05 diciembre 2014

Bicentenario de Andorra: el camino hacia la independencia duró ocho siglos (1133-1814)

En el siglo XII el país de los Pirineos inició el camino hacia la soberanía,
que el emperador Carlos I reconoció en 1512 y Francia aceptó en 1814
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Este año Andorra ha estado en boca de millones de españoles debido a los avatares que rodean el ocaso político de Jordi Pujol, que al parecer reunió una fortuna en una entidad financiera del Principat. Sin embargo, en 2014 Andorra ha sido merecedora de estar en millones de bocas por un motivo menos coyuntural, pues el país de los Pirineos ha cumplido dos siglos como Estado totalmente independiente.
Durante el siglo XII y a instancias de Ermengol VI (conde de Urgell) se inició la construcción de la singularidad andorrana, que como país vivió los episodios más decisivos en los siglos XVII y XIX a causa de sendos intentos de incorporar el territorio a Francia.
El largo y proceloso camino hacia la independencia sufrió un parón que parecía definitivo en 1620, cuando el rey francés Luis XII [hijo de Enrique IV de Francia y III de Navarra] abolió los derechos del viejo feudo y lo incorporó a sus dominios.
Sin embargo, lo que parecía ser el fin de la singular y amplia autonomía de la que gozaba tan diminuta y débil natio sólo fue un paréntesis por dos motivos: primero, porque Luis XII se olvidó a los cuatro días de su decisión y en la práctica nada cambió en los valles, y en segundo lugar porque el flamante Estado surgido de la Revolución Francesa (1789) renunció a todos los derechos que pudiera ostentar Francia sobre los valles y estos recuperaron oficialmente su autonomía, que temporalmente sólo tuvo un monarca, el obispo de La Seu d'Urgell.
Sin embargo, esa situación también fue transitoria debido a que Napoleón Bonaparte imitó a Luis XII y declaró Andorra territorio francés.
Por fin, definitivamente vencido el general corso el Reino de Inglaterra [el titular era Jorge III], como potencia principal de la entente que derrotó al bonapartismo, asumió la responsabilidad de decidir el futuro de Andorra --amén de intervenir en otros asuntos franceses-- y Londres optó por restituir el condominio feudal de la diócesis de Urgell y el Condado de Foix, privilegio este último que inmediatamente se arrogó el flamante rey Luis XVIII, sustituto de Napoleón al frente de Francia.
Desde entonces, 1814, y gracias en gran medida a una decisión del rey de Inglaterra, Andorra es un singular condominio y Estado independiente cuya jefatura comparten dos monarcas: un copríncipe francés [antes el rey y actualmente el presidente de la República] y otro con residencia al sur de los Pirineos que en su día fue elegido por la desaparecida Corona de Aragón y que actualmente nombra El Vaticano, el obispo de La Seu d'Urgell.
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Un pueblo con 22 siglos de historia
La primera referencia histórica (prueba documental) de la existencia de los andorranos es del historiador Polibio (siglo II a. de C.), que en su obra Historias relata el viaje del ejército de Aníbal desde la península Ibérica hasta la Itálica y cuando se refiere al paso de los Pirineos menciona a los andosinos, pueblo prerromano que habitaba en los Pirineos orientales y que algunos historiadores relacionan con los vascos; no en vano, antes de replegarse al extremo suroeste de Francia, la mitad norte de Navarra y gran parte de la actual Euskadi, los vascones poblaron prácticamente todos los valles de la cordillera pirenaica.
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[Hay topónimos en las actuales provincias de Lleida y Huesca que comparten raíces con el euskera primitivo; así, por ejemplo, el origen de Arán es íbero, la lengua madre del euskera o con la que está estrechamente emparentado, que son las dos tesis que mantienen sendos grupos de estudiosos del euskera (en castellano: éuscaro, vasco, vascuence y hasta principios del siglo XX también denominado vizcaíno, y que con anterioridad en ciertos ámbitos fue conocido como cántabro).
El vocablo íbero haran significa valle, del que provendría el topónimo autóctono Val (palabra occitana) d’Arán: valle del valle.
En esa comarca del norte de Catalunya colindante con Francia todavía hay miles de residentes cuya lengua materna es el aranés, variante de la "langue d’oc" u occitano. En fin, otra muestra de que el multiculturalismo es consustancial a las Españas.
De interés: «Hasta cuándo se habló euskera en Catalunya»]
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La Marca Hispánica rompió el aislamiento de los andosinos
Los andosinos que el griego Polibio inscribió en la Historia vivieron durante siglos prácticamente ajenos a los avatares de los países del entorno.
Caído el Imperio Romano (siglo V), que apenas influyó en la vida de los valles pirenaicos, los visigodos, cuyo reino abarcó casi toda Hispania y el sur de la Galia, tampoco dejaron huella, limitándose a garantizar la capacidad recaudatoria y el poder de los señores que controlaban y explotaban a las gentes.
Tampoco los musulmanes se interesaron de forma especial por los valles del Pirineo, salvo para cruzar la cordillera o para ejecutar periódicas razias a fin de saquear las villas e impedir que aumentara la capacidad militar de los nobles visigodos refugiados en las montañas. El relanzamiento de la Yihad hacia el norte cambió la situación de los pueblos establecidos en el Pirineo.
La derrota que los guerreros de Alá sufrieron en la batalla de Tours (732) a manos del ejército franco que comandaba Charles Martel logró impedir que los mahometanos controlaran el país de los francos, exceptuada la costa mediterránea [la comprendida entre Perpinyà/Perpignan y Montpellier], donde la taifa de Narbona sobrevivió hasta el año 759.
Todo cambió entonces para los valles de Andorra y resto de las tierras pirenaicas. El Imperio Carolingio [Carlomagno fue coronado en el año 764] decidió ejercer de protector de los señores visigodos y nobles locales que resistían el empuje del islam en la cara sur de los Pirineos, desde la costa mediterránea hasta la cantábrica, territorios y pueblos donde y con los que organizó un colchón anti-invasiones: la Marca Hispánica.
Pese a todo, la comarca de la actual Andorra siguió siendo un enclave secundario que apenas suscitaba interés, hasta que en el año 839 el nieto de Carlomagno, Carlos el Calvo, que había heredado el Reino de los Francos de su padre, Luis el Piadoso, determinó que los valles andorranos fueran incorporados al Condado de Urgel (Comtat d'Urgell), al frente del cual puso a Sunifredo I en el marco de una operación con la que apartó del poder a Galindo Aznárez, repudiado porque había alcanzado acuerdos de paz y colaboración con los musulmanes.
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Iglesia de Sant Joan de Caselles (siglo XI, románico)
Entra en danza la Iglesia
a través del obispo de Urgell
Poco a poco el Comtat d'Urgell aumentó sus dominios hacia el sur a la procura de tierras más fértiles, por lo que en 1133, depreciados los agrestes y fríos valles pirenaicos, Ermengol VI regaló Andorra al obispo de Urgell [la incorporación de las palabras La Seu (en catalán) o Seo (en castellano) al nombre de la ciudad fue posterior; la población es de origen íbero: Arse-durgui, que fue rebautizada por los romanos como Orgellia].
Lejos de simplificarse, el estatus de los valles y de los andosinos se complicó debido a que 38 años antes, en 1095, la diócesis había cedido el ejercicio de sus competencias económicas y judiciales a una familia de la nobleza local, los Caboet, a cambio de que estos garantizaran la protección armada de la curia y de sus bienes.
En virtud de ese pacto la familia Caboet había asumido la administración y las funciones policiales del pago andorrano, si bien la titularidad de las tierras siguió a nombre del obispado.
En 1185, Arnalda de Caboet matrimonió con Arnau de Castellbó y años después la hija de ambos, Ermesinda, se desposó con el conde franco Roger Bernard II de Foix, uno de los señores feudales más poderosos del mediodía francés, pues su señorío abarcaba todo el país de Bearne.
Con la finalidad de poner fin a una serie de pleitos territoriales entre el conde de Foix y varios nobles de la región con intereses y tierras a ambos lados de los Pirineos, en 1278 se cerraron una serie de acuerdos para saldar cuentas y delimitar competencias, incluyendo un apartado mediante el que se fijaban los deberes e impuestos de los andosinos/andorranos y la conversión del territorio en un condominio feudal.
Ese pacto supuso la creación del entonces bautizado Principat d’Andorra, marcado por dos leyes que han condicionado su historia: la monarquía andosina era virtual, pues el territorio no era plenamente independiente y segundo, la monarquía no sería de carácter unipersonal sino dual, pues el título lo compartirían un representante de la vertiente norte de la cordillera [entonces el conde de Foix y actualmente el presidente de la República Francesa] y otro de la sureña [el obispo de Urgell, luego La Seu d'Urgell]; fórmula a la que en ocasiones puntuales recurría la aristocracia medieval para esquivar pleitos: el llamado pariaje.
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El emperador Carlos I en un retrato
al óleo del veneciano Tiziano Vecellio,
pintado hacia 1548
Pedro III consintió el pariaje
y Carlos I, la independencia
La continuidad de esa singular soberanía estuvo a  punto de desaparecer debido a los excesos del conde de Foix, lo que motivó la reacción del titular de la Corona de Aragón, Pere/Pedro III --hijo de Jaume/Jaime I--, pues los valles de Andorra eran vasallos de una de las monarquías de las que él era titular, el Principat de Catalunya --La Seu era cabeza de uno de los condados catalanes más antiguos y cofundador del principado (federación de condados).

[El titular de las dos monarquías imperantes en el noreste ibérico (el Reino de Aragón y el Principado de Cataluña) era la misma persona, que sin embargo mantenía vivas las dos monarquías, no una, dos y cada una con sus normas y leyes]

Sin embargo, como el condado de Foix era subsidiario de la Casa de Aragón el monarca hispano optó por advertir y contemporizar, ratificando el pariaje.
Diez años después, a iniciativa del conde de Foix y previo visto bueno del titular del Principat de Catalunya fue modificado el acuerdo fundacional de Andorra introduciendo --entre otros detalles de calado menor-- el nombramiento por consenso de varios delegados o notarios para que en calidad de representantes de los dos señores se encargaran de administrar los valles y de regular la convivencia entre los andosinos.
Esa delegación de funciones reforzó la autonomía del país, que a partir de entonces y hasta 1814 caminó con mayor firmeza hacia la independencia, que por parte de la Corona de Aragón fue reconocida en 1516, gobernando Carlos I.
La primera suspensión de la autonomía andorrana se produjo en 1396, cuando Martín I (rey de Aragón, València, Mallorca y Cerdeña a la vez que conde de Barcelona y príncipe de Catalunya) suspendió temporalmente el pariaje con el objetivo de poner coto una vez más a la creciente influencia franca, por lo que sometió los valles a la jurisdicción única y directa de la Corona de Aragón, pero en 1400, poco antes de morir y una vez restañadas las heridas abiertas por el vecino del norte, el monarca devolvió todos los derechos al conde de Foix y al obispo de La Seu.

El fin de la corte pamplonesa y el reconocimiento hispano de la soberanía andorrana
La segunda anexión de los valles por parte de la Corona de Aragón fue decretada en 1512 por Fernando el Católico (ya viudo de Isabel de Castilla) a raíz de los pleitos fiscales que mantenía la Casa de Aragón con el Condado de Foix, discrepancias que habían sido provocadas por varias familias nobles del Reino de Navarra con la finalidad de enfrentar a hispanos y francos en beneficio de las arcas de la corte pamplonesa.
Ese mismo año y a fin de cortar esos y todos los hilos que había enredado la nobleza pamplonesa en beneficio propio, Navarra fue invadida por tropas castellanas y Fernando derogó la soberanía y el título real de origen vascón, que fueron fagocitados por el Reino de Castilla, de la que era soberano Fernando el Católico, titular de las cinco monarquías ibéricas todavía vigentes: la castellana y las cuatro federadas en la Casa de Aragón: los reinos de Aragón, València y Mallorca más el Principado de Catalunya.
Una vez solventado el contencioso provocado por la ya desaparecida corte pamplonesa el católico rey --que además convirtió a Germaine de Foix en su segunda esposa-- restituyó la autonomía de Andorra.
Aún se produjeron otras dos suspensiones temporales del pariaje [ya referidas en los primeros párrafos de este texto], las dos veces por decisión de Francia: la primera desde 1620 hasta 1789 --aunque con efectos relativos porque los notarios andosinos siguieron ejerciendo sus funciones fiscales y reguladoras-- y la segunda durante los casi siete años de dominio bonapartista (1808-1814); finalmente, una vez derrotado el bonapartismo, la restaurada monarquía francesa fue obligada a reconocer la soberanía andorrana, que es total desde 1814.
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Siglo XX: Boris I de Andorra,
el bielorruso que reinó nueve días..
Los episodios de la Historia de Andorra más destacados y merecedores de ser recordados por su extrema singularidad no acabaron con la independencia. Los valles, por ejemplo, han sido el escenario del que probablemente ha sido el intento de golpe de Estado más jocoso de la historia de Europa, en 1934, cuando el bielorruso apellidado Skósyrev se autoproclamó rey de Andorra como Boris I.
La mayoría de la población, que en aquella época estaba muy diseminada y mal comunicada no se enteró o si lo hizo, lo tomó a broma; en todo caso, la mayoría de los andorranos confiaron en que los copríncipes actuarían.
El sainete monárquico de Boris I se prolongó nueve días, durante los que el ocurrente eslavo tuvo tiempo de emitir varios decretos, incluida una constitución, publicó el primer número de un boletín real y declaró la guerra al Obispado de La Seu... hacer otro tanto contra la República Francesa le debió parecer en exceso arriesgado.
El copríncipe galo y presidente de Francia se lo tomó con calma pero el obispo español montó en cólera, viajó a la capital del pariaje acompañado de un sargento de la Guardia Civil y cuatro agentes: Boris I fue detenido, trasladado a La Seu y al día siguiente, a Barcelona, donde fue puesto a disposición judicial. Un día después el rey fue conducido a Madrid, pero no pudiendo imputarle delito alguno porque su acción tuvo lugar en el extranjero, la Justicia se limitó a aplicarle la ley de vagos y maleantes para finalmente ser expulsado a Portugal, país desde el que teóricamente había ingresado en España para luego acceder a Andorra [otra versión de ese episodio informa de que París rechazó la petición española de expulsar al eslavo vía Francia, que era desde donde realmente había ingresado en Andorra]. El bielorruso se afincó en Lisboa, o eso parece, pero cuatro años después volvió a aparecer públicamente en el sur de Francia.

Segunda tentativa de Boris I y su misteriosa desaparición bajo el régimen de Vichy 
El singular eslavo protagonizó otro episodio novelesco en 1938, esta vez en la ciudad de Aix-en-Provence [una treintena de kilómetros al norte de Marsella], donde convocó una rueda de prensa abierta al público para reivindicar por segunda vez la corona de Andorra.
La algarada remató con la detención del monarca, que fue sometido a juicio y condenado a una pena menor.
Posteriormente, ya ocupada Francia por el ejército alemán el teórico barón de Orange [título que Skósyrev decía haber recibido de la familia reinante en los Países Bajos] fue recluido en 1941 en un campo de internamiento para extranjeros de la costa mediterránea administrado por el Gobierno de Vichy, circunstancia de la que hay testimonios, incluidos los de varios republicanos españoles exiliados que conocieron al barón de Orange en el centro de detención.
De la vida ulterior del bielorruso hay tres versiones: hay quienes aseguran que para abandonar el campo de internamiento Boris I se alistó en la Wehrmacht y sirvió al III Reich [de hecho, hay una foto suya ataviado con el uniforme del ejército alemán, lo que por si solo, en rigor, no prueba su alistamiento]; otros aseguran todo lo contrario, que murió a manos de los nazis, y hay una tercera tesis --la más creíble porque existen indicios racionales y documentales, aunque no prueban esta versión al 100 %--, según la cual las autoridades retuvieron al rey andorrano durante varios meses hasta que fue excarcelado por orden de las autoridades de Vichy [así constaría documentalmente] tras el pago de una elevada multa [de esto no hay prueba documental] que al parecer habría sido abonada por Florence Marmon, la multimillonaria norteamericana con la que el bielorruso se había casado en 1932 tras divorciarse de su primera esposa, la holandesa María Luisa Parat.
En fin, la del falaz rey de Andorra fue una de esas vidas que engendran leyendas, amén de mil y un cuentos y a toro pasado, una justificada sonrisa.
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La actual Andorra la Vella (pulsar para ampliar)
Entre los franquistas
y los colaboracionistas de Vichy
En 1938 el espectáculo de Skósyrev en Aix-en-Provence apenas preocupó a los andorranos porque desde finales del verano de 1936, a causa del fallido golpe de Estado en España y el estallido de la guerra civil, el país de los Pirineos acusaba problemas y situaciones que afectaban grave y personalmente a todos sus ciudadanos, pues el Principado había sido ocupado militarmente por orden del copríncipe francés, el presidente de la República, para evitar que tropas españolas, fueran fieles a la legalidad republicana o golpistas, invadieran el Principado pirenáico.
La presencia de los militares y gendarmes galos se mantuvo hasta que el Gobierno de Francia capituló ante el III Reich. A partir de entonces (1941) las autoridades andorranas se vieron obligadas a bailar al compás de los franquistas de Madrid y del régimen filonazi de Vichy para evitar la desaparición del Estado pirenáico.
Sin embargo, tanto el general Franco como el mariscal Petain renunciaron a lo que insistentemente aconsejaban sus próximos: ocupar Andorra. En rigor y en contra de lo que han afirmado algunos historiadores, los germanófilos gobiernos francés y español no recibieron indicaciones de Berlín desaconsejando la ocupación de Andorra, sino que Madrid y Vichy respetaron la neutralidad andorrana en beneficio de las personas adineradas de ambos regímenes.
Gentes con fortuna, entidades financieras y empresas de ambos lados de los Pirineos y de otros países, incluida Alemania, preferían mantener operativo el limbo de los Pirineos para mover capitales y ejecutar jugosas transacciones; era lógico, pues moviendo dinero, oro, joyas y obras de arte (muchas de ellas robadas) en o desde Andorra evitaban intromisiones y "gastos políticos", al igual que ocurría a gran escala en la también neutral Suiza.
En paralelo, mientras la Francia de Vichy permaneció bajo el control de la Wehrmacht, de la Gestapo y de los criminales de la SS el Principado también fue utilizado como lugar de paso por europeos de fe judáica que huían del Holocausto, así como por miembros de la resistencia francesa y militares aliados (casi siempre aviadores) que cruzaban los Pirineos, pues aunque la mayoría de las veces lo hacían por la frontera vasco-francesa o vasco-navarra, alternativamente también pasaban a través de los valles andorranos.
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De pasillo para perseguidos
a paraíso financiero y turístico
Confirmada su utilidad como tierra de nadie a la vez que de todos, después de caer Berlín en manos del Ejército Rojo las autoridades de Andorra tampoco hicieron nada --ni podían-- para evitar que el país se convirtiera en escala y trampolín para los nazis que huían de la Justicia rumbo a la España franquista con el objetivo de embarcar rumbo a América, casi siempre Argentina, Brasil o Uruguay.
La mayoría de los criminales nazis que transitaron por Andorra camino del Nuevo Mundo embarcaron en Barcelona.
Ya durante las décadas de 1950 y 1960 Andorra se convirtió simultáneamente y al mismo ritmo en almacén de contrabandistas, paraíso fiscal, estación de turismo invernal y sede de bancos especializados en transacciones internacionales, amén de depositarios de fortunas.
En teoría, Andorra ya no es un paraíso fiscal... al igual que Mónaco.
Hasta 1993, año en que fue aprobada en referéndum la actual constitución, en Andorra siguieron vigentes normas de origen feudal que favorecían todo tipo de manejos económicos y fiscales.
Hoy el Principat d'Andorra es un régimen parlamentario en el que los copríncipes carecen de atribuciones y solo ejercen funciones protocolarias; sin embargo, esa circunstancia no es baladí, pues el obispo de La Seu d'Urgell y el presidente de la República Francesa constituyen la jefatura de Estado; unido esto a la debilidad del país y a su elevada dependencia económica de los vecinos, el Principado es de facto una prolongación de España, Francia y de rebote, también de El Vaticano.
Andorra no es Estado miembro de la Unión Europea pero está vinculado a las administraciones públicas de España y Francia en materias como la enseñanza, la sanidad, la seguridad y además, amén de otras dependencias de menor enjundia, es obligado destacar que la divisa paraoficial es el euro.

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