29 agosto 2014

Bruselas renuncia a la "construccíón europea" y apuesta por un bis del Imperio Romano

Nada como dejar pasar unos días para comprobar el buen (o mal) hacer informativo de los medios convencionales y el rigor de los comentaristas "de orden". Veamos un ejemplo:
Hace dos semanas el diario colaborativo Globedia [plataforma digital que se hace eco de informaciones y artículos difundidos en la Red] publicó el texto titulado "Bruselas considera indispensable un aumento de salarios en Alemania". Sin embargo, tan interesante y reveladora información apenas ha merecido atención mediática, ni tampoco por parte de los dirigentes políticos de ¡Viva Paña!
Han transcurrido dos semanas y todo indica que a los analistas "de orden" les parece normal y lógico que el Ejecutivo comunitario rompa una lanza en favor de los asalariados alemanes al mismo tiempo que insiste en recortar los ingresos a los trabajadores españoles y portugueses, pese a que el salario medio en la Península Ibérica es el más bajo de la "rica" Europa occidental.
Las palabras del eurocomisario de Empleo y Asuntos Sociales, Laszlo Andor, iluminan la contradictoria (e interesada) política del Ejecutivo comunitario: «Sería importante que Alemania multiplicase las inversiones públicas, estimulase la demanda y redujese sus grandes excedentes comerciales, que perjudican a sus vecinos europeos. Para lograr ese objetivo es indispensable un cambio en la política salarial desde el punto de vista de la Comisión Europea (…) El alza de los salarios ha estado a la zaga respecto a la evolución de la productividad desde hace más de diez años en Alemania», precisó el comisario en entrevista concedida al diario germano Die welt.
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En política salarial, Rajoy no es alumno de Merkel 
En Alemania, el debate sobre la necesidad y conveniencia de aumentar los salarios fue un guadiana informativo desde el otoño de 2011 hasta poco después de las últimas elecciones legislativas, cuando la formación más votada, la conservadora CDU-CSU de Angela Merkel, y la socialdemocracia pactaron un salario mínimo interprofesional: 8,5 euros/hora [entrará en vigor el 1 de enero de 2015], un 60 % más elevado que el español.
Esos pactos en asuntos sociales de carácter elemental entre la derecha y el centro-izquierda germanos, que son similares a los que rigen oficial u oficiosamente en otros países, obedecen a que existe un poder económico inteligente, pues los salarios dignos, la capacidad adquisitiva, constituyen un pilar fundamental del sistema.
En esa línea, el rector del Bundesbank (banco central germano), Jens Weidmann, riguroso defensor del sistema, declaró recientemente que «los sueldos tienen un margen de progresión internanual del 3 %», ¡incluso en un país como Alemania!, donde hay varios estados federados que registran tasas de desempleo inferiores al 8 %; es decir, no hay las elevadas reservas de mano de obra parada y barata que acumula España.
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El imperio de la Banana Azul
En un escenario trufado de singularidades y en el que los abismos económicos (entre clases y países) ya son norma, las declaraciones del eurocomisario de Empleo son extraordinariamente significativas porque constatan que entre los políticos que rigen la UE los hay profundamente estúpidos desde una óptica sistémica, pues consideran posible crear una especie de imperio romano en el que los residentes en la nueva Roma, la Banana Azul, viven en el siglo XXI y el resto, en los años treinta del siglo pasado.
Ese reparto territorial de la riqueza, que se suma a las desigualdades de clase, contradice el criterio esencial de la construcción europea porque alimenta el más peligroso de los virus que en la década de 1930 condujeron al Viejo Continente a la guerra: las tensiones interterritoriales, que se quiera o no siempre desembocan en el odio y en… ¡justo eso!, lo que tememos usted, yo y cualquier persona sensata.
Según los linces que administran la UE, a los trabajadores alemanes conviene aumentarles el salario un 3 % cada año, en tanto que en España y Portugal, donde los salarios son entre un 30 y un 60 % más bajos que los germanos, hay que seguir aplicando recortes... ¿por qué y para qué?: para pagar los crecientes intereses que genera la deuda pública adquirida por los grandes bancos, entre los que destacan los alemanes. Casualidad.
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Relaciones imperialistas en el seno de la propia UE
Es imposible entender que Bruselas dé tantas vueltas y recurra a tantos eufemismos en lugar de declarar oficialmente que la UE aplica en su propio territorio el imperialismo económico como modelo de futuro; lo cual, en rigor, no es nuevo, pero ahora la élite ni siquiera guarda las formas y renuncia al modelo dulce, soportable.
El asunto tiene mucha miga y muchos detalles, cierto, pero resumiendo: si la metrópolis del nuevo imperio romano sigue aplicando políticas treintistas, será objetivamente necesario romper la baraja y huir de una comunidad en la que, para redondear iniquidades, estos días también hemos comprobado por enésima vez y con la singular contundencia germánica que es mentira que los ciudadanos comunitarios tengamos derecho a la libre circulación y establecimiento [esa cacareada libertad sólo la disfrutan los capitales y los titulares de cuentas corrientes millonarias].
¡Ánimo, señor eurocomisario de Empleo y muchachada bruselense, están ustedes hundiendo la UE con acertada profesionalidad!
NOTA
Alemania va bien (macroeconomía), Alemania va mal (economía cotidiana)... Una cosa no quita la otra: la generalidad de alemanes sufre un descenso de la calidad de vida y de salarios, sobre todo desde que los conservadores (Merkel) accedieron al gobierno; ver: "La macroeconomía de Alemania navega con viento de cola y la de los alemanes hace aguas".

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