10 enero 2016

Lo esencial no es el "suicidio" de la CUP, sino que el independentismo gana cohesión

La decisión de la izquierda soberanista ratifica el triunfo
independentista en los comicios del pasado septiembre de 2015
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La Candidatura d'Unitat Popular (CUP) ha renunciado a su ideología para mantener vivo el "procés" y seguir caminando hacia la independencia. ¿Sorpresa? Sólo parcial. La decisión de la CUP era previsible y casi inevitable si ERC y CDC cumplían la única condición que había puesto para respaldar al candidato de Junts pel Si: que Artur Mas renunciara a la presidencia.
El único aspecto realmente sorprendente de este episodio es que la CUP haya aceptado como sustituto de Mas a otro político profesional de ideología y criterios neoliberales cuya concepción de la vida social y económica es totalmente contraria a lo que propugna la CUP.
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El españolismo se enroca
en sus dogmas
La renuncia de la CUP en favor del "procés" ha provocado que la mayoría de las empresas propietarias de medios, así como sus analistas, "expertos" y la generalidad de sus periodistas hayan exacerbado su mal disimulado españolismo: todos (o casi) se rasgan las vestiduras hasta el extremo de que leyendo o escuchando lo que escriben y dicen da la sensación de que son militantes de la CUP que han decidido darse de baja y arremeter contra su partido porque les espanta haber apoyado al presidenciable Carles Puigdemont --actual alcalde de Girona.
Y lo que es peor, los políticos españolistas no aportan nada nuevo, ni los medios en general tampoco, todos se limitan a repetir los argumentos de siempre, insistiendo en que la Constitución es una especie de dogma religioso, mutilando o silenciando el artículo 92 [ver ilustración al pie de este post].
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Contradicción y coherencia 
La decisión de la CUP puede ser descrita como un error, incluso es obligado decir que ha incurrido en una contradicción ideológica, pero es coherente desde una óptica nacionalista y en gran medida --no vale engañarse con explicaciones interesadas-- se debe a que los soberanistas son conscientes de que detener ahora el "procés" no sólo paralizaría su desarrollo, sino que podría relegar la alternativa independentista al segundo o tercer plano, que era donde estaba hace veinte años cuando inició su carrera de éxitos, en 1996... como reacción lógica frente al ultranacionalismo del PP de Aznar
Para quienes no son (no somos) partidarios de la segregación de Catalunya puede ser difícil de entender lo que ha hecho la CUP y reconocer el valor de su sacrificio, pero si se prescinde de los latiguillos y de las mistificaciones del pasado es perfectamente comprensible la decisión de la satanizada izquierda soberanista.
No pretendo dirimir quien tiene la razón, no se trata de eso. En este y en otros asuntos políticos apelar a la razón es absurdo. Ambos proyectos políticos son respetables, tanto el de quienes defienden mantener el Estado uniforme e "indestructible" como el de quienes aspiran a crear otro Estado, sea independiente o confederado (y unido) al resto de las Españas.
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[Por cierto, es falso que el gobierno que lideró Lluis Companys segregara Catalunya, lo que hizo fue declarar constituida la República Catalana en el marco de la república confederal española; pero a fuerza de mentir una y mil veces el españolismo ha logrado que calara su historia ultranacionalista de España, que es bien distinta de la Historia de España sin calificativos]
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La CUP ha apartado a Artur Mas del primer plano --de momento-- a la vez que ha reforzado el independentismo a costa de orillar principios ideológicos (y de clase), evitando así un varapalo al "procés" del que difícilmente se recuperaría en el corto plazo.
Por eso y por mucho más, que la CUP se suicide es el detalle, lo esencial es que su renuncia certifica que ser Catalunya ya puede con casi todo.
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CON ANTERIORIDAD:
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RELACIONADOS:
«El suicidio de la CUP», por Isidro López y Emmanuel Rodríguez, en CTXT;
«Artur Mas: la cursa de fons del noi dels encàrrecs» [=la carrera de fondo del chico de los recados], por Anna Punsoda, en Crític (cat).

4 comentarios:

  1. La renuncia a la que se somete la CUP es de gran envergadura. No apoya a Mas, pero en su lugar apoya a un feroz anticomunista y anti-izquierdista en general, un sujeto de la misma ralea que esos tertulianos ahora tan de moda, y con tanta solvencia histórica, que equiparan comunismo y nazismo.

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    1. Es difícil (creo que imposible) saber cuál será el castigo político-electoral que pagará la CUP por el lujo que se han permitido sus dirigentes con miles de votos procedentes del orbe anti-capitalista catalán, que es más numeroso de lo que algunos pensaban.
      El ya "president" Puigdemont fue radical enemigo del movimiento 15M, denostó la Ley de Dependencia, considera "normales" los desahucios (¡todos!), etc., etc. No nos engañemos: los directivos de CDC y la mayoría de su militancia constituyen una especie de "PP catalán", aunque escorado hacia el centro. Extraña, pues, que pese a esa circunstancia la CUP anteponga el nacionalismo a la ideología y a la clase social que representa.
      Quizá sea válido resumir lo ocurrido con una pregunta: ¿Para qué narices querrá la CUP un Estado nuevo que será construido con los mismos mimbres legales y socio-económicos que el Estado del que "huyen"?
      En esta Europa apocada y neoliberal se creó hace poco un Estado cuyo parto reveló muchas cosas: Kosovo...

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    2. Pues sí, esa es la gran pregunta: para qué quieren un Estado mal fundado, sobre cimientos inseguros y entregado a sus enemigos neoliberales. Parece que la respuesta de la CUP, tal como esbozas en el post, es en términos de estrategia: primero y por encima de todo, independencia y Estado propio; después, desde dentro de él, ya tendremos tiempo de abordar las cuestiones sociales. Es el mismo planteamiento de muchos abertzales de izquierda en Euskal Herria, caso que conozco con mayor cercanía.
      El planteamiento rebosa, a mi juicio, optimismo y exceso de confianza. Hay un riesgo evidente de tener un Estado nuevo con tensiones de clase tan agudas que quede herido de inestabilidad y sin futuro. Pero también es comprensible, dado el cerrilismo de los gobiernos españoles (esa especie de muro de hormigón con que choca cualquier reivindicación y cualquier manifestación, por pacífica, razonable y masiva que sea) que la separación del Estado sea ya entendida por la mayoría de los ciudadanos como acuciante y necesaria por encima de toda otra consideración. El unionismo intolerante y agresivo del Estado es seguramente la motivación de la CUP para "dar la vuelta" a sus ideales políticos.

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    3. Totalmente de acuerdo: el ultranacionalismo español ha sido el mejor alimento del independentismo.

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