15 abril 2015

El valor de la vida en los medios: Un muerto "nuestro" vale más que cien de "los otros"

Hace apenas dos semanas, con motivo del accidente del avión de Germanwings, quedaron patentes la inclinación al simplismo y la apuesta de numerosos medios por vender morbo, amén de una tara de calado mayor... Ayer, un grupo de inmigrantes arribados a la costa italiana alertaron de la desaparición de 400 personas en el hundimiento de una embarcación. La cifra de víctimas casi triplica las del avión y deja al descubierto otra tara: la doble vara de medir que aplican los medios ante la muerte —al igual que un amplio sector de la sociedad, conste.
Al igual que en episodios similares acaecidos con anterioridad, numerosos internautas, lectores de prensa, radioyentes y televidentes han destacado la escasa cobertura mediática del accidente marítimo en comparación con la del aeronáutico: ningún canal de TV ha interrumpido la programación, ni siquiera han sobreimpresionado un rótulo dando cuenta inmediata de lo ocurrido, ni se editan páginas de prensa especiales para este y otros dramas "lejanos".
[Por cierto, una vez más, en este como en otros siniestros y urgencias, sólo estuvieron a la altura de la gravedad de los hechos emisoras y profesionales de la radio. Vaya un aplauso a su labor. Los internautas que argayamos en el teclado al tiempo que escuchamos medios que vuelan podemos certificar la cercanía de la radio con la vida]
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Internet ha empequeñecido el mundo...
¡no en todos los sentidos! 
Ciertamente, la proximidad del hecho, sea la muerte u otro suceso, siempre influye en los efectos humanos que causan y, lógicamente, debe ser tenido en cuenta para evaluar el impacto de la noticia; pero cada vez es mayor la diferencia de trato que los medios dan al sufrimiento "nuestro" y al que por motivos varios se considera radicalmente "ajeno" [esto da para un ensayo, lo que sobrepasa con creces la función de un post de bitácora].
En el caso de España y Alemania, estaba justificado el despliegue informativo —¡no el morbo!— por la muerte de los 150 pasajeros y tripulantes que volaban de Barcelona a Düsseldorf porque había familiares, vecinos, conocidos, personas cercanas.
Los medios y los periodistas deben (debemos) tener en cuenta esa circunstancia… ¡pero! —este adversativo exige interjecciones— los recientes accidentes de aviación habidos en el sureste asiático también merecieron tres, cuatro y hasta diez veces más atención informativa que las decenas o cientos de náufragos que ha sumado el Mediterráneo en cada uno de los sucesivos accidentes habidos en los últimos años.
Los medios europeos otorgaron mayor relevancia a las víctimas asiáticas pese a ser de menor cuantía que los inmigrantes que perecen camino de Europa, ¿por qué?, ¿acaso porque viajaban en avión, no en patera, y porque eran "legales"?
Por ende, se da la circunstancia de que muchos de los que yacen en el mare nostrum tienen familiares y amigos en "nuestro ombligo" europeo.
Es lógico que usted, amable lector/a, interprete la mención de las cantidades y las distancias como una falta de tacto, pero le ruego que lo piense con detenimiento: no tengo intención alguna de reducir las vidas a meras cifras, sólo aspiro a reflejar con mínimo rigor lo exageradamente desproporcionado del valor que los medios otorgan a las vidas de los seres humanos y que lo hacen en función del sexo, la raza, el credo, el lugar de nacimiento, la residencia, el motivo de la muerte o el tipo de vehículo en el que viajaban.
Tan exagerada es esa desproporción que se ha tornado injustificable.
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Viñeta de El Teto
Es bueno tener sentimientos, 
pero no los desperdicie con "los otros"... 
Ni que decir tiene que cualquier persona se siente más afectada por el fallecimiento de un familiar o un conocido que por el deceso de dos o de diez desconocidos que perecen a 100, 5.000 o 10.000 kilómetros de distancia, pero ese matiz humano no puede (o no debería) ser aplicado mecánicamente por los responsables de los medios de información.
El asunto da para mucho más, pues aflorarían comportamientos tribales e instintos ancestrales, valores colectivos, criterios culturales y económicos que a su vez reflejan y ayudan a entender el territorialismo (nosotros y ellos) y las clases sociales... porque una cosa es ir en patera y otra bien distinta, en avión.
De entrada, bueno será —opino— que esas "injusticias" informativas sirvan para repensar el valor de los ámbitos y de lo humano.
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ACTUALIZACIÓN (madrugada del domingo 19 abril):
Un pesquero con cerca de 700 personas a bordo que intentaban alcanzar las costas europeas ha naufragado esta noche entre Italia y Libia. Muy probablemente, se trata de «una de las mayores tragedias habidas en el mar Mediterráneo», ha comentado vía RAInews24 la portavoz de ACNUR.
Información puntual, en Corriere della sera (it).
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DE INTERÉS: «La vergüenza de Europa», editorial de Contexto.

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