17 julio 2014

«¡Bastante hacemos dando de comer a los pobres para que no molesten!»

Lo "correcto" y adormecedor es hablar y escribir de pobreza infantil,
informar de la pobreza en general como mal social resulta molesto...
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Hay asuntos que son actualidad de forma cíclica, también con motivo de la recesión económica, que es cuando la pobreza es más "atractiva" para los medios: noticias puntuales, crónicas, reportajes, entrevistas, análisis...
Desde hace ya varios años [la recesión se inició en la primavera de 2008 como resultado del estallido de las subprime en otoño del año anterior] abundan las informaciones y opiniones referidas a la pobreza. Siempre hay pobreza. Ahora más, lógicamente, pues tras dos decenios de expansión y desenfreno especulador para acumular capitales, el sistema necesita depurar sus entrañas... ¡oh, la macroeconomía!
Así las cosas, el Gotha y los gobiernos han puesto en marcha el programa de lavado, planchado y perfumado; esto último consiste en darse golpes de pecho para olvidar codicias y atrocidades.
Con tacto y lenguaje conmiserativo, el poder mediático refuerza la creencia de que todo es culpa de todos. El objetivo es que la sociedad en su conjunto acepte la conveniencia de abaratar los costes de producción (menos salario) y, por tanto, asuma sin protestar que sobra mano de obra, amén de que es preciso reducir el crédito y demás "obligaciones".
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[La etimología de la palabra pobreza es latina: "paupertas": la condición de las/los "pauperos", las/los que engendran o producen poco o nada; calificativo que se aplicaba al ganado y, por extensión, a las tierras de escaso rendimiento o infértiles.
Aquí y ahora, en la Europa del siglo XXI, más que de pobres cabría hablar de desheredados, marginados, excluidos o desempleados.
El lenguaje (la semántica) también está controlado por la élite; me refiero a la élite económica, pues las otras (la cultural, por ejemplo) acostumbran a ser hijas del dinero y del poder político, o bien han sido derrotadas o son ninguneadas por ellos]
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Siempre molesta el simplismo informativo, pero cuando sirve para esconder o disimular la ineficacia e iniquidad del sistema, presentando a las víctimas como pacientes de una enfermedad causada por la providencia, entonces el simplismo no solo molesta, también indigna.
La mayoría de los medios informan de la pobreza como si fuera un virus inevitable e incontrolable ante el que sólo caben la resignación y la caridad: las bolsas de miseria constituyen un mal consustancial a la existencia, dicen. Hay un vocablo acertado: consustancial, pues la miseria es consustancial al sistema imperante.
Nada como trocear la pobreza para que sea digerible, motivo por el que interesa alimentar sentimientos dando alas al drama de la llamada pobreza infantil... ¿acaso los niños pueden ser pobres y sus padres ricos?
He aquí un ejemplo de como se informa del segmento más mediático de la pobreza [poco importa la identidad del periódico que ha editado esta subespecie de análisis trufado de eufemismos y recursos semánticos que dulcifican los datos, hay piezas similares en casi todos los medios escritos y audiovisuales]:
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