01 julio 2013

Croacia: Otra "parcela" de la dinamitada Yugoslavia ingresa en la UE

Tras el ingreso de Eslovenia en 2004, Croacia es el segundo Estado surgido de la antigua Yugoslavia que accede a la Unión Europea (UE).
Hoy, Zagreb ya es la 28ª capital de la Europa comunitaria.
El territorio de la actual Republika Hrvatska (República Croata) abarca el noroeste de la antigua provincia romana de Iliria e incluye la totalidad de la histórica y mítica Panonia y de la también mal recordada Dalmacia, que comprende una de las costas más bellas de Europa.
Croacia es una de las variadas naciones aparecidas, relegadas, reconstruidas o inventadas en la región de los Balcanes, donde ya iniciado el siglo XXI los intereses comerciales y geoestratégicos de Alemania y EE UU han fabricado la "nación" kosovar, construida en base a un fenómeno demográfico: la emigración de miles de albaneses que a lo largo de varios decenios se afincaron en la provincia serbia de Kosovo hasta convertirse en mayoría étnica, religiosa y económica en la que juegan un rol fundamental varias organizaciones de delincuentes.
Croacia no es una nación inventada, pero sí un Estado novísimo, proclamado unilateralmente en 1991 gracias al apoyo de Occidente, con Alemania al frente, y que logró asentarse tras librar una cruenta guerra con lo que quedaba de la dinamitada República Federativa Yugoslava (RFY).
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La Croacia soberana en la Europa del año 1100
(pulsar sobre el mapa para aumentar su resolución)
El antecedente medieval
Antes de 1991, los croatas sólo habían sido dueños de su futuro durante apenas dos siglos, desde el año 925 hasta 1102, como resultado de la unificación de los dos condados en que estaba dividida la nación para constituir el Reino de los Croatas.
Los "hrvati" procedían, básicamente, del sur de la actual Polonia y del oriente de la actual Eslovaquia, de donde fueron desplazados por los ávaros, germanos y hunos durante los siglos VI y VII, para a su vez desplazar ellos a la tribu de los escordiscos (celtas) que poblaban la costa nororiental del Adriático.
En el siglo X, cuando se fundó el reino croata, los croatas ya era mayoría o minoría dominante en todas las comarcas de las antiguas Panonia y Dalmacia, incluidos el sureste de la actual Eslovenia, y parte del norte y del occidente de la actual Bosnia.
El primer monarca fue Tomislav, hijo del duque de Dalmacia, cuyo ejército logró derrotar a la entonces poderosa Hungría y engrandecer la extensión del nuevo reino con la incorporación de casi toda la actual Eslovenia.
Tras la muerte del rey Esteban II (1091), que accedió al trono ya anciano y gobernó apenas dos años, se desencadenó una crisis hereditaria que fue aprovechada por Ladislao II, monarca de Hungría, que se hizo con el poder e indirectamente con el trono de Croacia amparándose en que su hermana Helena era la viuda del monarca croata Dimitar (el que precedió a Esteban II).
En 1102, en la batalla de Gvozd fue derrotado el grupo de nobles croatas que se oponían a la disolución total del reino en el seno del húngaro, y Croacia desapareció durante ocho siglos, formado parte sucesivamente del Reino de Hungría, del Imperio Austro-húngaro [hubo períodos durante los que Croacia recuperó cierta autonomía, aunque siempre bajo el control de la imperial Viena, cuyo monarca también lo era de Hungría y, por tanto, de Croacia, así como titular de un transitorio y singular reino llamado de Croacia y Eslavonia]; luego el territorio fue conquistado por el Imperio Otomano y al acabar la Gran Guerra (1918), integrado en el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos [la llamada "primera Yugoslavia"], y en 1945, al finalizar la siguiente conflagración mundial, se constituyó en república y se sumó a la RFY [la "segunda Yugoslavia"].
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1941: Estado croata de la Ustacha, al servicio del III Reich
No obstante, en rigor y atendiendo a criterios "institucionales", entre el reino del siglo XII y la Croacia que se segregó de la RFY a finales del XX existió una Croacia soberana durante algo más de tres años: el denominado Nezavisna Država Hrvatska (Estado independiente croata), organizado por los jerarcas nazis durante el verano de 1941, inmediatamente después de la derrota del ejército del reino de Yugoslavia.
Berlín confió la gobernación del estado satélite del III Reich a la organización ultranacionalista croata Ustacha, a la que también fue adjudicado el control administrativo y policial de los territorios de la provincia de Bosnia-Herzegovina [numerosos musulmanes bosnios, o bosniacos, se sumaron a la Ustacha y entre sus líderes más relevantes figuraba un joven llamado Alija Itzetbegovic].
La Ustacha aplicó a rajatabla la doctrina hitleriana, también los criterios racistas y genocidas, lo que costó la vida a cientos de miles de personas [la cifra de asesinados varía entre 350.000 y 1.100.000, según las fuentes; la segunda es sin duda exagerada], víctimas del ultranacionalismo croata por ser judíos, gitanos o porque pertenecían o habían sido acusados de pertenecer a la guerrilla antinazi o a organizaciones políticas de la oposición.
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