18 diciembre 2012

El PP corona a doña Contabilidad y parte de la izquierda se reclina y debate con ella

El PP aplica su política económica con autoritarismo y exige resignación
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Hace unos días escribí un post apuntando que la economía de los españoles no empeora debido a los errores del Gobierno, sino debido a sus aciertos... Abundaré en esa aparente contradicción.
Casi toda la oposición parlamentaria al PP ha caído en la doble trampa de la derecha, que por lo visto ha convencido a casi todos los partidos del hemiciclo de dos absurdos:
 Hacer política también es gestionar bienes, sean muchos o pocos, esto el PP lo entiende perfectamente, pero exagera al convertir la contabilidad en la quintaesencia de la política; pero es lógico que lo haga, pues la derecha española sigue anclada en los criterios del feroz capitalismo de la primera revolución industrial, prescindiendo de que apretar tanto en pleno siglo XXI desestabiliza la sociedad y... esto puede acabar como el rosario de la aurora; y
2º Todo es economía, ¡sistémica, por supuesto!; cuyos valedores más radicales trabajan con criterios "religiosos": enalteciendo profetas y santos [entidades paraoficiales e instituciones: FMI, la Fed, las bolsas, el BCE, las autoridades económicas, etcétera] e imponiendo catecismos interesados: rentabilidad dineraria, tasas de cambio, precio del dinero, beneficios empresariales, seguros, reaseguros y CDS, y demás referencias, casi todas econométricas y la mayoría, discrecionales.
El Gobierno del PP maneja la contabilidad, lo cual es legítimo, y además lo hace bien porque sabe lo que quiere y sabe en beneficio de quienes administra [cosa que el PSOE ha olvidado poco a poco a lo largo de los últimas dos decenios a ritmo progresivamente acelerado].
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Encantador de serpientes... este es indio
El pasado futuro y el futuro pasado
La única superestrucura (ideología) sólida de los partidarios de ese capitalismo añejo es, básicamente, la misma que la del franquismo: los valores y prejuicios de la Iglesia Católica.
El nacional-catolicismo del PP refuerza dos verdades profundamente arraigadas en millones de ciudadanos españoles, ¡ya está bien de propalar esa simpleza de que el pueblo siempre es sensato y tiene razón!: la necesidad de que la autoridad sea intolerante [sea pública, empresarial o familiar, la autoridad debe tener güevos e imponer sus verdades] y la virtud de la resignación, que conlleva siempre la asunción de justos sacrificios en pro de un futuro mejor... ¡Y del paraíso celestial! [la cuna, la capacidad de sumisión y los “amigos poderosos” constituyen las tres armas de esa providencia sistémica, porque es ella quien determina el destino de las personas; de modo que el estudio, el talento y el trabajo son valores menores y casi siempre, prescindibles].
Resumiendo: en materia de gestión y atendiendo a lo que persigue, el Gobierno del PP acierta. En cambio, el PP está edificado sobre unos cimientos ideológicos ruinosos: el franquismo, régimen que amalgamó y difundió una serie de valores que calaron profundamente entre los españoles [por mucho que se hiciera aquello de que “a España ya no la conoce ni la madre que la parió” (Alfonso Guerra), esa frase era poco más que un deseo].
El calado social del que todavía gozan los valores retrógrados que hizo suyos y reforzó el franquismo mantiene en pie el pilar ideológico del PP, no hay nada más, aparte del dinero y del poder [no nos engañemos, la derecha que representa el PP no suma millones de votos porque sea racionalmente atractiva, sino porque hace suyas las medias verdades y los silogismos de parvulario que tanto gustan a millones de españoles]. Pero la fuerza de esos valores y de las lealtades que concita son frágiles y se las puede llevar una simple y oportuna brisa, o el ventarrón de la recesión económica.
Esos rasgos parafascistas impiden que el PP [así como el amplio sector de la sociedad española que se baña en la misma piscina] asuma aspectos básicos de la economía capitalista del siglo XXI y de las democracias parlamentarias del Occidente europeo.
Para no extenderme, resumiré lo esencial de esa tara en un aspecto que estimo particularmente ilustrativo: el PP ni siquiera se plantea persuadir a sus votantes, los utiliza y punto, y mucho menos se plantea persuadir a sus contrincantes, ni siquiera a los que también son conservadores (casos de CiU y PNV).
El PP recurre a las enseñanzas del franquismo, que aplicó las mañas de la curia: acuñar lemas, sacralizar verdades, generar sospechas y miedos, crear héroes de quita y pon, alimentar desconfianzas, construir verdades por insistencia, engalanar ocurrencias… Dogmas, ritos, adornos...
Como religión política, el PP es un cuerpo casi perfecto. Como cultura política es un cero patatero. Tanto que es peligroso para la estabilidad socio-institucional, genera inseguridad jurídica y dificulta el correcto funcionamiento del propio sistema.
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El PP fracasa ideológicamente, pero favorece a quienes se debe
Dos pruebas del fracaso del PP como ideología de futuro (ni siquiera para la clase alta):
 El PP siempre acaba ganándose la animadversión, con mayor o menor celeridad, de las clases medias y bajas, empezando por los ciudadanos más instruidos o menos aborregados [salvo los que hacen negocio en ese río revuelto de connivencias al que recurren las aguirres, los camps y los feijoos al mezclar lo público y lo privado en beneficio de lo segundo]; lógicamente, los sucedáneos del bonapartismo siempre obtienen el aplauso de los idiotas y del lumpen, no me refiero al lumpenproletariado clásico, sino a los millones de ciudadanos que han sido o están políticamente aculturizados, más los millones que por comodidad o por interés se refugian en la "ignorancia"; y
2ª El PP recurre al latiguillo de la violencia por norma. En la Europa occidental posterior a la segunda guerra mundial, cuando en un país hay un sector de la sociedad, por pequeño que sea, tan desesperado que recurre a la violencia es evidente que el Gobierno y el partido que lo sustenta han fracasado.
El PP hace sólo un año que accedió al poder y no sólo admite que ya se registran episodios de violencia, sin que además los combate echando más leña al fuego. Peor aún, en el colmo de la insensatez disfruta utilizando la excusa de la violencia....
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La izquierda critica los éxitos del PP...
Frente a esa derecha ignorante que incluso pone en riesgo la estabilidad social, parte de la izquierda española insiste en el error de calificar de fracaso lo que en rigor son éxitos político-económicos del Gobierno de Rajoy, pues está haciendo lo que quiere hacer y sin apenas oposición real. 
Más claro: hay cuadros de la izquierda que orillan lo esencial: el PP es el partido de las clases media-alta y alta, que en España son tan codiciosas que apuestan por el capitalismo salvaje, convencidas de que pueden vivir bien y sin problemas en un país con un Gobierno "policial" que inevitablemente se irá debilitando.
En materia económica el PP acierta al favorecer a los suyos, pero lo hace de forma tan irracional, incluso desde el punto de vista del propio sistema, que pone en peligro la estabilidad... obviando que si esta se pierde, también se diluyen sus triunfos.
En ese escenario, hablar de contabilidad con una derecha como la española carece de sentido. El PP sólo deja un camino a la oposición: rechazar todo diálogo con el Gobierno y rebelarse. El maniqueísmo del PP no deja otra alternativa.

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