26 enero 2016

¿Cultura de lo gratuito?... En España lo que hay es mucha necesidad de buscar lo gratuito

El fundador de ProPublica y personaje icónico del periodismo, Paul Steiger, ha recalado en España para participar en la cuarta edición de Conversaciones Con, foro organizado por la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra, desde donde ha instado a los medios de información españoles a «buscar maneras creativas de obtener rentabilidad ante la cultura de acceder gratuitamente a los contenidos periodísticos», según refiere infoLibre.
Una vez más se mezcla --o no se diferencia-- el fenómeno de la cultura de lo gratuito y la necesidad de buscar lo gratuito.
«Hay que buscar maneras de dar apoyo y conseguir fondos para los nuevos modelos, ya sea a través de una agencia sin ánimo del lucro, como nosotros, u otras maneras creativas para obtener rentabilidad. Existen recursos para hacerlo», ha subrayado Steiger.
Convendría que los expertos emplearan las palabras, las expresiones y también los latiguillos con mayor precisión, atendiendo a las características del país y su sociedad cuando se refieren a España, por ejemplo, y al escenario en el que nacen, viven y mueren sus medios, y no sólo en lo tocante a los asuntos profesionales sino también a los económicos, máxime cuando se entra en "jardines" sociales, como son las circunstancias y hábitos de los lectores (sean de ediciones en papel o digitales), radioyentes y televidentes (accedan estos vía convencional o a través de la Red).
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Cosas que pasan al utilizar los datos de España va bien 
Steiger ha caído en el error --en mi humilde por personal opinión-- de sobredimensionar los efectos económicos reales que tiene en España el fenómeno de la llamada cultura de lo gratuito; error que quizá se debe a su escaso conocimiento de la realidad socio-económica española o a lo peor, porque le han proporcionado la versión España va bien, cosa por otro lado que sería lógica habiendo recalado en una entidad cuyo propietario y administrador es el Opus Dei.
España no es Estados Unidos, Francia ni Alemania. Aquí y ahora las clases media-baja, todas las bajas y la más baja de todas [los pobres: una de cada cinco familias] adolecen de una capacidad adquisitiva impropia de la Europa Occidental a la que la corrección política ha dado en llamar "los países de nuestro entorno"; en rigor, los únicos de nuestro entorno en materia de poder adquisitivo son Portugal, Irlanda y Grecia, aunque esta ha sido condenada a galeras y a codearse con los de más al este y más al sur.
En España el problema para vender información y productos similares (cine, música, teatro, etc.) no es la cultura de lo gratuito, sino la necesidad de buscar lo gratuito [base de los éxitos de audiencia que registran las ofertas de TV  gratuita, incluidos sus (des)informativos]; dicho todo esto sin menoscabo de la consideración que merecen las ideas y sugerencias de orden económico expuestas por Steiger con relación a la viabilidad de las empresas del sector.
El fenómeno de la cultura de lo gratuito al que aluden tantos expertos y gurús es ajeno a la necesidad de buscar lo gratuito, que es generalizada y constituye sólo uno de los numerosos males que padece la mayoría de ciudadanos residentes en países donde imperan las reglas del capitalismo preconciliar, con gobernantes y élites tan obtusas que con tal de no invertir y/o de acumular más y más capital ni siquiera cumplen con el requisito sistémico de fomentar el consumo vía salarios decentes, que es la mejor herramienta para asentar el sistema y sus valores morales y políticos... lo dicho, son obtusos, idiotas y desestabilizadores, aunque de esto último probablemente ni siquiera son conscientes. 
Por eso pasan estas cosas, que se elaboran análisis y se habla de la cultura de lo gratuito como si la sociedad y la economía española fueran lo que no son.
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