Con más o menos fortuna, la práctica totalidad de los cincuentones y sesentones hemos trabajado toda la vida. El contrato que firmamos con el Estado en los años sesenta o en los primeros setenta era claro: nosotros aportaríamos dinero vía impuestos, desde los laborales hasta los estatales, pasando por los municipales y más tarde también asumimos los autonómicos y, a cambio, obtendríamos ciertas contrapartidas, que además quedaron claras en la Constitución de 1978.
Resumiendo: a cambio de nuestro trabajo y de nuestras aportaciones vía impuestos había y hay dos contrapartidas sagradas: primera, la sanidad, la enseñanza de nuestros hijos y la justicia debían y deben ser públicas y gratuitas y, segunda cláusula, cuando nos llegue la jubilación tendremos derecho a una pensión acorde con lo que hayamos aportado.
Sin embargo, ahora, además de haber cercenado una y otra vez las pensiones, el Estado alega motivos que son radicalmente ajenos a los trabajadores --seamos asalariados, autónomos o pequeños empresarios-- para seguir burlando sus compromisos.
Ahora, cuando los que firmamos aquel contrato ya hemos superado el medio siglo de vida y vamos camino de la jubilación; tras haber trabajado más de 30 o 40 años y quedarnos todavía otros 4, 8 o 12 de labor, tras haber pagado siempre los impuestos que nos corresponden y haber criado hijos, justo ahora, el Estado se burla del pacto que selló con nosotros, nos regatea prestaciones, presiona para que nos congelen o recorten los salarios, e incluso nos amenaza con darle otro mordisco a nuestra futura pensión de jubilación.
El Estado se está burlando de todos los que firmamos su contrato cuando teníamos 14, 16 o a lo sumo 18 años --por aquel entonces sólo una minoría de jóvenes podían estudiar sin trabajar.
Y lo que es más grave, el Estado no sólo está rompiendo el contrato unilateralmente, sino que además sus voceros, acaso enloquecidos, afirman que los apuros macroeconómicos se deben a que "todos hemos vivido por encima de nuestras posibilidades"…
Quienes manejan el Estado deberían ir con tiento y pensar con rigor lo que dicen y lo que deciden, si es que todavía son capaces de pensar sin pedir permiso ni rendir pleitesía a los mercados; deberían ir con tiento porque todos los que pasamos de los 50 ya fuimos empujados hasta el borde del precipicio cuando teníamos 16, 18, 20 años... Algunos hermanos incluso cayeron [caímos], pero entonces se tragaron [nos tragamos] el miedo y ahora, unos lo están perdiendo y otros ya lo hemos perdido definitivamente.
Todavía no somos ancianos decrépitos, encamados e impotentes, pero sí somos lo suficientemente viejos para haber perdido el miedo a la vida y empezar a perdérselo a la muerte.
El Estado sabe que nada, ¡absolutamente nada!, justifica que nos siga exprimiendo para seguir enriqueciendo a unos pocos que ni siquiera saben qué hacer con tanto que tienen.
A las amenazas del Estado sólo cabe replicar con una amenaza: Si rompe definitivamente aquel contrato, cada vez seremos más los viejos dispuestos a caer en silencio.
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"En los últimos 30 años los trabajadores han perdido una media del 18% de capacidad adquisitiva",
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"Los asalariados que votan al PP están otra vez de enhorabuena: El Gobierno de Rajoy sube el IRPF",
"El Gobierno de Rajoy premia a uno de sus nichos de votos congelando el salario mínimo interprofesional",
"Consecuencias de aplicar el modelo de capitalización en el subsidio de paro, tal como propone el PP",
"Pensiones: Antes era por la gracia de Dios y ahora es por la de san Consenso",
"España es el país de Europa occidental que peor trata a sus jóvenes",
"Si el despido ya es libre, ¿qué canastos quiere la CEOE?"
"La trampa perfecta: Debatir sobre la ¿necesaria? reforma laboral",
"La mayoría de los trabajadores quieren una reforma económico-laboral",
"Primero de Mayo: El trabajo es el valor económico fundamental", y
"Barómetro Social de España: Más capital y menos salario".
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En la Comunidad Valenciana ya nos han bajado el salario vía reducción al 50% del complemento por Sexenio, es decir de formación, y como tu dices castigando a quienes ya llevamos sobre nuestras espaldas 30 años de servicio o más porque cuantos más sexenios mayor bajada de sueldo. Volvemos a las barricadas de la lucha de clases, no hay más remedio.
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