05 diciembre 2015

«Hacemos un sacrificio», «nos sentimos maltratados»...

Esas y otras declaraciones (o actitudes) figuran entre las más útiles para identificar a los políticos que dicen ser ajenos al sistema pero no lo son, o que sólo lo son formalmente; es decir, dentro del orden. Es un descaro habitual y fácilmente detectable cuando hay una convocatoria electoral.
Ante las urnas aumentan exponencialmente las protestas de los representantes de las clases medias [expresión con la que evitan hablar de asalariados, autónomos y profesionales proletarizados], esos defensores del pueblo que dicen ser marginados, ninguneados, vilipendiados o discriminados porque los medios tradicionales no les prestan similar atención que a Rajoy o Rivera.
¡Manda narices!, ¿qué esperaban?
Salvo Iglesias y otros personajes que ingenua o equivocadamente se prestan a ser aupados para luego ser apedreados (estos días la lapidación es evidente), los medios tradicionales siempre se olvidan y en cuanto pueden machacan a quienes critican "el buen orden de las cosas": desde la desregulación de los mercados (¡hagan juego, señores!) hasta la unidad de la patria; más fácil: desde la base, el dinero, hasta la superestrucura, el Estado, sea o no democrático.
El sistema tiene sus dogmas sagrados y cuestionarlos siempre merece el reproche e incluso el "odio" de los fabricantes de opiniones correctas.
Siempre ha sido así, antes de 1975 y también durante la eterna Transición, período en curso que también es conocido como "el régimen de 1978" o postfranquismo [conste que esta última es la denominación más adecuada desde un punto de vista histórico, no en vano la dictadura no ha sido finiquitada].
En fin, ya que hay elecciones bueno será tener en cuenta que hay quienes critican lo que no combaten.

2 comentarios:

  1. Los chicos de Podemos han dado mucho juego en las TVs, han sido divertidos y provocadores, han cantado muchas verdades, han elevado las audiencias y, en definitiva, han contribuído a hacer caja.

    Pero ahora vienen elecciones y todo el masivo "cartel" pro-corrupción mira el horizonte con inquietud y ve que sobre ellos se ciernen amenazas. Su prioridad actual es mantener el monumental negocio, el gran chollo de estos años. Así que toca demonizar y defenestrar a todos esos emergentes a los que hace cuatro días se reían las gracias. Pero quizás estén llegando algo tarde. Se adivina un casi-empate a cuatro.

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    1. Las TV convencionales han conseguido un objetivo comercial y otro idoelógico (o editorial): audiencias (más publicidad y mejor pagada) y relegar a segundo plano un proyecto de izquierda (la extraordinaria presencia de Iglesias y demás en la pantalla no ha sido para trasladar ideas, sino opiniones, que no es lo mismo).
      Además, no vale olvidar que junto a los puntualmente "famosos" personajes de izquierda también se ha multiplicado la presencia de los Marhuenda y los Inda.
      Cumplido el objetivo de aumentar la audiencia y convertidos los Iglesias en personajes "singulares" (no en alternativa), las TV han recuperado sus criterios tradicionales, relegando al "llamativo" Podemos al papel que el sistema le reservaba desde el primer día: un experimento fruto del descontento PUNTUAL, que es el papel que los medios de orden adjudican a la izquierda en cuanto esta descuella o llama demasiado la atención.
      Saludos.

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