02 octubre 2013

Empresas asociales y periodistas indignos alegan que "el cliente siempre tiene la razón"

El asesinato de una niña vende más prensa y aumenta la audiencia de TV
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El tratamiento informativo con el que demasiados medios han hecho caja aprovechando el asesinato de una niña en Santiago de Compostela es fruto de dos lacras: el egoísmo económico de algunas empresas y el amarillismo (sensacionalismo más morbo), que es una de las taras clásicas del periodismo. Ninguna de las dos es nueva.
En rigor, lo único novedoso es que el despropósito ha sido mayúsculo y ha dejado constancia de que hay lacras profesionales y empresariales que engordan peligrosamente.
Siempre hubo sensacionalismo. Sin embargo [que yo recuerde, a punto ya de cumplir los 60], durante la segunda mitad de los años setenta, el siguiente decenio y parte de los noventa esa perversión fue moderada, o soportable.
En España, el proceso de deterioro se inició a finales de los años noventa, cuando los ejecutivos y algunos periodistas decidieron levantar la voz para afirmar que convenía ofrecer más entretenimiento, anteponiendo el negocio a toda consideración: somos empresas de servicios, como otras, y nuestro negocio consiste en suministrar noticias, consejos, pasatiempos, agenda... peroraban.
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Los grandes directivos de la industria de la información... 
Triunfaron los propietarios, los directivos de empresa y los periodistas que se codeaban con el poder económico y con los inversores. Pusieron de moda los proyectos multimedia, había que ser más grandes y tener huevos en todas las cestas porque sólo el dinero da independencia, insistían; cuando en realidad querían decir que sólo así podían ganar más. ¿Riesgos?... ¡da igual!
Había que ganar más e intimar con el poder, pero llegaron a un punto que ni siquiera el dinero y la cercanía del poder bastaban, lo que querían era tutearse con la banca y formar parte del poder, porque así se gana más y más...
Fue un proceso complejo. Fue ganando crédito y partidarios la tesis de que la información es un producto como otro cualquiera y basta con hacer paquetes de regalo; de modo que el valor del diseño (el empaquetado) fue sobredimensionado y para redondear fueron añadiendo elucubraciones, ocurrencias, y no seáis monjitas, poned un poco de morbo... así, poco a poco, cuando el suceso o la bronca política se prestaban se echaba un buen chorro de sangre o de bilis, cada vez más. Y el deterioro también ha ido a más.
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Viñeta de J·R·Mora
El poder influyó, pero la decisión
fue de las empresas del sector
No pocos analistas y observadores relacionan ese proceso de mercantilización y trivialización con el acceso al poder del postfranquista José María Aznar y su cohorte de propagandistas nacional-católicos; entre los que figuraban quienes pulieron y dieron esplendor a la llamada "caverna mediática".
Cierto, pero ese factor político, aunque relacionado, tuvo efecto limitado. Fueron las propias empresas las que tomaron la decisión de convertir la información en un mero producto.
A estas alturas el poder apenas necesita presionar, es ajeno a la profusión de entretenimientos y al sensacionalismo que con motivo de la muerte de Asunta y de otros sucesos protagonizan los diarios y las emisoras de radio y TV.
Poco se puede añadir a las alertas lanzadas por profesionales y estudiosos de la información que  denuncian los despropósitos. Mas hay un par de detalles que considero sustanciales y que por motivos que ignoro apenas han sido reseñados.
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Un argumento simplista y otro singularmente perverso
A la hora de justificarse, los reos de amarillismo casi siempre se defienden con dos argumentos estándar:
El primero es una simpleza:
* El cliente pide un producto y la empresa propietaria del medio se limita a fabricar y comercializar lo que demanda el mercado...
Si lo consideran preciso, quienes alegan semejante sandez ponen cara de riguroso gestor o de inocente periodista asalariado y concluyen: si no vendemos, no comemos...
Y el segundo argumento refleja una perversión:
* Los hechos son así y los reproducimos tal cual [y también lo que dice fulano o mengano, aunque sea mentira]
Esta justificación parece insípida pero es golosa, de modo que muchas moscas se quedan adheridas. Resumiendo, la Verdad absoluta a la que se refieren esos visionarios no existe, jamás ha existido, mucho menos en sucesos como el infanticidio de Compostela. Creer que existe una verdad, la Verdad, es la más vieja de las trampas a las que recurren los manipuladores.
Además, para difundir lo que dice una persona, sea un político o un deportista, no hacen falta periodistas, basta con que los medios contraten trabajadores que manejen cámaras y grabadoras más un grupo de simples copistas o escribidores.
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Dos preguntas para colocar el cepo de la verdad verdadera
* ¿Acaso los medios son responsables de que el consumidor de información pida morbo?...
* ¿Acaso los periodistas son  responsables del embrutecimiento social?...
Basta una respuesta para colocar esas preguntas en el sitio que les corresponde, pero les molesta sobremanera y recurren al ardid de la humildad: exageráis la influencia de los medios...
Los medios son responsables del embrutecimiento social.
No son los únicos, por supuesto, pero figuran entre los principales responsables del embrutecimiento intelectual de numerosos ciudadanos [seamos sinceros: ¡de muchos ciudadanos!].
Los hechos han demostrado hasta la saciedad que los medios juegan un rol fundamental en la salud mental colectiva, quienes afirman que la sociedad se embrutece sola en un proceso degenerativo de carácter natural son darwinistas sociales, mienten o son unos redomados ignorantes.
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Los poderes político y económico, la religión... y los medios
El poder político, los grandes consorcios, los ancestrales poseedores de la Verdad (las iglesias y similares) y los medios, por ese u otro orden en función de la época, han sido y son los responsables fundamentales del mayor o menor embrutecimiento social [hoy, en Occidente tampoco vale librar de toda responsabilidad a los individuos, salvo que se considere que todos son profundamente lerdos e incapaces de tener criterio propio].
Siempre hubo basura informativa. Siempre. Hay épocas durante las que por distintos y variados motivos ese fenómeno ha sido soportable, pero en España repunta desde hace años y con la recesión, más.
El argumento de que el cliente siempre tiene la razón y debemos darle lo que pide es la más perversa y miserable de las justificaciones.

2 comentarios:

  1. 1. Bienvenido de nuevo.
    2.El reflejo temporal que pones al comienzo lo tengo fijado de otra forma más burda desde una charla informal en el 97, pero coincidiendo totalmente contigo.
    3.El resto, me ha aclarado mis propias ideas.
    Para mi, de nuevo, un artículo sobresaliente, de los que te hacen reconocerte.

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  2. Es evidente que el tratamiento informativo del caso de la niña Asunta no ha sido el mejor. Cosas como mostrar la cara de la niña en las televisiones se hacen totalmente innecesarias, por irrelevantes y porque lo único que hacen es añadir morbo a un hecho que, de por sí, pone los pelos de punta....

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