28 octubre 2015

Exxon reaviva el pleito Venezuela-Guyana que Londres sementó hace 180 años

La proximidad de las elecciones del 20D contribuye a que los medios españoles dejen de dar la tabarra con el chavismo. Sin embargo, tanto hablar y escribir de Venezuela y hay asuntos de los que los "grandes" medios apenas han informado, ni siquiera cuando la fiebre antichavista minimizaba noticias españolas y europeas de máxima relevancia. Me refiero al pleito de la Guayana Esequiba [ver mapa del territorio en disputa al pie del post].
A criterio del Estado venezolano —hasta ahora gobernara quien gobernara— y también desde un punto de vista histórico [ideologías aparte], la franja de la que se apropió la ex colonia británica (hoy República Cooperativa de Guyana) es territorio venezolano porque formaba parte del ámbito de la Capitanía General de Venezuela cuando este país se independizó de España, en 1810.
Salvando las distancias, el Imperio Británico realizó en el Esequibo una maniobra similar a la que realizó para apropiarse de las Malvinas.  
Cuando Hugo Chávez llegó al poder nadie en Venezuela ni casi nadie en los países de Occidente cuestionaba que el pleito por el Esequibo que mantienen Venezuela y Guyana está condenado a ser resuelto y, además, casi nadie cuestionaba tampoco que hay sólidos argumentos históricos y jurídicos que avalan la reclamación de Caracas.
Esa casi unanimidad doméstica e internacional se ha ido debilitando a medida que el bolivariano Partido Socialista Unido (PSUV) ganaba elecciones, a lo que en la propia Venezuela han contribuido varios medios "tocados" por las petroleras.
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El oro negro mueve montañas
...de dinero 
La compañía Exxon había realizado una serie de inversiones en la llamada faja del Orinoco, el Proyecto Cerro Negro; básicamente, estudios y prospecciones en busca de minerales y oro negro. A finales de 2006, técnicos petroleros y geólogos de la compañía informaron del hallazgo de una sustancia que calificaron como «bitumen», una especie de asfalto grueso que no estaba sujeto a la Ley de Hidrocarburos de Venezuela de 1976, por la que fueron nacionalizadas todas las reservas de petróleo y gas.
Lo del «bitumen» levantó mil sospechas y el Gobierno chavista organizó una investigación y prospecciones oficiales que constataron lo que era un secreto a voces: Exxon había mentido, en la faja del Orinoco existe una bolsa de hidrocarburos cuyo volumen suma, como mínimo, 300.000 millones de barriles de petróleo crudo pesado.
En base a esa evidencia, el 1 de mayo de 2007 el Estado venezolano declaró oficialmente que todos los hidrocarburos detectados en la región están sujetos a las leyes aplicables y por tanto, esas reservas también son propiedad de la República de Venezuela.
El siguiente paso fue el que se da desde 1976 con esos bienes públicos: invitar a las empresas extranjeras que operan en la región a participar en sociedades mixtas con la petrolera pública venezolana, PDVSA, que en virtud de la ley de 1976 reserva un mínimo del 51 % del accionariado para el Estado venezolano.
Sólo dos de las empresas del sector que operan en Venezuela y países vecinos se negaron a participar, Conoco Phillips y Exxon Mobil, ambas estadounidenses, que además demandaron a Venezuela.
Exxon reclamaba una indemnización "por expropiación" que cifró en 18.000 millones de dólares, en tanto que la demanda de Conoco era de cuantía muy inferior y se zanjó. Exxon se negó a racionalizar su petición y el asunto acabó en manos de un tribunal de arbitraje internacional, cuyo dictamen ordenaba al Gobierno de Venezuela a pagar al gigante estadounidense sólo 1.600 millones de dólares.
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Por la puerta de atrás y utilizando
a la empobrecida Guyana
La reacción de Exxon, palabrería y amenazas económicas aparte, fue negociar —con apoyo de la Administración estadounidense— con el Gobierno de la vecina Guyana licencias para explorar el subsuelo en busca de yacimientos petrolíferos en el Esequibo, pese a que ese territorio está sometido a una disputa jurídica internacional, según resolución de Naciones Unidas.
El pasado mes de mayo, coincidiendo con la toma de posesión del nuevo presidente de Guyana, el militar conservador David Arthur Granger —fiel aliado de Estados Unidos—, Exxon anunció que acababa de descubrir en aguas del Esequibo, junto a la costa y zona marítima venezolanas, una bolsa con unos 750 millones de barriles de petróleo.
Al margen del pleito jurídico que subyace y de la trapacería de Exxon, sabedora de que esas aguas y ese territorio están en disputa, el hallazgo es de enorme importancia económica para Guyana, pues le puede proporcionar ingresos que multiplicarían por diez —según fuentes no gubernamentales— sus actuales disponibilidades presupuestarias. Todo ello dando por bueno que esos 700 millones de barriles sean propiedad de Guyana, no de Venezuela.
Más claro: en connivencia con las autoridades de EE UU, Exxon ha emponzoñado el pleito por el Esequibo y, de paso, ha creado otra fuente de tensiones al Gobierno venezolano y proporcionado munición a los anti-chavistas internos y externos.
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El Esequibo tiene una de las densidades de población
más bajas del mundo
El Imperio Británico encendió
la mecha en 1835
La todavía irresuelta disputa territorial la engendró el Imperio británico en 1835, cuando encargó al naturalista alemán Robert Hermann Schomburgk la “exploración geográfica” de un vasto territorio situado al sur y al oeste de su colonia guyanesa, cuyo ámbito apenas abarcaba la capital, Georgetown, y las planicies selváticas situadas al sur de la ciudad y al este del río Esequibo.
Schomburgk recopiló datos y elaboró un mapa que excedía ampliamente la colonia y abarcaba territorios que Venezuela había heredado de la Capitanía General española e incluso parte de los ocupados por la colonia holandesa, hoy Surinam; de hecho, el Estado guyanés también tiene un pleito abierto con su vecino oriental por una porción de su territorio [señalado en el mapa del Esequibo, al pie del post].
El oriente del río Esequibo interesaba vivamente a Londres porque las expediciones dirigidas por Schomburgk confirmaron la existencia de oro, del dorado no del negro.
Tras varias reclamaciones absurdas que cayeron en saco roto, el Imperio logró en 1850 que Venezuela —ignorante del valor del territorio y en su afán por evitar un enfrentamiento abierto— se aviniera a no ocupar el territorio hasta que ambas partes alcanzaran un acuerdo para trazar la frontera definitiva, compromiso que también adquirió el Gobierno inglés.
Londres burló el pacto debido a que en la metrópoli crecía la demanda de oro y de otros recursos naturales del Esequibo, por lo que el Imperio decidió declarar que la colonia que administraba desde Georgetown abarcaba todos los territorios situados al este de la línea Schomburgk [situada más al oeste que la de la actual frontera, ver mapa al pie del post].
Caracas, donde la ingenuidad geopolítica rayaba la estupidez, solicitó al Gobierno de Estados Unidos que interviniera cerca de Londres… apelando a la doctrina Monroe, que en teoría rechazaba la intervención de las potencias europeas en el continente.
La Casa Blanca aceptó el reto y logró una aparente victoria porque Gran Bretaña admitió organizar un arbitraje independiente. Los trabajos y sesiones de tan singular corte, pues no había representantes de Venezuela ni ninguno de sus miembros había sido propuesto por Caracas, fueron centralizados en Washington. En 1897 se dictó un fallo que satisfacía casi al 100 % las pretensiones de Gran Bretaña, fijando poco más o menos la actual línea fronteriza venezolano-guyanesa.
Caracas rechazó la apropiación del Esequibo y acusó a EE UU de haberse confabulado con el Imperio Británico. No exageraba, la conspiración existió y así lo denunció el secretario del tribunal de arbitraje, Severo Mallet-Prevost, que suscribió un documento en el que narra las presiones de todo orden ejercidas por el presidente del tribunal, Friedrich Martens, para que los árbitros atendieran las demandas londinenses.
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El pleito llegó a la ONU en 1966 y allí sigue estancado
Seis decenios después del paripé anglo-estadounidense, la disputa fue presentada por primera vez ante una institución de ámbito internacional, Naciones Unidas, donde Venezuela denunció la corrupción que caracterizó el arbitraje de 1897 y planteó una reclamación oficial de soberanía.
En febrero de 1966, en reunión celebrada en Ginebra, las tres partes implicadas en el contencioso [Venezuela, la administración de la Guayana Británica, que preparaba la proclamación de la independencia, y Gran Bretaña] firmaron un acuerdo para resolver la disputa y se comprometieron a que ninguna de las partes actuaría en el Esequibo hasta que se estableciera la frontera definitiva.
Meses después, una vez hecha efectiva la independencia de Guyana, las nuevas autoridades de Georgetown declararon su plena soberanía sobre todo el territorio en disputa.
Naciones Unidas hizo saber que el asunto seguía pendiente de resolución, pero no fue precisa ninguna acción pacificadora porque Venezuela renunció a movilizar tropas y mucho menos para controlar un territorio casi despoblado cuyas riquezas eran de orden menor (prácticamente ninguna de las viejas explotaciones de oro eran rentables).
Así las cosas, el pleito ha permanecido dormido desde 1966 sin que se hayan registrado incidentes, ni siquiera diplomáticos. La tranquilidad se acabó la primavera pasada, cuando Exxon anunció el descubrimiento de la bolsa de hidrocarburos en aguas del Esequibo, que para colmo está situada en las proximidades de la costa de Venezuela.
Para la República Cooperativa de Guyana —el segundo país con la renta por habitante más baja de América, sólo supera a la de Haití— el petróleo descubierto supone una oportunidad excepcional para erradicar la miseria y crear servicios sociales básicos como la sanidad y la enseñanza.
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