciones absurdas e importaciones injustificables, ¿para qué engañarnos?, casi siempre con la finalidad añadida de conceder ventajas arancelarias a países productores de alimentos para que estos, a cambio, faciliten las exportaciones de capital y de producciones industriales europeas.
En resumen --con el riesgo que supone simplificar--, las instituciones de la UE, ¡empezando por los gobiernos de los Estados miembros!, han utilizado y utilizan la capacidad de compra de los europeos para garantizar las exportaciones de capitales y de productos industriales en perjuicio de los productores europeos de alimentos.
En la propuesta de reforma de la PAC hay aspectos positivos --por ejemplo, limitar la cuantía de las subvenciones por explotación y obligar a respetar criterios medioambientales--, pero para los políticos profesionales lo fácil y rentable es el simplismo, ese simplismo empobrecedor que desde hace dos siglos machaca el rural español, en el que además se ha inoculado la creencia de que la subvención es la medicina que cura todos los males.
Durán Lleida y el PER, el rábano y las hojas
Así las cosas, cuando Durán Lleida --con injustificada mala follá-- advierte de que el plan de empleo rural (PER) es una barbaridad, toda España se lanza contra él para satanizarlo.
Sin embargo, digan lo que digan los políticos buenistas del PSOE y los políticos hipócritas del PP, el PER que se paga en Andalucía y Extremadura es la más contundente demostración de la inutilidad de todos los gobiernos españoles habidos desde hace dos siglos.
Ningún gobierno español --ni el posibilista felipismo ni el demagógico aznarismo-- ha afrontado la necesidad de poner en marcha una reforma agraria efectiva, siquiera mínima y dentro del orden capitalista.
Los criterios racionalistas que en la Francia de la Ilustración se empezaron a aplicar en la primera mitad del siglo XIX y que en la Inglaterra victoriana se pusieron en marcha antes de empezar el XX, en España no se plantean ni en el 2011.
El agro español sigue siendo fuente de fortunas para unos pocos y un desastre para sus asalariados pese a que el país reúne condiciones naturales para que su producción agropecuaria sea rentable y sostenible.
Pero el problema, dicen, es la reforma de la PAC.
La PAC acusa taras y la reforma propuesta, también. Pero todos los ministros y gobiernos españoles habidos desde Fernando VII han carecido y carecen de vergüenza. Y como siguen sin tenerla, hablan para hacer ruido mediático y electoral.
El problema raíz del agro español, desde Cádiz hasta Lugo y desde Badajoz hasta Murcia no es la PAC y nada más que la PAC.
El problema está aquí, en casa, en las Españas, en sucesivos gobiernos ineficientes --o cómodos-- y en menor medida también en los agricultores y ganaderos, incluidos los asalariados de Andalucía y Extremadura que gritan ¡viva el PER!, convencidos de que el futuro es seguir viviendo de la caridad, antes la del señorito y ahora la del Estado.
La frase de Durán Lleida [esa de que los catalanes pagan impuestos para que los asalariados del campo andaluz pasen el día en el bar] es propia de un bocazas, o de una incontinencia puntual.
Evidentemente, el portavoz de CiU ha planteado el asunto con escasa inteligencia y faltando el respeto a los campesinos andaluces, pero sucesivos gobiernos españoles y también quienes cobran el PER han sido y son unos inconscientes por negarse a reconocer lo evidente: el PER es la prueba palmaria de un fracaso histórico que, para colmo, garantiza la ausencia de futuro.
Las cosas del rural son mucho más complejas de lo que algunos creen y, por ejemplo, la reforma de la PAC tal como se plantea no tendrá los mismos efectos en toda España --hay lugares en las que incluso sería positiva.
La PAC es un puzle --como Europa y como la propia España-- y los ¿expertos? del PSOE y del PP pontifican y simplifican todo porque tienen las urnas entre ceja y ceja.