02 marzo 2015

Periodismo de mierda: ¡Viva la libertad de mentir y difundir insidias!

Uno de los fenómenos más incompresibles de cuantos caracterizan actualmente el mundo de la información figura, curiosamente, entre los menos citados y analizados por los expertos y gurús del periodismo: la difusión diaria de mentiras, falacias y sobre todo, de acusaciones infundadas, tanto en prensa como en radio y TV.
El ejemplo del día es la noticia protagonizada por el presidente de Gobierno de la comunidad de Madrid, Ignacio González, que dice ser víctima de un chantaje urdido por la Policía. Tal cual.
No aporta prueba alguna y cuando se produjo el supuesto delito al que alude no lo denunció ante las autoridades. Sin embargo, numerosos medios difunden la acusación de González como si fuera palabrita del niño Jesús. Es lógico informar de lo que dice, cierto, pero no menos cierto es que un medio responsable debe acompañar el titular con un subtítulo que puntualice la declaración o bien abrir el texto de la noticia con una entradilla en la que se advierta de forma clara que el político imputa un delito sin aportar prueba ni indicio racional alguno.
No es la primera vez. Peor aún: ese tipo de declaraciones insidiosas ya son "normales", aparte de que muy probablemente también sean constitutivas de delito. Pero... pues eso.
..
¿Todo vale para ganar audiencia?
Rentabilidad comercial y éxito político,
de momento...
El éxito de ese tipo de declaraciones es tal que hay periódicos y emisoras que sustentan en gran medida sus ventas y audiencias recurriendo casi a diario a las falacias, las injurias o las simplezas de un bocazas.
Es la versión periodística del entretenimiento llamado "tomate"... ¿hay que vender ejemplares y ganar audiencia como sea?
Tan arrollador es el éxito comercial y electoral de la mentira y de la insidia que hay profesionales de la política, empresarios y otros agentes sociales —incluidos electos y altos cargos públicos— que dicen lo que les viene en gana, sabedores de que los medios difunden lo que sea, sin limitaciones ni advertencias.
El origen del embrutecimiento no se debe a que proliferen de forma inusual los individuos que recurren a la mentira y a la insidia. La tasa de sinvergüenzas no ha aumentado exponencialmente, los bocazas siempre han formado parte del paisanaje. En el éxito de esos personajes tienen una elevada cuota de responsabilidad los medios, ¡no todos!, por descontado.
..
Oiga, ¡qué yo soy demócrata de toda la vida!, porque "el conceto es el conceto"...
Seamos sensatos y sinceros: todos los medios y periodistas son (somos) responsables en mayor o menor medida de que los sinvergüenzas enloden la sociedad, la economía y la política por aceptar la barbaridad según la cual la libertad de expresión consiste en que un individuo diga lo que le plazca y difundirlo sin prevenciones, mentiras incluidas
A ese perverso concepto de libertad de expresión se suman la actitud de no pocos propietarios y directores de medios, que impiden poner coto a la profusión de las declaraciones que se venden bien.
[Mira, chaval, tú grabas o tomas notas, como prefieras, tanto da, luego buscas la frase más escandalosa para titular y copias debajo el resto. Esa es la tarea de un buen profesional del periodismo... ¿entendido?]
¿Acaso cree usted, amable lector/a, que la conspiranoia tejida en torno al 11-M fue flor de un día?
Cientos de miles de españoles estaban convencidos de que la Policía y la Justicia ocultaban pruebas del atentado que costó la vida a 198 personas, y hoy miles de madrileños creen que don Ignacio está siendo extorsionado por la Policía. En eso tiene mucho que ver la pérdida de decoro y de inteligencia que acusa el periodismo.
No nos engañemos, siempre hubo mentiras, insidias, "amarillismo" y conveniencias, pero de un tiempo acá, como muy bien dijo Javier Pérez de Albéniz, hay mucho «periodismo de mierda».
..
Más, en "Ocho claves sobre el ático de Ignacio González";
un ejemplo de lo que merecen las insidias.
CON ANTERIORIDAD:
«Empresas asociales y periodistas indignos alegan que "el cliente siempre tiene la razón"»,
«De cómo demasiados periodistas renuncian a ejercer el oficio»,
«La estrategia de la manipulación que aplican el Poder y numerosos medios»,
«Cada vez más, la información política es un rosario de palabras huecas»,
«Información: Conveniencias e intereses, renuncias y comodidades»,

3 comentarios:

  1. El problema es que la calumnia es muy barata y muy rentable en el ámbito español. Se deja caer la insidia, igual que un insecto siniestro hace su puesta, y para cuando el insecto es controlado las larvas ya han hecho presa en muchos oídos. La Justicia es lenta y muy cara. El castigo, incluso si la insidia se prueba, muy relativo, por lo que muchas veces no compensa la vía penal. Un triunfo para el criminal calumniador.

    Esto no es de ahora; es una constante histórica española. Recuérdese la calumnia sobre los crímenes de Casas Viejas, calumnia que arruinó la reputación de Azaña e hizo tambalear la II República: una maquinación, un infundio en el que el periódico ABC tuvo un papel crucial. Y eso que no la urdieron bien, sino chapuceramente y mal hilvanada, y aún así ha perdurado hasta nuestros días, en que el magistral trabajo del periodista Tano Ramos la desmenuza y desmonta para siempre con precisión de microscopio.

    Esto de ahora, lo de González, es más esperpéntico y linda con la demencia megalomaníaca: cuerpos policiales conspirando contra un político de quinta fila. Quizás se arregle con un par de inyecciones, de fósforo y de realismo.

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  2. Calumnia, que algo queda...
    Ya hace tiempo largo que J. Swift escribió 'el arte de la mentira política', y eso que no vivía en la España actual.

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  3. El títol de la pàgina resumeix tota l'entrada XD

    Féli, podries dir me què significa el braç en alt de Pablo Iglesias i de Errejón. Sembla un gest "autoritari":

    http://www.elcorreo.com/noticias/201410/23/media/pablo-iglesias-internacional.jpg

    Una abraçada.

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NOTA: En ImP no se publicarán injurias ni difamaciones, ni tampoco imputaciones de faltas o delitos sin aportar pruebas, datos judiciales o sentencia.
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