18 noviembre 2014

O suicidio da prensa / El suicidio de la prensa

O panorama da prensa é inquietante e por riba hai expertos que agochan a verdade e din que todo empezou en outono de 2007 co primeiro estalido financeiro.
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El panorama de la prensa es inquietante y para colmo hay expertos que maquillan los hechos, afirmando que todo empezó en otoño de 2007 con el primer estallido financiero.
Yerran y lo saben, pero insisten en esa tesis porque quieren tapar las incompetencias, las comodidades y los intereses que desde hace años matan la credibilidad y las ventas.
El declive de los periódicos se inició antes de que reventaran las subprime y estallara la mal llamada crisis. El suicidio de la prensa ya se había iniciado cuando el ladrillo era el motor del supuesto crecimiento económico. El fulgor de las burbujas fue de ámbito universal e intersectorial, también encandiló a numerosos propietarios de medios y a los periodistas que loaban el "capitalismo popular"... ¡valiente sandez!
Desde el 1 de enero de 2001 hasta mediado 2007 en Estados Unidos murieron 140 diarios. El terremoto llegó a Europa con un par de años de retraso, pero a inicios de la primera década de este siglo ya caían las ventas y el descenso todavía no se ha detenido. Hay diarios que han logrado paliar la sangría, cierto, pero son las excepciones.
El fenómeno también era notorio en España mucho antes de que empezara la recesión. En 2002 y 2003 ya se disponía de pruebas inequívocas de que la prensa perdía clientes, pero ni siquiera las editoras más "grandes" (El paísEl mundoLa vanguardia, ABC, El periódico o La voz de Galicia) se dieron por aludidas. Cerraron los ojos.
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Tendencia: los contables relegan
a los periodistas y sugieren
lo que deben decir o escribir 
En 2009, cuando el desmadre financiero ya llevaba dos años deteriorando la economía real, algunos editores de periódicos (pocos) le vieron las orejas al lobo y reaccionaron, pero no hicieron frente a la pérdida de lectores-compradores, sino que centraron los esfuerzos en parchear el descenso de los ingresos por publicidad; es decir, casi todos los expertos seguían sin detectar (la mayoría sin admitir) que el primer problema y el que más efectos tendría en el corto y en el medio plazo no era la pérdida de publicidad, sino el fin del modelo.
Hubo administradores y responsables de redacción que eran conscientes de que los diarios perdían clientela por los defectos, vicios y perversiones adquiridas en materia de criterios informativos, por navegar contracorriente y bien pegaditos al Poder. 
El deterioro se había iniciado durante los últimos años noventa. Numerosos periodistas también lo sabían, pero callaban.
Pasan los años y todavía hay administradores, ejecutivos y responsables de redacción que siguen, erre que erre, aferrados a la tesis de que todo, absolutamente todo, es culpa de los recortes publicitarios y de internet. Mienten o son bobos.
Los periódicos, quieran o no reconocerlo, no se dejan de vender porque escasee la publicidad, ni sólo porque leerlos en internet sea gratis... que además no es gratis
Los periódicos están perdiendo compradores-clientes porque la historia no se detiene y por defectos muy concretos de los propios rotativos:
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1. El mito de dar servicios y la trampa del entretenimiento
Con la cantinela de que el diario no sólo es "un vehículo de información", sino también un servicio [...los pregoneros y los teleprogramas fenecieron] y una forma de pasar el rato, el porcentaje de tomate y de simplezas han ido en aumento hasta el extremo de que en numerosos diarios hay más entretenimiento que textos con contenidos informativos o de análisis, sean de actualidad o de historia, de ciencia u otras disciplinas y saberes.
Demasiados contenidos carecen de interés para los compradores, excluidos los lectores de bar y quienes compran el periódico por la promoción o el regalo.
Para redondear, atienden a las audiencias, no a los compradores. Absurdo consuelo, pues carece de racionalidad que una empresa celebre que 10.000, 20.000, 30.000 o más personas accedan gratuitamente a su producto. Semejante disparate es propio de empresarios y directivos idiotas o que están más pendientes del prestigio y de las relaciones socio-políticas que de la viabilidad del negocio.
Esa cantinela de que a más audiencia, más publicidad también es un pasado feliz. Excepto las empresas mal asesoradas o engañadas, nadie ignora que la publicidad en prensa tiene efectos ínfimos, salvo que ocupe páginas enteras o se pague la publicación de propaganda disfrazada de información [esta es otra perversión que aumenta en proporciones destructivas a instancias de los contables].
Resumiendo, ¿acaso los editores y los gestores creen que existiendo TV, radio e internet el diario impreso puede ser un producto de masas?, ¿pretenden ganar clientes tomando el pelo al 10 o 15 % de la población (por ahí anda el porcentaje de ciudades lectores) que está dispuesta a pagar por información elaborada, conocimientos, contextualizaciones de hechos e interpretaciones de  datos?
Nadie niega que también hay que entretener, pero no compitiendo con la TV ni llenando páginas con estupideces y bufonadas.
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Ilustración capturada en Ex-Voz (pulsar para ampliar)
2. La credibilidad perdida
no se recupera haciendo alardes
Los diarios también pierden clientes porque numerosos periodistas (empezando por los responsables de redacción) dilapidan alegremente su crédito como informadores.
Los textos que defienden intereses económicos privados o políticos van en aumento desde finales de los años noventa. Siempre ha habido diarios y periodistas que se venden, pero la cifra de vendidos ha aumentado exponencialmente [por cierto, ese aumento se debe en gran medida al creciente mileurismo en el sector].
Para colmo, la perversión de rapiñar dinero como sea es cultivada con premios económicos (pluses en nómina o fuera de ella) y con adulaciones sin cuento por parte de los ejecutivos de las empresas editoras, que a su vez son presionados (o premiados) por las entidades financieras propietarias de acciones o por los bancos que conceden créditos y liquidez a la sociedad o al empresario.
Todo ello sin olvidar las subvenciones del poder político, ni el ansia de ciertos periodistas por formar parte de la élite y del poder.
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[Hay rotativos que ya aceptan como algo natural la existencia de periodistas alineados con una gran empresa, un partido o una institución; peor todavía: les permiten controlar información de su interés y tratarla al gusto, reduciendo o aumentando espacio y halagos]
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3. Los lectores de prensa constituyen una minoría social
Hay expertos en prensa que no parecen haberse enterado (o simulan no haberse enterado) de que la información gratuita (radio y TV) atrae a la mayoría de la población; la principal causa de esa migración es obvia: economizar; precisamente por eso el periódico no puede ser el bis de lo que sus clientes potenciales ya han visto, leído o escuchado en las emisoras de radio y TV, o bien en internet quienes disponen de conexión, que no es gratuita.
Tampoco parecen haberse enterado de que poco a poco aumenta el número de personas interesadas en pagar por información trabajada y no manipulada, lo que favorece la venta de productos elaborados para lo que el papel es una opción válida pero desaprovechada.
Naturalmente, trabajar la información requiere una plantilla con agenda, conocimientos, memoria y sangre vitaminada, pero numerosos diarios han optado por todo lo contrario y liquidan a los profesionales preparados y con experiencia con la excusa de que son caros, al tiempo que apuestan por los periodistas baratos y por los listos o los bien relacionados con el Poder y/o con grandes anunciantes. 
Casi imperceptiblemente, el porcentaje de los textos con valor añadido que ofrece la prensa se ha ido reduciendo al mismo ritmo que aumentan los entrecomillados en la información política, los mal llamados reportajes humanos y la reproducción de palabras o hechos sin interés para los compradores de periódicos, que en su inmensa mayoría acaban negándose a pagar por nada.
Los periódicos que dan alimento a los ciudadanos que piensan son los que fidelizan a sus clientes.
¿Algún editor, gestor o responsable de redacción cree realmente que el comprador de prensa está dispuesto a pagar para leer simplezas, doctrina mal disimulada o lo que ya sabe porque lo ha visto u oído en radio y TV?, ¿alguien cree realmente que los contenidos populacheros captan compradores o merecen la fidelidad de quienes pagan? 
Sin duda, la recesión y la caída de la publicidad exigen medidas específicas, pero los diarios que superen la recesión económica seguirán sin tener garantizada su existencia si no afrontan el reto de ser periódicos del siglo XXI, con versión digital por supuesto, pero de pago y que no sea el bis de la impresa, sino adecuada al formato, interactiva y abierta al universo y a los modos de la Red. 
El comprador de información, máxime en papel, es un ciudadano singular, forma parte de una minoría social que pocos gestores de diarios demuestran comprender y respetar.
Es probable que el papel impreso carezca de espacio en el mundo de la información en 2030 o 2040 (hay estudios al respecto), pero hoy ya está demostrado que los diarios que ofrecen lo ya sabido y simple entretenimiento están condenados a penar y al paso de escasos años, morir.
Si las conexiones a internet fueran las adecuadas en todo el territorio y sólo un 25 % más económicas, la mayoría de los diarios actuales se hundirían y al paso de unos meses hasta los listos que emulan a Randolph Hearst se verían obligados a bajar la persiana.
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CON ANTERIORIDAD:

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