30 May 2014

1814-2014: Hace doscientos años que nació el "maldito" Bakunin

Hijo de un terrateniente, era culto, escéptico, curioso y pasional, pero sobre todo
amaba la libertad y renunció a la vida que tenía asignada por su origen de clase 
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Bakunin está considerado el padre del anarquismo, aunque lo cierto es que no fue el único que sementó la idea libertaria. Eso sí, fue el más popular y el que más aportaciones hizo de cuantos se implicaron en la construcción de la I Internacional como organización de trabajadores al margen de proyectos políticos partidarios y totalmente independiente del Estado.
A estas alturas sería absurdo e inútil reabrir el debate entre marxistas y bakuninstas. Entre otras cosas porque quedó zanjado hace tiempo, exactamente en 1872 y, por ende, de forma poco elegante, con medias verdades y difamaciones. Desde entonces la mentira ha sido el arma preferida por quienes denigran a Bakunin y al anarquismo, pues identifican al padre, a los hijos y a sus ideas con la violencia gratuita.
La historia oficial es especialmente mentirosa con personajes muy concretos.
Por ejemplo, en España, todo el mundo ha sido instruido en la creencia de que en la Andalucía y la Catalunya de las primeras décadas del siglo XX la Federación Anarquista Ibérica (FAI) mataba terratenientes y empresarios por odio personal y prácticamente cada día, falacias a las que sin embargo rara vez se añade un "detalle" que está rigurosamente probado: los pistoleros de los grandes propietarios de la tierra y de los patrones mataban antes y a más personas.
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Contra el anarquismo, odio y poco más
Odiar a los anarquistas es una actitud "curiosa", por irracional y por ser casi natural, tal es el gran éxito de quienes han construido las referencias históricas (mejor dicho: ahistóricas) y el panel de valores imperante.
Existe un ejemplo más reciente y cercano que refleja esa actitud primaria: el último y el todavía hoy recordado grupo libertario que hizo uso de las armas durante los últimos años del franquismo, el Movimiento Ibérico de Liberación (MIL), jamás puso una bomba ni atentó contra personas. Sí, amable lector/a, el MIL nunca puso una bomba contra personas ni agentes de la autoridad y sin embargo, la imagen que se difundió y la percepción que todavía hoy persiste en un amplio sector de la sociedad es que Puig Antich, los hermanos Solé Sugranyes, Garriga Pautuví, Pons Llovet, Soler Amigó o Rouillant fueron unos peligrosos desalmados que mataban por placer o por odio... Eso es mentira, pero ha calado.
Bakunin nunca defendió la insurrección armada como método para hacer la revolución social; no obstante, siempre fue consciente y así lo subrayó que cuando un movimiento revolucionario se consolida, extiende y avanza el Estado, que tiene el monopolio de la violencia, siempre hace uso de las armas.
Es decir, Bakunin reconocía que si el Estado recurría a las armas para reprimir una hipotética rebelión generalizada, en ese caso la violencia social sería inevitable y legítima [también la justificaba en períodos no revolucionarios si los participantes en manifestaciones o actos de protesta eran previamente agredidos], pero nunca auspició el uso de la violencia por norma, ni tampoco justificó ni organizó acciones para que una vanguardia tomara el poder por la fuerza de las armas. 
En fin, la historia que aprendemos no siempre es Historia.
Mucho se ha hablado y escrito del Bakunin violento, que lo fue solo puntualmente y en episodios insurreccionales como el de Dresde, donde la violencia sustituyó a las palabras de los unos y de los otros.
Y en cambio, poco se habla y se escribe de la personalidad filosófica y política del revolucionario ruso como sindicalista y socialista de primera hora, como filósofo de actitud escéptica y como ateo por mor de su insobornable racionalidad.
Las críticas a Bakunin son por lo general urgentes, como para salir de un apuro y, para colmo, en numerosas ocasiones son críticas subjetivas y su figura es utilizada para defender todo lo contrario de lo que representa: ¡Que obsesión la de quienes visten su egoísmo o su ignorancia difamando a Bakunin! 
En el 200.º aniversario de su nacimiento sigue siendo el personaje preferido para, exagerando o inventando defectos, difundir tergiversaciones ideológicas del anarquismo y reforzar las falacias que nos dejó de herencia el Antiguo Régimen.
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Criado en la placidez, rechazó apoltronarse como funcionario  
Mijaíl Aleksándrovich Bakunin (30 mayo 1814, Pryamújino, Rusia – 1 julio 1876, Berna, Suiza) era hijo de un matrimonio de clase alta afincado en la provincia rusa de Tver. El padre, un acaudalado terrateniente que sirvió al zar como diplomático, incluso lucía título nobiliario.
Criado en el seno de una familia adinerada, de fe cristiana ortodoxa y defensora de los valores y del orden monárquico, Mijaíl disfrutó de una infancia cómoda aunque avinagrada por el autoritarismo del padre, que contaba con el tradicional y cómodo apoyo femenino de la madre.
Al igual que numerosos adolescentes de la nobleza de provincias, con solo 14 años Mijaíl fue matriculado en la Universidad de Artillería, ubicada en Preobrazhénkoye (proximidades de Moscú), donde fue educado bajo estricta disciplina castrense y formado como futuro oficial del Ejército.
Una vez finalizada su instrucción y tras dos años de cierta molicie en la que su actividad profesional consistía en poco más que lucir uniforme, aparte de leer [Mijaíl devoraba libros], a los 20 fue nombrado oficial de la Guardia Imperial y destinado a Minsk, prestando servicios también en Grodno [ambas ciudades están en la hoy independiente ex república soviética de Bielorrusia].
A pesar de la presión que ejerció su padre para que hiciera carrera como militar o accediera a una plaza de funcionario, Mijaíl solo permaneció en la milicia poco más de año y medio y en otoño de 1935, también en contra de la voluntad del padre, se mudó a Moscú para estudiar Filosofía.
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Filosofía para comprender la realidad
Escéptico por ser de natural curioso y antiautoritario desde niño por reacción frente a su padre y luego ante todos cuantos pretendían controlar su destino, Bakunin entabló amistad con varios jóvenes de la clase alta que formaban parte de un grupo de ex universitarios moscovitas harto singulares porque, entre otras peculiaridades, criticaban al zar y a su gobierno aunque con cuidado, evitando pasar a la acción, limitándose a manifestar intelectualmente y sólo en ámbitos de absoluta confianza su apuesta teórica por democratizar las instituciones y modernizar la estructura socio-económica del país.
Bakunin, menos cortesano, más consecuente o ambas cosas a la vez, acabó integrándose en un colectivo liderado por Nikolái Stankévich, un cuarentón que escribía versos de calidad mediana, aunque no fue la vis literaria lo que había convertido a Stankévich en un afamado personaje, sino que destacaba como polemista y porque hablaba sin esconderse, cobrando popularidad como pensador y divulgador porque era  un excelente conocedor del pensamiento y de la idiosincrasia de la sociedad rusa, lo que le convirtió en referente de una corriente cultural e ideológica muy popular entonces [y en gran medida recuperada tras la caída de la URSS] conocida como el "pensamiento social eslavófilo", cuyas tesis literarias, artísticas, filosóficas y políticas [trufadas de contradicciones] concitaron la atención de numerosos miembros del sector ilustrado de las clases medias y alta, incluidos algunos miembros empobrecidos o marginados de la nobleza zarista.
Bakunin escuchaba, era una esponja; en paralelo, también por esa época descubrió y profundizó en Kant y Hegel, entre otros, y empezó a construir una visión del mundo más amplia y universal, más crítica y poco a poco acabó interesándose por las ideas y objetivos de los socialistas utópicos, implicándose en actividades de corte social y sindical. 
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Los viajes reforzaron sus criterios internacionalistas
En 1842, ya con 37 años de edad, Bakunin viajó a Berlín y París para conocer personalmente a dirigentes de los movimientos socialista y obrero de Alemania y Francia, donde estableció contacto con exiliados polacos, país este por el que siempre manifestó especial interés [su estancia en Bielorrusia, país que mantenía estrechos vínculos sociales y culturales con la vecina Polonia, influyó poderosamente en la polacofilia de Bakunin].
Su periplo europeo le llevó también a Suiza, donde fijó su "base" vital, implicándose en la propagación del socialismo utópico. Durante la que fue su primera estancia en la Confederación Helvética recibió una requisitoria de Moscú para que regresara por motivos legales aunque de origen político, pero se negó, por lo que las autoridades zaristas le confiscaron todas sus propiedades.
Tras el robo legal de sus bienes, Bakunin viajó a París en 1848 y publicó un texto en el que criticaba sin rodeos a la dictadura zarista, por lo que el Gobierno francés expulsó del país a tan incómodo turista ruso, que se mudó a la pujante Prusia y al año siguiente participó en las movilizaciones en demanda de democracia que se desarrollaron en varias ciudades germanas, siendo detenido en Dresde, donde la insurrección fue excepcionalmente amplia, las autoridades recurrieron a la violencia y los insurgentes otro tanto, lo que provocó la detención de los activistas catalogados como cabecillas del movimiento, entre los que figuraba Bakunin.
Tras una pantomima judicial destinada a convencer a la galería todos los arrestados fueron condenados a muerte, si bien las penas capitales fueron conmutadas casi inmediatamente por la de cadena perpetua para demostrar cuan bondadosa y sensata era la autoridad.
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Campo de concentración y fuga
La insistencia del gobierno ruso y el deseo de Berlín de perder de vista al rebelde eslavo propiciaron que en 1851 Bakunin fuera entregado a las autoridades zaristas para que cumpliera pena en su país natal, siendo recluido en la prisión de la fortaleza de Pedro y Pablo, en San Petersburgo.
Casi seis años después, a primeros de 1857 el ya cuarenton Mijaíl fue conducido a un campo de trabajo en el extremo oriental de  Siberia.
Gracias a un lejano familiar, el conde y general Nicolái Muravyov, Bakunin obtuvo el privilegio de cumplir condena en calidad de recluso de confianza en el cuartel y sede de la comandacia militar de la región del Amur, adonde fue trasladado para trabajar a las órdenes de su pariente, percibiendo un salario y con libertad casi absoluta de movimientos.
Debido a su buen comportamiento y al respaldo de su influyente familiar, que era el comandante militar de la región, los responsables de la penitenciaría acabaron concediendo periódicos permisos a Bakunin para que disfrutara de dos, tres o más jornadas de libertad en localidades cercanas al establecimiento.
En el invierno de 1860-61, recién trasladado a otro destino el general Muravyov, el ejemplar recluso aprovechó un permiso para ejecutar una bien planificada huida --según la versión más difundida de ese episodio, Bakunin contó con la complicidad de las autoridades locales--, viajó hasta la costa del Pacífico y abandonó Siberia vía marítima a bordo de un carguero del que desembarcó en Hakodate (Japón).
Días después viajó en un mercante que cubría el trayecto Yokohama-San Francisco, donde tomó otro barco con rumbo Nueva York.
Debido a sus actividades en Francia, Suiza y Prusia, máxime tras la condena a muerte que le fue impuesta en Dresde, Bakunin era uno de los impulsores del movimiento obrero y socialista más conocidos en los países industrializados, también en Norteamérica, por lo que en la ciudad neoyorquina fue recibido y agasajado por todos los líderes sindicales.
En la primavera de ese año (1861) Bakunin regresó al Viejo Continente y se instaló provisionalmente en Londres, si bien la mayor parte del resto de su vida residió en Suiza.
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Fronteras resquebrajadas, pero solo un poco
Los contactos cada vez más habituales que mantenían los dirigentes obreros y socialistas de Europa occidental, sobre todo las vanguardias francesa e inglesa, lograron poner en marcha el proyecto de crear un directorio y coordinadora de ámbito supranacional.
Finalmente, fue convocado el congreso de Londres para el 28 de septiembre de 1864, al que asistieron delegados de organizaciones de Austria, Dinamarca, España, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Hungría, Lombardía, Polonia, Prusia, Serbia, Suiza, etcétera. Así nació la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT), más conocida como la I Internacional.
Los reunidos eligieron un comité que debía dedicarse de forma casi exclusiva a tareas de coordinación. En el órgano estaban representados sindicalistas y socialistas de distintas tendencias, entre los que al paso de apenas unos meses destacó un grupo que fue bautizao inicialmente como "político" y más adelante, marxista [gentilicio que molestó sobremanera al economista y filósofo alemán].
El líder intelectual, que no ejecutivo, del ala política insistía en la necesidad de participar en las instituciones organizando partidos que concurrieran a las elecciones allá donde las hubiera; tesis y prácticas que rompían con la autonomía obrera y las huelgas, a veces con criterios insurreccionales, a las que se habían habituado la mayoría de las organizaciones sindicales como respuesta frente a la sistemática negativa de las patronales --y de los gobiernos-- a aceptar reivindicaciones laborales, amén de que en todos los países se conculcaban en mayor o menor grado derechos civiles básicos.
Bakunin, que ingresó en la AIT con posterioridad al congreso fundacional, en 1867 se alineó con quienes rechazaban entrar en las instituciones y al paso de unos meses ya era el principal teórico y portavoz de la corriente anticolaboracionista, antiautoritaria o libertaria.
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Marx a los 43 años de edad, en 1861,
el año en que Bakunín se fugó de la
granja penitenciaria donde cumplía
condena, en Siberia 
Los marxistas toman posiciones
Karl Heinrich Marx había optado por mantenerse en un segundo plano en la AIT pero sin renunciar a su labor y liderazgo ideológico, dedicando gran parte de su tiempo a reforzar sus planteamientos y ganar apoyos.
Sus textos constituyeron la base sobre la que un importante sector de la Internacional defendió a piñón fijo la tesis de que era imprescindible "hacer política" y participar en el juego parlamentario, lo que concitó constantes debates entre los marxistas y los sindicalistas que rechazaban todo aquello que contribuyera siquiera indirectamente a legitimar y reforzar la autoridad del Estado.
En el sector "purista", que acabó siendo conocido como anarquista y más tarde también como bakuninista, estaban alineados casi todos los fundadores de la Internacional; es decir, los dirigentes de las organizaciones de carácter inequívocamente sindical, un mundo y una actividad en el que los partidos jugaban un rol secundario.
Marx había sido el encargado de redactar el inaugural Llamamiento de la Internacional, cuyo contenido cabe resumir en tres puntos:
* La Internacional no debe sustituir a las asociaciones existentes en cada país o territorio, sino coordinar acciones cuando sea preciso y, en todos los casos, darles proyección internacional.
* La emancipación de la clase obrera debe ser obra exclusiva de los propios trabajadores [enfatizaba el texto]sin alianzas con fuerzas no obreras; y
* La emancipación de los trabajadores pasa por conquistar el poder del Estado; es decir, el gobierno, sea por vía insurreccional o parlamentaria [esta segunda opción fue introducida por Marx a la chita callando] con el objetivo de controlar la Administración y utilizarla para cambiar las leyes que regulan la actividad económica y, por extensión, la vida en sociedad.
Esas tres premisas fueron volcadas en el preámbulo de los estatutos de la I Internacional, lo que supuso otorgarles el valor de principios ideológicos y criterios de acción: la táctica, pues la estrategia era una: abolir el Estado y sustituirlo por organizaciones locales o sectoriales de trabajadores que se federarían comarcal o regionalmente y a modo de confederación en cada país o nación.
El tercero de esos tres principios, la conquista del poder político y cómo hacerlo, acabaron propiciando un prolongado, enconado y autodestructivo debate en el seno de la AIT.
La diatriba se inició en el propio congreso fundacional (1864) y fue en aumento hasta convertirse en fuente de polémicas cada vez más profundas hasta abrir un abismo entre marxistas y bakuninistas en el congreso de Basilea, celebrado en 1869.
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La Internacional se consolida
Al margen de diferencias, en sus inicios la Internacional funcionó con eficacia y logró implantarse con notable rapidez, sumando numerosas adhesiones en apenas un par de años en casi todos los países de Centroeuropa, España, Francia, en el norte de la actual Italia, en las balcánicas Bosnia y Serbia, y en el centro y sur de Rusia.
Durante los primeros años el debate entre "puristas" o sindicalistas y políticos o marxistas quedó en segundo plano debido al reto que suponía paliar o salvar las diferencias existentes entre organizaciones que representaban a variados y en algunos casos contradictorios intereses: artesanos, mineros, campesinos [entre los que mantenían (y mantienen) posiciones divergentes los empleados estables, jornaleros, aparceros y pequeños propietarios], marineros, obreros industriales, etcétera; a lo que se sumaban los problemas derivados de la pertenencia a uno u otro Estado y más, pues en el seno de varios de ellos había (y hay) diferentes naciones o culturas.
La dinámica impuesta por la necesidad de crear consensos para cerrar ese abanico de intereses, sensibilidades y territorios favoreció a los defensores de las tesis marxistas y, en menor medida, también a los prudhonianos [por Pierre-Joseph Proudhon], sectores ambos que coincidían en utilizar y primar la vía parlamentaria y con ello, la acción de los partidos de la clase obrera.
No obstante, marxistas y prudhonianos se miraban de reojo porque los segundos apostaban por un sindicalismo radical en el que lo fundamental era la negociación, la educación y la concienciación, hasta el punto de que sustituían el término revolución por evolución, rechazando la posibilidad de convocar huelgas revolucionarias [o sea, las no basadas exclusivamente en motivos laborales] como arma para derrocar gobiernos y alcanzar el poder.
La posición de Proudhon fue perdiendo partidarios, entre otras cosas porque él siempre se negó a pelear ideológicamente con sus "hermanos"; a la postre sus seguidores se vieron abocados a la confusión, lo que derivó en inevitable división y abandono: un sector acabó asumiendo las tesis de los marxistas y el otro, el mayoritario, optó por alinearse con los "puristas", sindicalistas o bakuninistas.
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La Internacional, minada
Así las cosas, en el congreso de Basilea (1869) las únicas pugnas ideológicas que tuvieron sustancia fueron las mantenidas entre los "socialistas democráticos" [así empezaban a identificarse los dirigentes marxistas] y los sindicalistas, anarquistas o bakuninistas.
En el siguiente congreso, celebrado en La Haya en 1872, los delegados marxistas esperaron al último momento y cuando ya se había marchado parte de los representantes, propusieron y sometieron a votación la expulsión de Bakunin, de forma que los asistentes se erigieron en una especie de tribunal que sometió a juicio al eslavo, acusado por los marxistas de haber cobrado 300 rublos por traducir al ruso El capital y de organizar sociedades secretas, una de ellas en comandita con el nihilista moscovita Serguéi Necháyev con la finalidad de tomar el control de la AIT.
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[Esta última fue la más insidiosa de las falsedades aducidas por los fiscales, que incluso llegaron a decir que disponían de una carta que Bakunin había remitido a Necháyev unos meses antes del congreso, cuando en realidad los debates políticos epistolares entre ambos habían finalizado hacía ya más de dos años]
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Sea como fuere y pese a que hubo quienes denunciaron la maniobra y las mentiras esgrimidas, la mayoría de los que seguían reunidos en el formalmente ya finalizado cónclave de La Haya eran marxistas y decretaron expulsar a Bakunin de la AIT.
Los sindicalistas o anarquistas convocaron inmediatamente un congreso en Sankt Immer [localidad del cantón suizo germanófono cuya capital es Berna], en el que lógicamente jugó un rol muy significado Bakunin, que contó con el apoyo unánime de la poderosa delegación española [ya entonces era una de las secciones de la AIT mejor organizadas y cohesionadas], aprobándose un pronunciamiento mediante el que los reunidos rechazaban los planteamientos del ala "política" y se erigían en los genuinos continuadores de la Internacional.
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Imagen parcial del plenario del II Congreso de
Solidaridad Obrera y fundacional de la CNT,
celebrado en Barcelona los días 30, 31 de
octubre y 1 de noviembre de 1910.
El Marx menos conocido
Durante los años transcurridos desde el ingreso de Bakunin en la AIT y su expulsión en 1872, el ruso y Marx libraron un cada vez más agresivo debate ideológico durante el que el autor de El capital recurrió en varias ocasiones a la descalificación personal, lanzando varias acusaciones que pese a carecer de base cierta generaron dudas entre los dirigentes de varias secciones territoriales de la AIT.
Durante los primeros años de la AIT, Marx mantuvo una posición personalmente distante y siempre evitó entrar en debates vis a vis pero, al parecer, sufrió un "trauma ideológico" cuando conoció con detalle los análisis y propuestas en los que Bakunin defendía sin ambages que la Internacional debía ser básicamente sindical y actuar al margen de los partidos y de las instituciones del Estado.
A finales de 1868, en plena refriega entre sindicalistas y políticos, el alemán acusó al ruso de ser un «agente al servicio del paneslavismo»... ¿?
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[Esta denuncia fue pergeñada en base a algo que a esas alturas carecía de relevancia y que para colmo todos los dirigentes de la AIT sabían por boca del propio Bakunin, quien había narrado que en su juventud abrazó las tesis del pensamiento social eslavófilo]
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Por si fuera poco, meses después, en 1869, un compatriota, discípulo y admirador confeso de Marx, Karl Liebknecht, difundó la especie de que Bakunin cobraba de Moscú 25.000 francos suizos anuales por su labor como propagandista del eslavismo en Europa occidental.
Esta y otras acusaciones apenas debían haber obtenido eco porque además de falsas eran absurdas, incluso pueriles, pues nadie ignoraba, por ejemplo, que Bakunin se había fugado de un penal ruso y había sido condenado a muerte por el régimen zarista.
Marx porfió y en 1871 acusó a Bakunin de promover actos violentos de carácter vanguardista que eran «contrarios a la labor sindical que dice defender», enfatizaron los marxistas, que para respaldar su denuncia aportaron una supuesta carta de Bakunin dirigida al ruso Serguéi Necháyev [tal como ya se menciona en el apartado anterior], falacia enriquecida con mentiras complementarias y todo ello sometido a debate en el congreso de La Haya de 1872.
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[Necháyev fue un activista que protagonizó una osada y estéril ofensiva antizarista. Autor de El catecismo del revolucionario, texto que rezuma nihilismo y desprecio por la vida, Necháyev era partidario del uso sistemático de la violencia y aunque asumió formalmente las tesis de la AIT, siempre mantuvo la convicción blanquista de que solo era posible tomar el poder mediante una acción armada ejecutada por una vanguardia que operara al margen de los sindicatos y de los partidos de los trabajadores.
Bakunin mantuvo, en efecto, relación epistolar con Necháyev durante varios años, rompiéndose en 1870 el intercambio de textos políticos por decisión de Bakunin, que criticó y rechazó expresa y taxativamente la propuesta de que él y otros destacados miembros rusos de la AIT participaran en una conspiración que, resumiendo, consistía en ejecutar atentados urbanos y acciones armadas en el rural a fin de desestabilizar el régimen zarista, organizar milicias civiles y grupos clandestinos de soldados y suboficiales antimonárquicos para finalmente, coordinando ambas "fuerzas de choque", asaltar las sedes de las principales administraciones locales, la del gobierno central y la del monarca]
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Estudioso incansable
e intelectual didáctico
En 1868, antes de que la AIT se fraccionara, Bakunin ya había fundado la Alianza Internacional de la Democracia Socialista (AIDS), cuya función era recabar adhesiones a un programa de cuatro cambios que el ruso consideraba imprescindibles para hacer la revolución social:
* La sustitución de los Estados por «federaciones constituidas por libres asociaciones agrícolas e industriales»;
* La abolición de las clases sociales y de las herencias;
* La supresión de toda discriminación de orden sexista, y
* La organización de los trabajadores al margen de los partidos.
Curiosa y significativamente, la Alianza rechazó la solicitud de adhesión remitida por la AIT alegando que esta era una organización internacional y que la AIDS solo admitía entidades de ámbito estatal o nacional.
La AIDS, celosa de evitar "contaminaciones políticas", acabó convirtiéndose en una especie de equipo de análisis y, en rigor, fue la primera organización específicamente anarquista dedicada a propagar sus presupuestos ideológicos y a coordinar a dirigentes sindicales  de ideología libertaria de Europa y Norteamérica.
En esa línea, sirva de ejemplo que Bakunin encomendó al italiano Giuseppe Faneli la misión de viajar a España, establecer contacto con los dirigentes de la sección de la AIT y promover entre ellos el anarquismo. 
Fanelli, que en 1869 recaló en Barcelona y Madrid, conoció personalmente y luego mantuvo una larga y amical relación epistolar con Anselmo Lorenzo, que en la primera década del siglo XX fue el principal impulsor y uno de los fundadores de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT).
Bakunin también participó en la Liga de la Paz y la Libertad, fundada en 1867, llegado a ser miembro de su comité central, e incluso ingresó en una logia de la francmasonería suiza para divulgar sus ideas entre los "hermanos" y auspiciar el entendimiento entre libertarios y masones.
Bakunin, prematuramente viejo y enfermo se apartó de la AIT, vivió sus últimos años sumido en la pobreza y sólo mantuvo contacto epistolar con pequeños grupos anarquistas.
Murió en el hospital de Berna y en su tumba, en el cementerio de Bremgarten de esa ciudad, reza la frase: Recuerda a quien lo sacrificó todo por la libertad de su país.
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TEXTO RELACIONADO:
«Primero de Mayo de 1886: Los ocho mártires de Chicago».

14 comments:

  1. En la fotografía junto a su esposa se parece al genial actor Bud Spencer. Es increíble el parecido je je

    Gracias por la explicación.

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    1. ¡Cierto!, seguro que todos nos parecemos a alguien. Saludos.

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  2. Encuentro el post muy didáctico y muy oportuno, no sólo por el aniversario, sino por el olvido en que va cayendo el anarquismo, a pesar del papel fundamental que jugó en la República del 31 y en la Guerra Civil. Cuando se cuenta a la gente joven que en las comunas anarquistas de Aragón los trabajadores se hacían cargo por completo de la organización de la producción, se imprimía moneda propia y se llevaba a cabo la democracia asamblearia, algunos expresan estupor. Hasta tal punto se ha barrido la historia del movimiento obrero, tanto por parte de los reaccionarios como por parte del marxismo de viejo cuño.

    Ha llovido mucho desde los tiempos de juventud en que leíamos a a Kropotkin, Malatesta o Eliseo Reclus, pero el debate cuyos dos polos serían libertad-igualdad no se ha zanjado, y la polémica "primero la revolución o primero ganar la guerra", si ya no tiene presencia entre el gran público, aún sigue ocupando a algunos historiadores.

    Se impuso el estalinismo con su secuela de calumnias y atrocidades (infamante caso de la tortura y muerte de Andreu Nin, por ejemplo) y es imposible evaluar con exactitud hasta qué punto esa desgracia se ha pagado y se sigue pagando.

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    1. Antonio, ¡da gusto recibir textos tuyos! (doy por hecho que me permites el tuteo).
      Kropotkin, Malatesta... ¡y Jacques Elisée Reclus!, hacía años que no oía en boca de alguien el apellido de la extraordinaria familia Elisée. Pocos personajes merecen el "título" de aventurero, en la estricta acepción de la palabra.
      De pequeñito (10/12 años), mi familia "francesa" ya me habló de Elisée. Mi tío Liberto decía que si volviera intentaría exigiría a dios hacerlo en la costa atlántica francesa (estaba enamorado de La Rochelle) y ser uno de los Elisée.
      Bueno, ya está bien de batallitas.
      Suscribo lo que comentas y aunque no soy anticomunista, ni mucho menos; a largo plazo, ¡cuanto daño hizo el Stalin de las narices a la credibilidad de la idea socialista!...
      Un abrazo grande.

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    2. Gracias, Félix. No sólo el tuteo está permitido, sino que es muy grato viniendo de una persona como tú, a quienes tantos artículos brillantes y esclarecedores hay que agradecer.

      Qué casualidad, la coincidencia en el admirable geógrafo Reclus! Su escritura me resultaba muy atractiva, cautivadora.

      Tampoco yo soy anticomunista, claro, pero anti-infamia, sin vacilación.

      Un abrazo

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  3. Yo este personaje lo conocí por el libro de Bertrand Russell, "Los caminos de la libertad", 1918. Aquí tenéis la versión en inglés por si interesa:
    http://www.zpub.com/notes/rfree10.html

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  4. Comence a leer la entrada, hasta que llegue a la palabra "semento" (¿de semen?)... hasta ahi me quede...

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    1. En la primera línea del "post" reza, exactamente: ...no fue el único que sementó la idea..."; tercera persona de pretérito del verbo sementar.
      Puede que usted leyera mal la palabra aguda (no entornando la tilde de la última sílaba), o puede también que sea un comentario "jodón".
      En cualquier caso, gracias por su contribución.

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  5. Me ha resultado chocante que en su epitafio ponga "recuerda a quien lo sacrifica todo por la libertad de su país" y que el primer cambio propuesto por la AIDS fuese la supresión de los Estados.
    ¿Alguien me lo explica por favor?
    Gracias

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    1. El concepto país es "variable", ene ste caso país equivale al colectivo de la población (personas) residente en un territorio.
      En todo caso y aunque contradiga en parte el contenido del "post", debo puntualizar que el anarquismo repudia el Estado, incluso de forma extrema, pero en rigor Bakunin y los primeros teóricos (en especial Proudhon) no abogaban por destruir totalmente el aparato del Estado, sino en transformarlo para convertirlo en una especie de "coordinadora" de colectivos libremente federados en cada territorio; digamos, un Estado que funcionaría de abajo arriba.
      La "corriente" anti-Estado, no obstante, se extendió en el movimiento anarquista en época más reciente, en gran medida como reacción al visceral empeño de todos los gobiernos (y Estados) en destruir la acracia como alternativa política ¡y de vida!; llegando al extremo en determinadas épocas y países de encarcelar a sus seguidores de forma sistemática, expropiando sus locales o destruyéndolos, e incluso matando a los manifestantes en las calles y a los dirigentes en el tajo y en sus casas.
      Saludos.

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  6. +1 Reflexión: quizá habría que crear (si no existe) un palabro para definir este concepto. Sobre todo para evitar que los "malpensantes" usen el concepto (nación, país, estado) contra el anarquismo: "ja, ja, mira los anarquistas, que quieren un estado" (y similares).

    Ahora me surge otra duda. Entiendo que cuando hablamos de colectivos (de trabajadores) no nos referimos a grupos aunados del mismo gremio (en diferentes territorios), sino a grupos (de diferentes gremios) aunados en un mismo territorio. ¿Es esto correcto?

    Mi duda es, ¿qué pasaría si alguien de dentro de un territorio no se quiere aunar con el resto y formar la colectividad?
    Y otra duda; ¿cómo podemos evitar/solventar las confrontaciones entre esos colectivos (o entre esos gremios)?

    Gracias nuevamente.

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    1. No es sano elucubrar. Pero hagámoslo, aunque con cuidado.
      La lectura de media docena de libros (aunque le aconsejo que lea más) de teóricos anarquistas, empezando por Proudhon, que fue quien acuñó el término "anarquía", pasando por Kropotkin y de remate, Bakunin, revela que NO HAY UN PROYECTO CERRADO.
      Es imposible y, además, si hubiera un proyecto cerrado no sería anarquista... No es una contradicción, pues la línea que conduce a la acracia exige que decidan las personas.
      Eso de "si alguien de dentro de un territorio no se quiere aunar con el resto" y decide no formar parte de la colectividad" parte de una hipótesis no explícita que es imposible:
      ¿O acaso es posible que una persona o un grupo de personas puedan vivir sin relacionarse con nadie, ni siquiera económicamente (para comer o abrigarse, por ejemplo).
      En principio, sí; de hecho hay casos documentados de colectivos indígenas de zonas de Papúa y de otros territorios con similar desarrollo (equiparable al neolítico) que sobreviven aislados.
      Pero atención a este matiz: Sobrevivir no es sinónimo de vivir.
      El anarquismo, la idea, nació en Europa, en las sociedades industrializadas donde las personas viven, no s limitan ni se quieren limitar a sobrevivir.
      La hipótesis que usted plantea tiene miga, pero si la analiza en profundidad es solo teórica, no toca la realidad. En todo caso, es útil para abrir el melón, para indagar, lo que curiosamente por mucho que "caminemos" hacia delante nos lleva justamente a ese lugar de encuentro: ¿queremos vivir, o solo sobrevivir?
      Saludos.

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  7. Creo que coincidirás (nos tuteamos, ¿verdad?) conmigo en que sobrevivir está sobre-valorado. Así que: vivir. Siempre vivir.
    [Nota mental: siempre digo que la vida es una mierda, pero vivir es maravilloso]

    No lo consideres elucubrar, sino teorizar (suena menos feo). No me refería tanto a "vivir sin relacionarse" (no convivir) como a formar parte de la misma idea colectiva. Pero, efectivamente, entiendo que esas personas podrían perfectamente vivir su vida sin necesidad de unirse al colectivo y colaborar con él, aun conviviendo con él.
    Necesitaríamos clase de convivencia (en lugar de competencia) en el colegio. Nos iría mejor.

    Algún día, y puede que ese día no llegue nunca, encontraré tiempo para leer. Es decir: vivir. Aún sigo demasiado ocupado sobreviviendo :(

    Agradecido :)

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