Una vez leídas las conclusiones de la reunión del G20 celebrada anteayer jueves y ayer viernes en Pittsburgh, la sensación más generalizada no es de sorpresa y muhco menos de satisfacción, sino de frustración.
Las decisiones adoptadas en la ciudad norteamericana son, en esencia, un listado de intenciones y propuestas. ¿Compromisos? Ninguno cierto.