12 enero 2014

"¡Viva Paña!": La rapiña manda en la economía, la prepotencia en la política y la banca en los medios

Si el sector social más instruido y la intelligentsia del país siguen lavándose
las manos, las instituciones seguirán enajenadas y el deterioro irá a más
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Los ciudadanos españoles viven (vivimos) un momento histórico. Sin embargo, todavía es posible que el episodio se sume a los que con anterioridad concluyeron con un "madrecita, que me quede como estoy"; es decir, eludiendo retos y posponiendo soluciones.
El momento histórico es singular porque, de entrada, la Casa Real y parte de la clase política han dilapidado la credibilidad que atesoraron casi todas las instituciones del Estado durante la década de 1980 y parte de la siguiente.
El derroche de activos ha sido de cuantía tan elevada que ha superado con creces los errores en los que también han incurrido los conductores de los demás países del Occidente europeo, hasta el extremo de que el actual partido de Gobierno, su alternativa natural, el PSOE, y otras formaciones han levitado y se han convertido en empresas que compiten mediática y electoralmente para sumar fieles (o clientes) y ganar votos.
Demasiados dirigentes políticos están convencidos de que la única función de sus respectivos partidos es alcanzar el poder [esa actitud y el apoliticismo que conlleva constituyen un poderoso generador de nepotismos, codicias y corrupciones].
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Votar; pero, ¿sólo votar?
La perversión es tal que destacados líderes partidarios y los creadores de opinión sistémicos han convencido a la mayoría de la población de que la única responsabilidad política de un ciudadano es votar (o no votar) y que la felicidad consiste en ociar, trabajar (si puede y le dejan), comer, execrar y dormir.
El momento histórico también es singular porque la recesión económica ha alimentado las históricas tensiones territoriales de un país-mosaico cuyas clases dirigentes casi siempre han pensado y tomado decisiones con la billetera en la mano [a pesar de lo que dice y hace el actual Gobierno, los conflictos territoriales jamás serán superados apelando exclusivamente al Derecho escrito: las leyes].
En el progresivo deterioro también ha influido poderosamente que numerosos bancos, grandes empresas, consorcios, inversores y fortunas en general han dejado de ejercer sus funciones sistémicas, sin olvidar el vaciado de las cajas de ahorros. 
Y para redondear, las empresas del sector de la información [entre las que figuran las más poderosas e influyentes] se endeudaron tanto durante la segunda mitad de los años noventa y primeros años del XXI que la mayoría de los medios están en manos o dependen de bancos, de consorcios o de grupos de poder ajenos a la actividad de informar. Por ese y otros motivos de menor impacto económico, las empresas propietarias de medios venden espacio, tiempo y profesionales a precio de saldo a fin de ingresar dinero como sea, bien facturando publicidad [la camuflada ha aumentado exponencialmente] o bien vía subvenciones [a estas se accede al margen de ideologías y si es preciso, conculcando criterios éticos e informativos, para lo cual los medios han engendrando una legión de analistas y creadores de opinión tan adocenados como políticamente correctos].
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La Transición aplazó mil y un desajustes y problemas
Las clases dirigentes suman más de tres decenios de experiencia democrática y, por tanto, se supone que han aprendido a navegar con tiento para no alimentar tormentas. ¡Quia! Desde los primeros años noventa la insuficiente pero cierta solidez económica, así como la estabilidad social, política e institucional se han ido debilitando.
A pesar de que el deterioro es evidente, las clases dirigentes son tan prepotentes (y ciegas) que rara vez alguno de los responsables de ese fracaso se atreve a reconocer sus errores o abusos y rara vez, muy rara vez, alguno de ellos corrige o se aparta. 
Cabe considerar lógico o inevitable que en la cúpula del poder económico [los individuos que pilotan grandes empresas y consorcios, bancos y aseguradoras, las grandes fortunas, etc.] abunden quienes se limpian con la historia, con la situación social e incluso con las instituciones; también cabe admitir como lógico o inevitable que haya dirigentes políticos e institucionales que no entienden o no quieren entender la esencia del capitalismo en una democracia parlamentaria.
Hay explicaciones para casi todo y casi todo es comprensible.
Pero resulta totalmente incomprensible que sean tantos los economistas, arquitectos, ingenieros, abogados, médicos, funcionarios de alto rango, catedráticos, intelectuales de todo orden, etc... y también periodistas que se lavan las manos.
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Gran éxito del sistema: lavados de manos generalizados
La economía, la sociedad y las instituciones de España están como están porque un elevado porcentaje del sector más instruido de la población, incluida la intelligentsia, lleva años y años lavándose las manos, convencidos muchos de esos individuos de que "eso no es cosa mía" o "yo no puedo hacer nada"...
Esa actitud queda reflejada en los medios, con cientos de páginas de periódico y miles de horas de radio y TV que sólo sirven para entretener a los lectores, radioyentes y teleespectadores, y a veces para analizar las negativas consecuencias del fracaso histórico, pero nunca se habla ni se escribe sin prevenciones ni prejuicios de la causas del fracaso...
La sociedad española está enferma y la intelligentsia es débil; sólo así se explica, por ejemplo, que las instituciones naveguen a la deriva; sólo así se explica que la cultura, la ciencia y la enseñanza no merezcan respeto; sólo así se explica que la tasa de población activa esté muy por debajo del 50 % del total y que para colmo un mínimo del 27 % de esos trabajadores carezcan de empleo; sólo así se explica que millones de jóvenes no trabajen ni estudien, y sólo así se explica que millones y millones de ciudadanos tengan actitudes tan individualistas que también se lavan las manos pese al derrumbe del futuro colectivo, ¡incluido el de sus propios hijos!
La sociedad española está enferma y si el sector más instruido y la intelligentsia del país siguen lavándose las manos, el deterioro irá en aumento.
REFLEXIÓN relacionada con el post: "Dráculas a la inversa", por Manuel Cruz.

1 comentario:

  1. Una vez más, pones el dedo en la llaga. ¿Cuánto durará esta situación? Las cosas se están empezando a reclantar y del verde pasamos al ambar y ahora el rojo comienza a vislumbrarse en el horizonte.....Piénsese en situaciones aparentemente inconexas: lo de el otro día en Burgos...lo de ayer en Bilbao....lo de Cataluña.....lo de la Corona.....y tantas y tantas cosas que están sucediendo en este -nuevamente- atormentado país. Tú lo has vivido en tus carnes profesionales y yo en las mías. Por eso estamos donde estamos..... Salud.

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