miércoles, 2 de octubre de 2013

Empresas asociales y periodistas indignos alegan que "el cliente siempre tiene la razón"

¿Quiénes deciden qué merecemos saber, qué debemos ignorar
y qué criterios aplican para encender o apagar la luz?
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El tratamiento informativo con el que demasiados medios han hecho caja aprovechando el asesinato de una niña en Santiago de Compostela es fruto de dos lacras: el egoísmo económico de algunas empresas y el amarillismo (sensacionalismo más morbo), que es una de las taras clásicas del periodismo. Ninguna de las dos es nueva.