"La Casa Real [es decir, el titular de la Jefatura del Estado] ha dejado ver finalmente cuáles son sus verdaderas intenciones en el caso Urdangarin con la solicitud cursada al instructor de la causa, el juez José Castro, y al decano de los jueces de Palma de Mallorca, Francisco Martínez Espinosa, para que el duque no se vea obligado a hacer el paseíllo hasta los juzgados y sea captado por los flases de los periodistas, el próximo día 25 cuando acuda a declarar", según relata EL PLURAL, que no es un medio sospechoso de alentar el descrédito institucional, ni tampoco puede ser tildado de oponerse a la monarquía parlamentaria.
[ACTUALIZACIÓN (25 febrero): Se ha impuesto la racionalidad, los jueces aplicarán a Urdangarín el mismo tratamiento que al resto de ciudadanos]
[ACTUALIZACIÓN (25 febrero): Se ha impuesto la racionalidad, los jueces aplicarán a Urdangarín el mismo tratamiento que al resto de ciudadanos]
¿Por qué ese y otros medios escrupulosamente prudentes cuando se refieren a las instituciones subrayan ciertos detalles de la instrucción del caso Urdangarín?
Muy sencillo: porque los hechos están convirtiendo en retórica la afirmación de Juan Carlos I de que la justicia es igual para todos --así lo aseveró el monarca en su mensaje navideño de diciembre pasado.
Ignoro si ha sido premeditado, pero esta misma semana la portavoz del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) también ha restado credibilidad a las palabras del rey y, por ende, lo ha hecho en un programa de la TV pública, Los desayunos de TVE, donde Gabriela Bravo ha dicho, textualmente, que "no todos los imputados son iguales, no todos los asuntos judiciales están sometidos a la misma presión mediática". Sin embargo, el caso Urdangarín no ha sido ni es el único, ni tampoco sus acusados son los más afectados por la presión mediática en la historia de la España democrática.
Además: ¿qué criterio legal ampara proteger con discriminatorio rigor la imagen de unos reos, o no evitar la satanización de otros?
[ACTUALIZACIÓN (lunes 13 febrero): La portavoz del CGPJ, Gabriela Bravo, ha abundando en sus declaraciones sobre la igualdad aludiendo a las "circunstancias de cada caso" y alega que, "por lo que he visto, algunos no lo comprendieron"... En resumen, que resbaló y ahora trata de levantarse disimulando el batacazo]
[ACTUALIZACIÓN (lunes 13 febrero): La portavoz del CGPJ, Gabriela Bravo, ha abundando en sus declaraciones sobre la igualdad aludiendo a las "circunstancias de cada caso" y alega que, "por lo que he visto, algunos no lo comprendieron"... En resumen, que resbaló y ahora trata de levantarse disimulando el batacazo]
Es más, en un Estado democrático de Derecho, que entre otras muchas cosas consagra la igualdad ante la ley, está más justificado informar con especial amplitud de los acusados o culpables de delitos que afectan al bien común y a la caja de todos que de los sospechosos o condenados de o por episodios delictivos de ámbito privado.
Credibilidad bajo mínimos
Pero por encima de esas consideraciones, hay una más sustancial:
¿Acaso la Justicia española es, sin duda alguna, la que corresponde a un Estado democrático de Derecho, máxime teniendo en cuenta que el presidente del Tribunal Supremo juró fidelidad a los principios políticos del Movimiento Nacional?
¿Se imagina usted que Konrad Adenauer hubiera propuesto y nombrado presidente del Supremo de Alemania a un jurista que unos años antes había jurado su acceso a la función pública asumiendo los dogmas de III Reich, inspirados en el Mein kampf de Hitler?
[Es perfectamente admisible que una vez aprobada la Constitución de 1978 el Estado conservara en plantilla a la generalidad de los funcionarios, pero desde una óptica democrática es injustificable que accedan a las más altas instancias de poder, máxime en la judicatura, quienes asumieron como propios los criterios políticos y técnicos de la dictadura]
Los avatares del caso Urdangarín son radicalmente chuscos, tanto que hasta Diego Torres --presunto cómplice del presunto delincuente apellidado Urdangarín-- ha exigido formalmente a través de su abogado que no se dé trato de favor al esposo de la hija del rey; así lo ha solicitado en escrito presentado por su abogado tras enterarse de la existencia de presiones para que la declaración del yerno del jefe de Estado no sea grabada con el pretexto de evitar que sean divulgadas la voz y la imagen del duque, según ha informado El país, medio este al que también sería absurdo tildar de anti-monárquico.
Y El mundo, otro medio que tampoco aboga por el derrocamiento de la monarquía parlamentaria, ha publicado un editorial subrayando que en la tramitación del caso Urdangarín se están otorgando privilegios al investigado más popular: "Es la primera vez que un miembro de la Casa Real se ve envuelto en un proceso judicial y por ello todos los implicados deberían esforzarse por cumplir escrupulosamente, no sólo la ley, sino los procedimientos habituales que se siguen con cualquier ciudadano. Es el momento de demostrar que lo que dijo el rey en su mensaje navideño se corresponde con la realidad", precisa el texto del rotativo madrileño.
En resumen, el episodio viene a confirmar lo que es evidente desde hace ya años: la deriva del poder judicial es inquietante.
Otra prueba del creciente descrédito de la Justicia es que desde 1978, año de aprobación de la Constitución vigente, distintos tribunales de diferentes jurisdicciones han declarado ilegales, irregulares o contrarias a Derecho decenas de escuchas ordenadas por jueces, pero sólo un instructor, sólo uno, ha sido condenado por ese motivo --dando por correcto el contenido de la sentencia, que en si mismo ya es más que discutible.
Acatar es obligado, no se trata de romper la baraja. Pero de ahí a bendecir que las instituciones se comporten como las de un régimen bananero media un abismo.

No confío en la justicia española, no creo en su independencia y mucho menos en su imparcialidad. La unanimidad en la condena a Garzón me parece mas bien el síntoma de que no hay redención posible para el sistema judicial español. No puedo evitar pensar que la justicia española hace lo que siempre ha hecho, perseguir a las víctimas del fascismo nacional-católico y arropar a sus pistoleros y paramilitares. En conciencia, me declaro insumiso a este sistema judicial.
ResponderSuprimir... y de la Casa Real.
ResponderSuprimir