01 abril 2007

La lengua gallega agoniza y disimularlo es peor

En el debate sobre el futuro de la lengua gallega los diagnósticos son dispares. Las posiciones van desde el realismo del galleguista Isaac Díaz Pardo hasta el optimismo militante --esto dicho en el buen sentido-- de quienes siguen convencidos de que el gallego es mucho más que un instrumento de comunicación, criterio este que en cierto modo alimenta inquinas y rechazos.
Enarbolar el idioma como un valor identitario que va más allá de lo cultural siempre tiene efectos contrarios a los perseguidos.
El idioma puede unir, ¡debería unir!, pero no siempre es así, ni garantiza la cohesión. Es más, una lucha política esgrimiendo el idioma incluso puede dinamitarlo si es percibido como instrumento de un segmento social que defiende una ideología concreta, no el idioma de todos.
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Un idioma no sobrevive por Derecho natural
Hay defensores de las lenguas minoritarias o minorizadas que obvian condicionantes económicos y sociológicos. En los casos de Catalunya, Euskadi y Galicia conviene insistir en los efectos que tuvo y todavía tiene una dictadura que durante 38 años impuso el castellano (rebautizado oficialmente con el nombre de español).
Hay galleguistas empeñados en sobredimensionar los argumentos pasionales e ideológicos para concluir que el idioma debe subsistir, como si existiera un mandato o ley natural capaz de imponer la pervivencia del idioma.
Los factores que más peso tienen para convertir un idioma en imprescindible son dos: la necesidad de comunicarse y que sea utilizado en el ámbito económico (en el comercio y profesionalmente).
El gallego sólo cumple parcialmente esas dos premisas y quienes se niegan a reconocerlo contribuyen voluntaria o involutariamente a debilitar su existencia.
Los esfuerzos para que el catalán (nación que también carece de Estado) sea un idioma útil y vivo cuentan con más de un siglo de ventaja con respecto al gallego. Además, y esto es quizá lo más importante, el catalán cuenta con una ventaja fundamental: la mayoría de los residentes en Catalunya han entendido que el futuro de la lengua requiere no utilizarla como bandera ideológica o partidaria.
Conservar el gallego exige que la mayoría de los gallegos, sean militantes, votantes o simpatizantes de PP, PSdeG, BNG, IU, anarquistas, independentistas, católicos, islámicos, evangelistas... asuman la necesidad natural de respetar la cultura... ¡también en el ámbito económico!
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Seis cosas que está mal visto decir
1. Cada vez es más amplio el sector de la población que percibe el gallego como un bien histórico politizado, lo que da al idioma un marchamo iniciático que juega en su contra;
2. Desciende el valor de la lengua gallega como instrumento de comunicación necesario para la colectividad: para convivir;
3. Las clases sociales económicamente más influyentes desprecian el gallego, mal este que ya es histórico;
4. El idioma gallego es económicamente prescindible en el comercio, la industria, los servicios e incluso pierde hablantes en el sector primario (agro y pesca).
Otro detalle de orden socio-económico que conviene tener en cuenta es que se publica mucho libro en gallego, cierto, pero apenas se utiliza el gallego para la transmisión de producciones culturales escritas en otros idiomas, lo que ha creado la percepción social de que el gallego es un instrumento cultural de utilidad limitada;
5. La mayoría de los docentes no han sabido, no han querido o no han podido ejercer las funciones recuperadoras del idioma que, por ejemplo, sí asumieron en Catalunya incluso antes de 1975. En el escenario gallego ha pesado sobremanera el divorcio o distanciamiento que durante años ha caracterizado las relaciones entre los trabajadores de la enseñanza y la Administración, incluida la autonómica;
6. Aún hoy, ¡2007!, la gramática, la sintaxis y el vocabulario del gallego son fuente de disputas, lo que debilita su credibilidad y espanta a las nuevas generaciones.

6 comentarios:

  1. me parece este el mejor análisis que he leído sobre por qué languidece el gallego. debería ser de lectura obligada para ciertos personajes que pululan por nuestra tierra. enhorabuena. me has hecho pensar.

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  2. Compartimos análisis, compañero. El catalán no sería lo que es si la élite económica catalana no lo hubiese adoptado en su momento como símbolo de distinción, ideológica y cultural, frente a lo impuesto. Saludos.

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  3. He empezado a escribir un comentario, luego otro y finalmente me he rendido. Me lo has pisado tú todo: apenas encuentro algo que rebatir o aportar. Con todo, señalo: "Los esfuerzos para que el catalán sea una lengua viva cuentan con más de un siglo de ventaja con respecto a los de quienes defienden el futuro del gallego; pero, además, y esto es lo más importante, los catalanistas --junto a los que simplemente defienden (o defendendemos) la enriquecedora diversidad cultural de la Península-- cuentan con otra ventaja: la mayoría de los residentes en Cataluña han entendido que el futuro de la lengua del país requiere no enarbolarla como bandera política, ideológica ni partidaria". Mucha altura.

    Otro día hablamos de las experiencias personales de cada uno, que al menos en mi caso son fantásticas. Como el desconcierto de un político nacionalista cuando escribí un artículo en el que criticaba, sin pasión pero con ironía y un punto de cansancio, el nacionalismo y sus fantasmas. Y lo escribí... ¡en gallego! El hombre no entendía nada. Cabeceaba tristemente removiendo la cucharilla en el café. Para él, yo me estaba contradiciendo "absolutamente".

    Saludos.

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  4. A propósito de los fantasmas del nacionalismo, que los hay, sólo puntualizaría que fantasmas los hay en todas las ideologías --aunque no me parece apropiado calificar de ideología el nacionalismo--.
    Coido que o nacionalismo cultural é necesario e nalgúns aspectos é "natural". Na Galicia este nacionalismo, o cultural, é moi débil e só se ten desenvolvido no BNG, en Nós-UP ou na FPG, amén de sectores moi concretos do mundo da cultura, entre outros.
    A cultura galega --incluída a lingua-- non é patrimonio de ninguén e paréceme un erro que a xeralidade das organizacións políticas teñan esquecida esa responsabilidade --ao marxe de pronunciamentos puntuais-- e deixaran a súa defensa nas mans dos partidos nacionalistas. Moitas veces o BNG monopolizou a defensa do galego; pero que eu saiba ninguén tiña prohibido facer o mesmo e compartir o traballo de prestixiar o idioma. Ao final, son moitos os galegos que identifican a lingua co nacionalismo político. A responsabilidade desta situación é de todos, pero máis dos que renunciaron a facer súa a tarefa de normalizar a utilización da língua.
    O período 1975-1990 foi capital para por en marcha iniciativas de normalización. O tempo (¡as xeracións!) pasa e non perdoa nada.O tempo (¡o paso das xeracións!) é un factor que foi infravalorado.

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  5. Hola (disculpa el retraso).

    No me gusta la palabra nacionalismo, lo siento. Hay palabras que terminan por pervertirlo todo, y nacionalismo es una de ellas. Sobre los fantasmas, desde luego: no señalo lo contrario. Quiera la civilización que los fantasmas del nacionalismo a los que nos enfrentemos sean siempre los gallegos: un estanque tranquilo en el que las pocas olas sean casi siempre motivo de ironía o hastío, pero no de miedo. (En cualquier caso, a modo de declaración, estoy en la vieja escuela, pertenezco a una vieja concepción del mundo: la que se preocupa más por la diferencia entre pobres y ricos que entre identidades nacionales)

    Respecto a la lengua, me desarmas: "Moitas veces o BNG monopolizou a defensa do galego; pero que eu saiba ninguén tiña prohibido facer o mesmo e compartir o traballo de prestixiar o idioma". Touchè. Poco tengo que decir. Cierto es el esfuerzo del nacionalismo en promover nuestra lengua (tambièn de los que no lo somos) y nuestra cultura. Y cierta también la dejadez institucional histórica y el tibio pasotismo de los partidos españoles hasta que no hace muchos años entendieron su rédito electoral (y, de paso, sentimental: bienvenidos)

    Saludos.

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  6. Me quedo pensando en ésto: "la mayoría de los residentes en Cataluña, catalanistas y no catalanistas, han entendido que el futuro de una lengua minoritaria o minorizada requiere no enarbolarla como bandera política."

    Yo no tengo tan claro que no la enarbolen. Y Adri (mi novio), nacido fuera de Cataluña pero residente allí durante 10 años, no estaría de acuerdo con esta afirmación.
    Él siempre comenta que muchos catalanoparlantes (y políticos catalanes) usan el idioma para excluir a los de fuera... Lo cierto es que la realidad diaria es compleja y cada individuo la viva y la siente de manera distinta.

    Siempre me haces reflexionar tanto que muchas veces no atino ni a comentar... (Esta entrada no la leí en su día, por cierto.)

    Petons/Bicos/Besos

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