Satanizar, endiosar y creer es más cómodo y rentable que analizar, contextualizar y dudar

viernes 27 de enero de 2012

Las "primarias" del PSOE ya se parecen a las estadounidenses, pero menos coloristas y ruidosas

El empeño de Pérez Rubalcaba y Carme Chacón en convertir sus campañas a la secretaría general del PSOE en un espectáculo de carácter social obliga a prestar atención al episodio.
De entrada, que sean dos ex ministros de los últimos gobiernos de Rodríguez Zapatero las alternativas para relevar al leonés en el liderazgo es, cuando menos, significativo e, inevitablemente, exige recordar que el PSOE zapaterista ha completado lo que con mayor inteligencia había puesto en marcha Felipe González: el PSOE ha dejado de ser un partido de izquierda para convertirse en una formación de centro --a fecha de hoy, ni siquiera de centro-izquierda, pues su práctica de gobierno es la propia de un partido social-liberal.
[El liberalismo nada tiene que ver con personajes como Esperanza Aguirre, que periódicamente se llena la boca autoerigiéndose en liberal. Ver: "Si Esperanza Aguirre es liberal, Rodríguez Zapatero es anticapitalista..."]
El objetivo de la socialdemocracia (o si se prefiere, del centro-izquierda) no es hacer la revolución, ni siquiera cambiar lo sustancial del capitalismo, pero sí es el ala del socialismo clásico que aspira a gestionar el sistema con racionalidad, sin modificar su base, pero redistribuyendo parcialmente la riqueza para mejorar la calidad de vida de la mayoría de la población.
En términos generales, la socialdemocracia respeta los principios elementales e irrenunciables de la izquierda.
Sin embargo, el PSOE hace tiempo que dejó de practicar de forma constante y decidida los criterios de la izquierda. Es más, a la hora de consolidar al PSOE en las posiciones siempre equívocas del centro político, los zapateristas han sentado cátedra.
De modo que si el relevo es un ex ministro zapaterista, sea Pérez Rubalcaba o Carme Chacón, el congreso destila desconfianza, lo quieran o no reconocer los socialdemócratas que quedan en el PSOE, que los hay [algunos de los cuales han sido ninguneados por el zapaterismo, como son, por poner dos de los más recientes apartados, Jordi Sevilla y Cristina Narbona].
Rodríguez Zapatero adornó su centrismo con políticas sectoriales de corte positivo, cierto, pero que son de estricto e indudable corte liberal --en el sentido clásico de este término-- y en las que es obligado destacar un sensato y racional respeto a la persona y a la libertad individual. La última reforma de la ley de interrupción voluntaria del embarazo y el reconocimiento legal de las parejas de homosexuales constituyen dos buenos ejemplos de esa actitud liberal; rasgo este que, en rigor, no es exclusivo de los socialdemócratas.
La en su día ensalzada renovación socialista que pilotaba Rodriguez Zapatero, con José Blanco sentado a su diestra, fue una excelente campaña de imagen. Poco más. De hecho, el primer triunfo electoral del zapaterismo fue fruto de la insoportable levedad ética y del adelgazamiento al que había sido sometido el Estado por parte de los gobiernos de Aznar López --el cual, además, se ganó miles de antipatías debido a su chulería política--; y el segundo triunfo electoral del zapaterismo se debió, básicamente, a más de lo mismo [de forma pareja, la victoria del PP del pasado 20-N se debió más a la escasa credibilidad del PSOE que a los méritos del marianismo].
El zapaterismo puso un puente de plata al marianismo 
Las medidas anti-sociales que ahora ejecuta el Gobierno de Rajoy para hacer frente a la crisis financiera son las mismas que empezó a aplicar el Ejecutivo zapaterista; sólo ha cambiado la profundidad de las mismas, que ahora es mayor --a lo que se sumarán las ya anunciadas medidas regresivas en materia de derechos civiles--; es decir, ahora gobierna la derecha pura y dura.
Los ex ministros Pérez Rubalcaba y Carme Chacón no son creíbles como socialdemócratas, esa credibilidad deberán ganársela.
Pérez Rubalcaba merece respeto político por su trayectoria, caracterizada por la fidelidad, por su también probado liberalismo en materia de derechos y por su actitud racionalista en el debate político; en tanto que Chacón Piqueras es un interrogante que, para colmo, durante la campaña de las primarias no ha pronunciado ni una sola frase que alimente la esperanza de que con ella el PSOE podría recuperar siquiera parte de los criterios del centro-izquierda.
Mucho hablar de la ilusión y de no zurrarse entre compañeros de partido, mucho apelar a conceptos genéricos y al futuro, pero nada sustancial --en este sentido, Pérez Rubalcaba ha sido más político y ha lanzado algunos mensajes esperanzadores, aunque tan leves que no contrarrestan su adscripción al social-liberalismo que tan acertadamente lideró su ex jefe, Rodríguez Zapatero.
Ignoro si los socialdemócratas que conservan el carné del PSOE han optado, como bloque y en el ámbito interno del partido, por uno de los dos candidatos. Escuchando a uno y a otra, así como a voces de amigos y conocidos con carné del PSOE que siguen siendo de izquierda, todo indica que se sienten más cerca de Pérez Rubalcaba.
En resumen, desde un punto de vista de centro-izquierda y desde la izquierda en general, de las elecciones a las secretaría general del PSOE cabe subrayar que carecen de debate político; es más, empiezan a parecerse a las primarias de los demócratas y republicanos estadounidenses, aunque con menos colorido y menos ruidosas, por fortuna.
REFLEXIONES blogueras precongresuales, en INTERNET OPINA-RADIOCABLE.

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