08 noviembre 2014

25º aniversario de la caída del muro de Berlín: Dos lecciones de táctica politica

El sector ya mayoritario en el régimen de la RDA dio el empujón en Pankow,
mientras que la RFA daba apoyo geopolítico e imponía prudencia en Occidente
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Este fin de semana se cumple el 25º aniversario de la caída del muro y el de uno de los pocos aciertos informativos de los grandes medios de Occidente en la larga historia de la guerra fría: rematar ese episodio de la Historia de Europa y del mundo con acierto al anunciar «Ha caído el muro de Berlín».
En efecto, el muro no fue derribado, cayó por su propio peso. El desplome físico se produjo la noche del 9 al 10 de noviembre de 1989, pero su desmantelamiento era inevitable y ya había sido decidido por las autoridades de Pankow, que incluso habían informado confidencialmente de sus intenciones al Gobierno de Bonn.
El 18 de octubre, veinte días antes de la caída del muro, en la capital de la República Federal Alemana (RFA) recibieron el aviso del principio del fin: la dimisión de Eric Honecker como jefe de Estado de la República Democrática Alemana (RDA).
Todos los que ocupaban altas responsabilidades de gobierno, tanto al este como al oeste, sabían que el muro estaba al caer; pero, ¿lo haría con parsimonia o alguien daría un oportuno empujón? 
El sustituto de Honecker, Egon Krenz, cumplió el plan diseñado por el Partido Socialista Unificado (SED) de Alemania y acometió inmediatamente las reformas que su antecesor se había empeñado en posponer sine die. En contra de lo que numerosos analistas "de orden" han afirmado, ninguna de las medidas que puso en marcha Krenz era improvisada. El  Die Wende (el cambio), tal como fue bautizada la apertura del muro, estaba decidido, lo único que había quedado en el aire era la velocidad.
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Antes, ahora
El fin de las barreras
estaba decidido desde
hacia varios meses
La mayoría de los miembros de la cúpula de la RDA estaban convencidos de que tocaba tener en cuenta la realidad, abrir la mano y entre otras medidas, apostaban por suprimir las restricciones a viajar al extranjero.
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[Varios gobiernos del bloque soviético, en especial Checoslovaquía, Hungría y Polonia, insistían desde hacía varios años a la RDA para que regulara los viajes al exterior porque las entradas ilegales de germano-orientales en sus países, utilizados como plataformas para luego saltar a la Alemania occidental, iban en aumento, generando crecientes problemas políticos y legales]
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A inicios de la década de 1980, primero dos, luego tres y al paso de pocos años la mayoría de los miembros del comité central del SED admitieron que el derrumbe era inevitable. En 1989, Honecker y los fieles a la "ortodoxia" constituían una exigua minoría.
El 6 de noviembre de 1989, tres días antes de que se abriera la primera puerta, el Gobierno de la RDA confirmó que ultimaba la redacción de una ley para regular los viajes al extranjero con la finalidad expresa de levantar las restricciones y facilitar las relaciones humanas y comerciales con el resto de Alemania. Apenas 24 horas después, el día 7, el texto de la ley ya estaba rematado y el modelo, bautizado: pases de visita.
¿Improvisación? Para nada.
El proyecto había sido largamente debatido y diseñado al detalle. Era farragoso, como casi toda la legislación pergeñada por el SED, pero en cualquier caso suponía el principio del fin. 
A primera hora de la tarde del día 9 de noviembre la ley y los pases fueron aprobados oficialmente. A partir de ahí se produjeron una serie de acontecimientos que parecían reflejar improvisación, aunque en realidad eran fruto de dos tácticas y de sendas lecciones paralelas: la prudencia y apoyo que aportó el Gobierno de la Alemania del oeste y el empujón que propinó el sector mayoritario del SED, cuyos cuadros temían que si no actuaban con celeridad y rotundidad podía pasarse el arroz.
De entrada, la tesis de la improvisación la alimentó la circunstancia de que en círculos oficiales de rango medio y bajo y en la oposición clandestina de Alemania oriental reinó la confusión debido a las objeciones de procedimiento formuladas por el Ministerio de Justicia y aunque sus prevenciones eran sólo formales, durante dos o tres horas generaron la sensación de que el sector estalinista del SED se aprestaba a paralizar la entrada en vigor de la ley.
Ese episodio y la falta de comunicación entre la clase alta y las clases medias y bajas del partido "reinante" fueron aprovechadas posteriormente con intenciones políticamente tan aviesas como infantiles, pues los "propagandistas" afirmaron que las contradicciones entre unos y otros se debían a que en el seno de la SED estaba triunfando la tesis de quienes se oponían a abrir la frontera.
Lo parecía, pero no fue así.
Ciertamente, la opacidad de la nomenclatura provocó falta de coordinación entre las autoridades ejecutivas, prueba de ello es que en la noche del día 9, cuando se inició la caída del muro, los mandos de la Policía Popular (vopos) no sabían exactamente qué hacer.
Sin embargo, esa descoordinación no constituía un fenómeno nuevo ni puntual, ni tampoco obedecía a una maniobra de los estalinistas, sino que se trataba de una tara habitual carente de significados concretos.
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En la imagen superior, trabajos de construcción (1961)
y en la inferior, escena del derribo (1989)
El error no era tal, sino
precipitación simulada y premeditada
Lo realmente sustancial, el hecho que permite comprender lo ocurrido durante esos cuatro días fue protagonizado por el periodista pomerano Günter Schabowski, miembro del comité central y del buró político del SED, quien, todavía calentita la ley, a última hora de la tarde del día 9 compareció en una rueda de prensa a la que habían sido convocados periodistas extranjeros para anunciar urbi et orbe que quedaban derogadas todas las restricciones para viajar al extranjero.
¿Fue un error? Para nada. El anuncio ni siquiera obedecía a una falta de coordinación, sino a una iniciativa elaborada que tenía objetivos de calado mayor.
Ya entonces, varios periodistas y observadores —ninguno de ellos adscrito a los grandes medios de información de masas de Occidente— advirtieron de que la comparecencia de Schabowski no era improvisada y que lo anunciado no era fruto de un desliz, sino que los comparecientes habían actuado saltándose las convenciones del régimen, que lo habían hecho con premeditada "improvisación" y con intenciones políticas que iba mucho más allá de los viajes al extranjero.
Nadie ignoraba, salvo los ingenuos y los bien desinformados ciudadanos de Occidente, que Schabowski estaba adscrito al sector del SED que urgía cambios profundos en el régimen y avanzar hacia la reunificación alemana.
Además, el periodista del SED no compareció solo, sino acompañado por tres significados y "significativos" miembros del comité central del partido: Manfred Banschak, Gerhard Beil y Helga Labs.
¿Cuál era el objetivo de la rueda de prensa? Anunciar el fin de las restricciones constituía un arma de doble filo: servía para llamar la atención y ganar el favor de los ciudadanos en general y, al mismo tiempo, forzaba una serie de "transformaciones" en la cúpula de la RDA que, en definitiva, fueron las que propiciaron que el Die Wende no se quedara en las formas ni en el elemental derecho a viajar.
El anuncio de que ya se podía cruzar el muro desató un rosario de tensiones en el seno del partido y del Gobierno "reinantes".
Varios altos cargos del régimen intentaron que la primera caída políticamente popular del telón de acero fuera pospuesta hasta las 8 de la mañana del día siguiente, tal como estaba previsto, y que a los interesados en viajar se les aplicara el requisito de solicitar el llamado pase de visita. Fracasaron. Estaban en franca minoría.
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Dos preguntas cruciales para sendas respuestas que aceleraron el Die Wende 
Durante la rueda de prensa de Schabowski un corresponsal extranjero formuló una pregunta crucial: «Señor Schabowski, ¿no cree que ha sido un grave error la ley de viajes que ha presentado hace unas semanas?»
[Una cuestión sigue abierta desde entonces: ¿había un acuerdo previo entre el periodista compareciente y uno o varios de los que preguntaban?]
Schabowski, que había extraído del bolsillo y desdoblado unos folios con membrete oficial, subrayó que «para evitar más líos» [en alusión a los pases de visita] los ciudadanos de la RDA podrían viajar a la Alemania occidental sin pasaporte ni visado y añadió: «Bastará conque muestren el carné de identidad o un documento similar» en los puestos fronterizos.
A continuación leyó varios párrafos del texto de la ley recién promulgada:
«Los viajes privados al extranjero se pueden autorizar sin la presentación de justificante», en el que entre otras cosas debían figurar los motivos del desplazamiento y el domicilio de residencia durante la estancia en el extranjero.
«Los viajes de duración permanente también pueden hacerse en todos los puestos fronterizos con la RFA». Más claro: en todos los casos bastaba presentar el carné de identidad para cruzar al otro lado.
Otro periodista interrumpió la mecánica lectura para preguntar «¿cuándo entrará en vigor?»
Schabowski, hojeando los papeles y aparentemente absorto en la lectura, sólo aparentemente, contestó con naturalidad: «Inmediatamente».
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Pulsar sobre el mapa para ampliarlo
La historia oficial está escrita
para crédulos, cómodos e ingenuos
La historia oficial dice que Schabowski dijo lo que dijo porque no había leído previamente el texto íntegro de la ley, que en uno de sus apartados precisaba que los pases de visita entrarían en vigor a primera hora de la mañana del día siguiente y que los peticionarios deberían consignar ciertos datos.
Con perspectiva y sin rodeos, se requieren altas dosis de ingenuidad para dar por buena la explicación de que el pomerano se había equivocado porque no había leído la ley...
Las emisoras de radio y televisión hicieron el resto del trabajo. La noticia corrió tanto o más rápido que si hubiera circulado vía SMS o Twitter. 
Las palabras «el muro está abierto» resonaron en todos los hogares y centros de trabajo, en los transportes públicos, en las calles de las urbes y también en las plazas del rural.
Miles de berlineses se dirigieron a los puestos de control, pero ya había anochecido y la mayoría de ellos no acudieron para cruzar al oeste, sino para comprobar si era cierto que el régimen permitía abrir agujeros en el telón de acero.
La presión y el entusiasmo fueron in crescendo y en torno a diez de la noche del día 9 de noviembre un oficial de los vopos [todos los oficiales de la Policía Popular eran miembros del SED] abrió un horizonte de futuro al levantar la barrera del checkpoint situado en el puente de la Bornholmerstrase.
A lo largo de la noche los germano-orientales que cruzaron al oeste apenas superaron los 2.000, a lo sumo 3.000, según las fuentes. Muchos de ellos no cruzaban por los puestos que ya permitían el tránsito, sino que cortaban alambradas, escalaban el muro y lo saltaban.
Salvo excepciones, los guardias se limitaban a observar, los hubo que incluso ayudaron a los más torpes para que treparan el muro sin sufrir daño. Numerosos agentes sonreían y a la vista de las imágenes que quedan del evento, los rostros de la inmensa mayoría de los vopos denotaban satisfacción o indiferencia. Ninguno cumplió la teórica orden de disparar, ¡que no había sido derogada! También los hubo que acudieron a charlar y cambiar impresiones con sus colegas del lado occidental.
Antes de que amaneciera el 10 de noviembre varias decenas de alemanes —tanto residentes en el este como en el oeste— provistos de mazos, martillos, picos y palas habían iniciado la demolición de varios tramos del muro.
Y Berlín fue una fiesta.
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NOTA:
La Historia es aficionada a las casualidades, este fin de semana se cumplen 75 años de La Noche de los Cristales Rotos, el primer pogromo nazi contra los alemanes de fe judaica, que fue ejecutado durante la noche del 9 al 10 de noviembre de 1938. Pulse aquí para acceder a más referencias y datos.
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DE INTERÉS:
"La caída del muro, ¿dónde está la fiesta?", por Luciana Castellina, vía SIN PERMISO, y
"El muro sigue ahí", por Ángel Ferrero, vía ELDIARIO.ES.

2 comentarios:

  1. Podemos concluir que, con todas las dificultades y los problemas, la reunificación alemana ha sido un éxito.

    Saludos.

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    1. Sin duda, aunque conviene no olvidar que persisten los problemas de encaje tanto personales (hay germano-orientales que todavía no lo han asumido debido a criterios educacionales que afectan a las relaicones laborales y con la autoridad) como colectivos (la situación económica de quienes residen en los "land" orientales sigue acusando deficiencias, incluso en los servicios).
      En todo caso, fue positivo que el país recuperar su ámbito y ambas sociedades restañaran las heridas más graves.

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