14 febrero 2014

El aborto, los votos que necesita el PP y las mil vueltas que da la izquierda para ir al grano

El debate que tan hábilmente conducen la Iglesia y el PP para que el sentimiento se imponga a la razón en lo tocante al aborto produce cientos de páginas y cientos de horas de emisión en los medios.
La insistente campaña nacional-católica ha logrado que la mayoría de comentarios carezca de sustancia científica, además de darse la paradoja de que la inmensa mayoría han sido efectuados por varones.
Todo eso y más sinsentidos son de conocimiento general y por si fuera poco quienes se quedan embarazadas son ellas, motivos por lo que en la Europa europea comentan, pasmados, que sigue viva "la España de los señores nacional-católicos".
Dicen los historiadores "de orden", máxime si son católicos o juancarlistas, que esa España murió durante la llamada Transición. Pero no es así, sigue viva, colea con brío y defiende el derecho de pernada sobre el vientre de las mujeres porque al margen de imposturas, conveniencias, frases lucidas y otros detalles, la mayoría de los "señores" consideran que las mujeres son hembras por encima de todo: mujeres antes que personas, condición a la que solo tienen garantías de acceder si paren...
Además, batallas como la del aborto embellecen la imagen moralista del PP y, sobre todo, mantienen activa el vínculo entre la Iglesia Católica y cientos de miles de votantes derechistas; es difícil precisar la cifra, pero es evidente que sin el apoyo de esos electores el PP difícilmente podría competir en las urnas con posibilidades reales de obtener mayorías de gobierno.
La religiosa convicción de que una mujer es ante todo una mujer, no solo habita en la cúpula y entre los católicos y entre los cuadros más derechistas del PP, sino que es la opinión y la convicción de un amplio sector de la sociedad española, ¡mujeres incluidas!
[Los "progres" yerran de pe a pa al prescindir de un hecho objetivo: un elevado porcentaje de ciudadanos y ciudadanas tienen en mayor o menor medida valores y criterios franquistas, o tardofranquistas, que queda más suave, o bien siguen convencidos de la que la Iglesia Católica es un referente moral apolítico y desinteresado]
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¿Política, moral, fe, principios...?
¡No!, es un asunto vital y privado
Pero, ¿a qué viene todo esto? A que en lo tocante a la ley de interrupción voluntaria del embarazo la mayoría de los medios, comentaristas y periodistas "progres" son tan políticamente correctos (o "cobardes") que favorecen la percepción social de que el aborto es un asunto político o ideológico;... ¡pues no!, se trata de un asunto sanitario y privado. 
Los periodistas "progres" defienden el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo con sobreabundancia de declaraciones de políticos, todas bien entrecomilladas, y con declaraciones del primero que pasaba por allí; otros se pasan al lado oscuro de la vida y difunden la opinión de quienes han renunciado a ser padres, los curas, reforzando [supongo que involuntariamente] la idea de que la ley que regula el aborto debe elaborarse consensuando opiniones y criterios morales pese a tratarse de un asunto rigurosamente privado.
[A los "progres" les gusta tanto exhibir argumentos alambicados que denoten inteligencia en el análisis (¿?) que se olvidan de incidir en los aspectos básicos, como subrayar que el aborto se practica desde siempre y en todas las culturas, también entre los cristianos, sin apenas incidir en que para la curia el aborto es uno de los instrumentos propagandísticos más rentables, de ahí su insistencia en agitar esa bandera, no en vano el trío maternidad-infancia-muerte despierta pasiones y adormece el raciocinio.
¡Qué desastre para el Vaticano si imperaran el raciocinio y la ciencia!]
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Lo más sorprendente no es lo que se dice, sino lo que se deja de decir
Los medios, periodistas y opinadores que apuestan por la doble moral o directamente por la hipocresía son más avispados que los de la izquierda y los racionalistas. La derecha es consciente de que si recurre a la ciencia caerá en contradicciones insalvables, de modo que echa mano del sentimiento y del alma, del primero porque provoca lágrimas y de la segunda porque al ser inmaterial e inaccesible puede ser utilizada al gusto del mensajero.
Y entre los de la otra orilla hay quienes incluso han caído en la trampa de entrar en esos y otros asuntos bizantinos.
Los mejores especialistas en tácticas y técnicas de propaganda [difundir exageraciones, medias verdades, sentimentalismos y falacias bien vestidas] son de derecha o trabajan para ella. Tan eficientes son que han logrado convencer a millones de ciudadanos y ciudadanas de que cuando un espermatozoide entra en un óvulo ¡nace el sujeto de Derecho! Y no solo eso, sino que han extendido la especie de que el feto tiene más derechos que la futura madre...
El despropósito es mayúsculo, tanto que ahora los conservadores intentan confundir todavía más al personal con una gimnasia mental que da para un roto y un descosido: debatir sobre eugenesia...
Sin embargo, lo más sorprendente del debate y de las informaciones que se difunden sobre la reforma de la ley de marras no está en lo que difunden los medios, periodistas y comentaristas de la derecha, sino en lo que callan los de la izquierda, progresistas incluidos, que una vez más ejercen simplemente de "respetables progres"...
Tan respetables y respetuosos quieren ser desde la izquierda, unos en mayor medida que otros, que parecen haber olvidado que la necesidad de interrumpir el embarazo sin incurrir en delito ni ser encarcelada se defiende poniendo la ciencia y la vida real encima de la mesa.
«Arzobispo Fabio Martínez: "Es mucho más grave el aborto que la violación de niños por parte de sacerdotes"».
RELACIONADO:
"El argumentario del PP y el aborto con Hitler y Stalin", en LA MAREA.

1 comentario:

  1. Aparecen en la historia, como destellos aislados, personas adelantadas a su época por racionalidad, por humanidad y por una ética ejemplar. Es el caso de Bartolomé de Las Casas, o del médico Cesare Lombroso. Sus ideas terminan imponiéndose por sí solas y generalizándose a (casi) toda la sociedad.

    El ministro Gallardón no es una de estas personas. Su ética no es avanzada. Está, con su partido, por la impunidad de los crímenes del franquismo. Está por obstaculizar el acceso a la justicia mediante el cobro de tasas. El ministro Gallardón no es un adelantado a su época. Está retrasado respecto a sus conciudadanos. Es más ignorante, más acientífico, más obtuso que la mayoría de ellos, y está más preso y más enredado que nadie (de su camarilla) en la superstición escolástica nacional-católica. Por eso no tiene ninguna esperanza de que sus ideas se extiendan por mera convicción. Y, como buen autoritario, no vacila en imponerlas por la fuerza y por la coacción. Contra la voluntad de millones de mujeres.

    El guarda del Parque Natural que arrestaría y anunciaría al desaprensivo que talase un roble no actúa en absoluto contra el que se lleva una bellota del suelo, como venía a señalar hace años el filósofo Mosterín. El guarda tiene más sabiduría y más sentido común que el ministro escolástico y carcamal. Distingue entre un ser acabado y un ser posible, cosa para la que no dan las turbias entendederas del ministro que cierra filas con los corruptos.

    El economista hiper-liberal Murray Newton Rothbard, por tanto teórico mentor de nuestros neolibs, consideraba al embrión como un mero crecimiento parasitario en el cuerpo de las mujeres, y otorgaba a estas el derecho de actuar respecto al parásito según sus deseos, sin limitaciones. Pero claro, Rothbard podría ser liberal, pero no era un medieval, como este ministro que espera compensar estolidez con arrogancia.

    De los progres pululantes por emisoras y periódicos, qué decir: acoquinados y a la defensiva, no vayan a herir los delicados sentimientos de los católicos.

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