27 febrero 2014

Comicios a la vista y otra vez andan a la greña los nacionalistas "verdaderos" y la izquierda "pura"

En España es comprensible, lógico e incluso sano que sigan vivos los llamados nacionalismos periféricos.
También es inevitable, pues durante siglos, ya en el XX y todavía hoy el Estado ha sido tan españolista que han sido machacadas o cuando menos menospreciadas el resto de las culturas de la Península. Y no solo la catalana, la gallega y la vasca, sino también lenguas o variantes como el altoaragonés o aragonés, el aranés, el asturianu (incluido el asturleonés, cabreirés, palluezu o sanabrés) y el mirandés.
Por si fuera poco, el nacionalismo español ha ignorado, infravalorado, sobrexplotado o destruido en mayor o menor medida las tradiciones (usos y costumbres), prácticas, métodos de producción e incluso productos de las economías de los territorios "periféricos".
Poco a poco, desde que en el siglo XV se unieron vía matrimonio el reino de Castilla y la corona de Aragón el centralismo político y económico se ha ido imponiendo, ora por la fuerza ora con artimañas.
A fin de uniformar, los ultranacionalistas o españolistas casi siempre han contado con la interesada colaboración de las clases más pudientes y de los grandes empresarios y banqueros andaluces, aragoneses, asturianos, castellanos, catalanes, gallegos, leoneses, navarros, valencianos o vascos.
Solo los terratenientes y nobles de Portugal lograron recuperar la independencia para el Condado Portucalense tras la casual comunión del reino castellano y la monarquía portuguesa en la persona de Felipe II, en 1580, fusión que se prolongó hasta 1640.
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El eje aznarista
Ayer, durante la era Aznar y aunque gran parte de los cuadros del PP lo ignoraran o prefirieran ignorarlo, la derecha clásica española puso en marcha una vasta operación que tenía objetivos concretos a medio y largo plazo y que, entre otras "herramientas", creó el eje político-territorial Madrid-València-Palma, reforzado con las sucursales de Valladolid, Santiago, Logroño y Murcia.
Hoy, una vez recuperado el poder central por la derecha, aquel eje ha recobrado parte de su poderío, que debilitado por la Gürtel ha necesitado más que nunca apoyarse en los aliados territoriales de siempre y en el hoy influyente aparato castellano-machego que pilota la "ex socialdemócrata" Dolores de Cospedal [el PP aragonés ha optado por mantenerse en segundo plano, el navarro se ha contaminado con UPN y el extremeño pisa huevos debido a que gobierna en minoría].
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Con Rajoy de líder, el gran partido de la derecha española apenas organiza seminarios y encuentros formativos al estilo Aznar, que los sistematizó para potenciar el centralismo madrileñista [que no castellanista]. No obstante, la FAES conserva poder y la inercia es ley física y también política…
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[INCISO: En los numerosos cónclaves para fomentar el uniformismo organizados durante la era Aznar no solo participaban cuadros del PP, también acudían altos funcionarios y asesores independientes de los gobiernos autonómicos controlados por el partido postfranquista, pues además de encuentros orgánicos se organizaban seminarios técnico-administrativos teóricamente apartidarios en los que se promocionaba el esquema de poder económico-territorial que interesaba al centralismo de un Estado cuyo nombre más adecuado no es España, sino Madrispaña]
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"Olhos vendados"
Estar en posesión de la verdad causa ceguera
Sin embargo, a pesar de que los hechos del pasado (la historia) condujeron hasta aquí y no adonde cada cual quiera inventar, no pocos cuadros, simpatizantes y votantes de la izquierda peninsular (incluido el PSOE) siguen sin entender que el patriotismo español imperante quiere hacer tabla rasa cultural y es filofascista, lo cual requiere respuesta, no solo para evitar la muerte de culturas y saberes que nacieron y prosperaron en la Península, sino también para impedir que el centralismo económico siga reduciendo más y más el círculo de quienes toman las decisiones estratégicas.
Y a fecha de hoy, quiera o no reconocerlo un sector de la izquierda, uno de los diques más eficaces para impedir la uniformidad cultural (fenómeno que favorece la uniformidad ideológica) y el centralismo económico lo constituyen los nacionalismos llamados periféricos, más el iberismo [movimiento en horas bajas que siempre ha tenido influyentes defensores entre los intelectuales hispanos y lusos].
En ese sector de la izquierda proclive a satanizar a los nacionalismos periféricos pesan, inevitablemente, cosas y personas de hoy y de ayer.
Así, por ejemplo, desde esa izquierda que es tan pura que deja de ser izquierda se sobredimensiona que hay nacionalistas gallegos que disculpan al ministro franquista de Información y Turismo apellidado Fraga Iribarne porque era gallego, alegando para ello que fue él quien democratizó la derecha española
En Catalunya también hay nacionalistas curiosos, como esos que irradian satisfacción cuando rememoran el amor a la patria catalana de Francesc Cambó, pese a que apoyó a los golpistas de 1936 en un desliz que no empaña sus valores democráticos, dicen...
Y hay nacionalistas vascos que aplauden el elitismo clasista de Sabino Arana, ultra católico que hizo suya la moral de los carlistas "medievales" que gritaban «Dios y leyes viejas».
Sin embargo y a fin de evitar que el mosaico español siga empequeñeciéndose y muera, la izquierda de las Españas bien podría hacer un esfuerzo y entender que a la vista de la historia --y al margen de fascistas, que los hay en casi todas las familias-- los nacionalismos llamados periféricos tienen razón de existir y de ser.
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Debatir y avanzar exige no destruir los puentes 
Confederación, federación, Estado de las autonomías, monarquía, república... El debate es amplio, pero a numerosos ciudadanos españoles de izquierda [nos sintamos andaluces, aragoneses, asturianos, castellanos, catalanes, gallegos, leoneses, navarros, valencianos o vascos] nos duelen las simplezas de las carme chacón, que desde la tercera vía que lleva a ninguna parte apuestan por el españolismo disfrazado del "todo el mundo es bueno" y debemos darnos besos en los labios aunque nos muerdan...
Y también duelen las palabras de quienes desde el leninismo jacobino afirman que tener sentimientos impide tener conciencia de clase.
Los nacionalismos no son detestables per se; lo detestable es la actitud de quienes se sienten superiores (incluidos los que se disfrazan de víctimas).
Se acerca otro reto electoral y en la izquierda (por ejemplo, en la gallega) afloran otra vez las trifulcas entre los nacionalistas verdaderos y la izquierda pura, pugna que en las urnas siempre ha sido muy "rentable" para la derecha nacionalista imperante en Madrispaña.
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CON ANTERIORIDAD:
"¿Campaña anti-independentista?... ¡No! El PP se moviliza para no perder votos del nacionalismo español",
"Los catalanistas responden a la ofensiva españolista diseñando una vía a la independencia",
"¿Por qué los nacionalistas españoles imputan a la autonomías los problemas presupuestarios del Estado?",
«El "problema vasco" regresa a sus orígenes: el "problema del españolismo"»,
"¿Aspira la intelectualidad españolista a que odiemos a España?",
«"Natio" y nación, ignorancia pertinaz y cegueras interesadas»,
"Territorialismo: La herramienta ideal para emponzoñar y enfrentar a los ciudadanos",
"España y el sueño maniqueo de una noche medieval",
«Ayala: "La patria no es esencia, sino circunstancia"».

4 comentarios:

  1. Totalmente de acerdo con tu análisis, como siempre.

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  2. Perdona pero ese mapa,es incorrecto,eso no es el Reino de Castilla,es la CORONA de Castilla que es muy diferente,debido a que dentro de esa corona están otros REINOS como el de LEON o el de Galicia.

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  3. Porcierto,viva el Reino de León,siempre leoneses,nunca Castellanos PUXA LLION LLIBRE

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    1. Tiene usted razón, pero el mapa tiene autor, que no soy yo y, además, en el caso de Castilla sus monarcas (apoyados por la curia y el conjunto de los nobles gallegos, astures, leoneses más los del antiguo condado de Castilla) renunciaron a conservar singularidades territoriales y sus cortes eran las del Reino de Castilla.
      Criterios bien distintos primaron en Aragón (el tercio oriental de la Península), donde sus nobles y sucesivos monarcas conservaron las llamadas "constituciones catalanas" y otros pactos de gobierno de ámbito territorial (incluidos los económicos y estamentales), de modo que el Reino de València, el Principado de Catalunya (suma de media docena de condados o señoríos con el de Barcelona a la cabeza) y el Reino de Aragón siguieron existiendo formalmente como tales y así eran representados en las cortes del rey de Aragón, cuyo titular lo era a su vez de los demás territorios, uno por uno, sin "uniformar" pero unidos.
      En todo caso, insisto, tiene usted razón, León NO es Castilla. De hecho, somos muchos los ciudadanos españoles que no entendemos el absurdo de que existan comunidades autónomas como las de Murcia (perfectamente integrable históricamente en la valenciana) , La Rioja (¡que es Castilla!, sin duda ninguna), Extremadura (que también debía haber sido incluida en Castilla), Cantabria (Santander también es Castilla), ¡Madrid! (sería lógico un tratamiento singular para la ciudad de Madrid como capital del Estado, pero una comunidad madrileña es un dislate), y en cambio se negó la existencia de León, además de haber ninguneado y ya casi destruido la lengua y la cultura llïonesas (idioma emparentado con el astur).
      En fin, son cosas de la sacralizada transición que con el tiempo han contribuido a ciertas irracionalidades y al renacimiento del centralismo "medieval" que caracteriza a las clases dominantes de Madrispaña.
      Saludos.

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