23 junio 2006

Unión y Madrid, Fenosa y Galicia

No hubo fusión. Unión Eléctrica Madrileña compró Fenosa, que cambió la marca
pero la compañía sigue teniendo la sede social y fiscal en la capital del reino
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Unión Fenosa (UF) es, muy probablemente, la más polémica de las empresas que operan en Galicia, aunque en su descargo es obligado subrayar que la élite socio-económica de Galicia disfruta polemizando, aunque no siempre por motivos racionales y en ocasiones con la única intención de mantener viva una falacia.
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[Resumiendo, las polémicas en Galicia se caracterizan por tres cosas:
1) Las polémicas más enconadas se desatan --casi siempre alentadas por alguien-- cuando hay cambios o novedades, por insignificantes que sean y al margen de la conveniencia, de la oportunidad y de los posibles perjuicios o beneficios.
2) Los dirigentes gallegos (y los gallegos en general) rara vez hacen piña, ni siquiera cuando se trata de asuntos de interés general. La polémica estéril forma parte del paisanaje.
3) Demasiados gallegos disfrutan polemizando, aunque a veces la polémica sólo sirva para enredar y revolver ríos que de por sí ya bajan revueltos]
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La polémica ahora desatada en torno a UF es una más y, como casi siempre, el debate se desarrolla sin apenas atender a datos ni a razones y, lo que es peor, simplificando las cosas.
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Galleguismo papanatas
con objetivos interesados
En 1983, Unión Eléctrica Madrileña (UEM) compró Fuerzas Eléctricas del Noroeste (Fenosa), no al revés...
Pero la élite gallega cerró los ojos, también como casi siempre, para disimular sus incapacidades y se difundió la falacia de que Unión y Fenosa se habían fusionado. Falso.
Tal como era de esperar, Unión --y por tanto la nueva compañía, Unión-Fenosa-- mantuvo la sede social y fiscal de la firma compradora, en Madrid.
Mas en Galicia casi nadie quiso, pudo, supo o se atrevió a abrir los ojos y la generalidad de la sociedad ha seguido dando por buena la versión de que Unión-Fenosa es una compañía gallega o, en todo caso, galaico-madrileña.
Esa ceguera colectiva ha sido convenientemente alimentada, de modo que la mayoría de los gallegos siguen creyendo que la galaica Fenosa existe. Sólo los grupos ecologistas y la izquierda política (exceptuada la socialdemocracia) han denunciado una y otra vez que la mayoritariamente madrileña Unión-Fenosa paga el principal de sus impuestos en la comunidad autónoma de Madrid pese a que fundamentalmente explota recursos naturales gallegos.
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¿Quién ha ordenado polemizar estérilmente?
Y ahora, ¡vaya usted a saber el porqué!, alguien redescubre la sopa de ajo y, polemizando a la gallega, las propuestas que más suenan son las más chuscas:
Unos propugnan que para compensar la iniquidad que supone producir aquí y pagar impuestos allá convendría crear una "tasa energética" (textual)... ¿Y quiénes acabarán pagando esa nueva exacción?: los consumidores, naturalmente.
Aparte de que ese tipo de tasas autonómicas desembocan siempre en trifulcas interterritoriales que tanto gustan al PP, que ha convertido los pleitos interautonómicos en un insano deporte y fuente de votos.
Otros, ¡con razón!, sacan a colación la excesivamente prolongada vida de las concesiones otorgadas a Unión-Fenosa para explotar embalses que se costearon con dinero público; es decir, con el dinero de todos. Pero, ¡ojo!, el dinero público invertido era de todos los españoles, no sólo de los gallegos. Pues esta es otra de las cantinelas: las llamadas deudas históricas, que muy rara vez son ciertas pero sirven para animar esos pleitos interautonómicos tan caros a los caínitas.
Pensar sigue siendo un verbo mal visto y apenas declinado.
En fin, la de Unión-Fenosa es otra polémica a la gallega, un debate estéril porque casi nadie habla de los aspectos esenciales; por ejemplo, este:
¿Por qué la inmensa mayoría de las grandes empresas y corporaciones tienen su sede social en Madrispaña y liquidan sus impuestos en la villa y corte?
En realidad, el asunto no es de ámbito gallego, sino estatal, pero --como casi siempre-- el buen polemista gallego debate sin objetivo prefijado y se deja llevar por las impresiones.

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