23 enero 2012

En los últimos 30 años los asalariados han perdido el 18 % de capacidad adquisitiva

Atendiendo a los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), complementados con informes y estudios de sindicatos, Confederación de Cajas de Ahorros (CECA) y Cáritas, la capacidad adquisitiva media real de la generalidad de los españoles al cierre del año pasado era un 9 % inferior que hace un decenio, en 2002 [ver infografía al pie de este texto].
Los datos del INE referidos a las evoluciones de los salarios y del índice de precios al consumo (IPC) que se han registrado durante ese decenio, analizados sin más referencias, reducen ese diferencial a la mitad, pues sólo computan los ingresos de los asalariados, sin tener en cuenta la ocupación real; es decir, excluyen los trabajadores irregulares, que suman entre 1,8 y 3,5 millones de personas, según las fuentes (la segunda cifra incluye a los contratados a tiempo parcial que en realidad cubren jornadas completas, entre otras perversiones).
Además, evidentemente, la práctica totalidad de quienes trabajan en condiciones irregulares, entre los que abundan los que no están dados de alta en la seguridad social, perciben emolumentos inferiores.
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Perversiones
Las cifras oficiales tampoco tienen en cuenta el elevado número de asalariados que cobran menos de lo que consta en sus nóminas; práctica esta que según las centrales sindicales afectaría a 1,3 millones de personas, siendo esta la cantidad inferior de las que barajan.
En definitiva, teniendo en cuenta el amplio abanico de irregularidades que caracterizan el mercado laboral español, las cifras del INE --sin menoscabo del rigor y de la eficiencia a la hora de trabajar los datos de que dispone-- son manifiestamente insuficientes para conocer, siquiera aproximadamente, los ingresos medios por persona o por hogar, pues el INE solo refleja cifras oficiales (o declaradas), o bien el resultado de encuestas (caso del IPC).
Al margen de singularidades, ese fenómeno --el de las distorsiones que acusan los cómputos socio-económicos oficiales-- es similar a los que se dan en el resto de Europa. Por ejemplo, en Alemania y Francia y en lo tocante a sus tasas de desempleo, resulta que en realidad son notablemente más elevadas que las que comunican a la Administración comunitaria --que son las difundidas en España--, entre otras cosas porque las autoridades alemanas no computan, entre otros colectivos de parados, a quienes buscan trabajo mediante agencias de colocación privadas y en el caso de Francia, las estadísticas oficiales excluyen a quienes buscan empleo por primera vez, entre otras singularidades.
De modo que, tal como denuncian cíclicamente los sindicatos de uno y otro país, las tasas de paro oficiales de Alemania y Francia engañan y la tasa real de población activa sin empleo en ambos países es entre un 35 y un 50 % más elevada, según geografías y épocas del año.
Así las cosas, es obligado contrastar todos los datos oficiales disponibles con los de otras fuentes.
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Cambios de tendencia
En el caso de España y con relación a la capacidad adquisitiva, la evolución de los ingresos y de los precios --que son los referentes fundamentales, pero no los únicos-- durante el decenio estudiado arroja saldos anuales positivos (aumento de la capacidad de compra) hasta 2007, año en que estalló la crisis financiera en Estados Unidos.
En el segundo semestre del 2008 y pese a que se había producido una ligera deflación, la capacidad adquisitiva media de los españoles empezó a reducirse más y más rápido, tendencia que ha persistido durante los años 2009, 2010 y 2011.
Además, según todas las proyecciones realizadas para este año, el desplome persistirá y, aunque quizá se atenúe, se prolongará durante al menos otros dos ejercicios.
A este respecto, cuatro de los cinco economistas consultados estiman que la caída de la capacidad adquisitiva podría estabilizarse a finales de 2014 y marcar una ligera recuperación en 2015; si bien matizan que esto sólo será posible --incluso admiten que podría ocurrir antes-- si se recupera el crecimiento, para lo que califican de «imprescindible» la inversión pública y la normalización del crédito, condiciones sine qua non para que a su vez aumente la inversión privada y se vuelva a generar empleo --mejor dicho, se recupere siquiera parte del perdido.
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Espejismos
A medida que se profundiza en el estudio de la capacidad adquisitiva real, aumentan las sorpresas, también en el IPC. Una de las cuestiones más sobresalientes radica en que el cálculo oficial del IPC prescinde de los pagos para amortizar las hipotecas de la vivienda habitual, pues el epígrafe de gastos por vivienda sólo computa los de mantenimiento.
Ese lunar es doblemente grave en un país como España, en el que ser propietario del piso o la casa es un criterio sacralizado, siendo el territorio de la UE con el más bajo porcentaje de población residiendo en régimen de alquiler (poco más del 10 %, tres, cuatro y hasta cinco veces menos que en Alemania, Austria, Francia, Holanda, etcétera).
En paralelo y en lo tocante al resto de precios, durante el decenio estudiado (2002-2011) el IPC oficial refleja una evolución de precios que es entre 1,4 y 2,3 puntos inferior a la resultante de tener sólo en cuenta los productos básicos de la cesta de la compra diaria de la inmensa mayoría de los españoles.
La lista de productos fundamentales que se ha utilizado para hacer este cálculo --que es estrictamente orientativo-- sólo recoge los alimentos y bebidas no alcohólicas, la energía (sólo gas y electricidad), el agua, los artículos de limpieza personal y del hogar, así como el mantenimiento de este; excluyendo gastos no habituales o de lujo como joyas, servicio doméstico o cirugía estética, entre otros.
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Precedentes
Con anterioridad al decenio estudiado, durante los años ochenta y hasta 1998, la capacidad adquisitiva se redujo casi todos los años.
Todos los estudios consultados (once) indican que entre los últimos años setenta y los últimos noventa la capacidad de compra media de los asalariados españoles había caído un mínimo del 8,5 % --hay informes que elevan esa tasa hasta el 14 %--, tendencia que experimentó un repunte con la entrada del euro (2002), fenómeno este que todas las fuentes citan pero que, paradójica y significativamente, apenas queda reflejado en las cifras oficiales del IPC.
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Reproducción facsímile de los textos, publicados ayer en La voz de Galicia

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