16 julio 2006

Las mil y una confusiones de Oriente Próximo

Con motivo de las acciones militares que el Ejército israelí lleva a cabo estos días en el norte de Gaza y en el Líbano --como represalia por los atentados perpetrados por los islamistas que operan desde ambos territorios--, el argentino Adolfo Pérez Esquivel (Premio Nóbel de la Paz) ha escrito un artículo que, entre otras cosas, dice:
«Siempre he apoyado al pueblo judío; un pueblo que sufrió el Holocausto, la diáspora, persecuciones, torturas y muerte, pero que tuvo dignidad, resistió a la opresión y luchó por sus valores religiosos, culturales y unidad del pueblo (...) Es doloroso tener que señalar los comportamientos aberrantes que el Estado de Israel viene cometiendo contra el pueblo palestino, atacando, destruyendo, oprimiendo y masacrando a la población; mujeres, niños y jóvenes son víctimas de esas atrocidades que no podemos callar y debemos denunciar y reclamar ¡Basta!»
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El pasado no justifica todo
Pérez Esquivel apunta que los trágicos hechos que han vivido los judíos durante siglos y el acoso a que fue sometido Isarael desde el mismo día de su proclamación (1948) han provocado que el Estado recurriera «a las torturas y los ataques a la población civil (…) ¿Hasta cuándo continuará esa política de terror?», inquiere el Premio Nóbel.
«Es cierto que hay ataques y hechos de violencia desatados por sectores del pueblo palestino que reclaman sus derechos (...) No es a través de la violencia, que genera más violencia entre las partes, como se resolverá el conflicto. El Mahatma Gandhi decía que si se aplica el ojo por ojo, terminaremos todos ciegos».
Y a modo de conclusión, el autor urge a que «la comunidad internacional reaccione y detenga la locura de los gobiernos, antes de que sea tarde. Pero más necesario es que los israelíes y los palestinos reaccionen y comprendan que no pueden seguir matándose».
Los dirigentes de la izquierda europea, entre quienes abundan los aficionados a practicar el buenismo, deberían leer el texto de Pérez Esquivel.
El Nóbel argentino, pese a la brevedad de su texto, critica las dos violencias y, también pese a la brevedad del texto, deja claro que la violencia que practican los Estados (en este caso el israelí) es éticamente más perversa que la de los desheredados (léase los palestinos).
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El maniqueísmo no tiene ideología
Por motivos nunca razonados, la izquierda y la extrema derecha europeas acostumbran a coincidir en que los israelíes (o peor aun: ¡los judíos!) son los únicos responsables de la tragedia que se vive en Oriente Próximo.
Los palestinos residentes en Gaza y Cisjordania --¡tras haber demostrado durante decenios que son incapaces de afrontar el conflicto de forma racional y práctica!-- son “los buenos” de todas las películas que ruedan la izquierda mecánica y la extrema derecha europeas. En tanto que los israelíes son “los malos”.
A criterio de los maniqueos, el Gobierno israelí, los ciudadanos israelíes y los creyentes de fe judaica son la misma cosa: mala gente
Y aplicando similar regla de tres, los dirigentes palestinos corruptos, los activistas palestinos que perpetran atentados indiscriminados y los palestinos en general forman parte de la categoría de los santos mártires.
Y para redondear y siempre según ese esquema de cajoncitos, el Gobierno libanés --pese a que no quiere o no sabe acabar con los campos de entrenamiento de los islamistas existentes en su territorio-- es inocente.
Los europeos han sido bombardeados con información sesgada hasta el punto de que muchos de ellos consideran que los israelíes --¡todos y sin excepción ni matices!-- son culpables de que el Gobierno israelí ordene bombardear localidades palestinas o libanesas.
Por el contrario, casi ningún dirigente, columnista, pensador o intelectual europeo se atreve a preguntar en voz alta por qué los islamistas disparan y atentan indiscriminadamente, o por qué instalan sus arsenales y esconden a sus líderes militares en zonas densamente pobladas; es decir, ¿por qué los activistas del bando de “los buenos” se escudan y colocan sus arsenales entre niños, mujeres embarazadas, enfermos, ancianos y población civil en general?, ¿es por casualidad?, ¿es una simple ingenuidad?, ¿lo hacen para ganar representatividad social?, ¿consideran que así implican políticamente a la población civil?, ¿o acaso lo hacen para, llegada la inevitable confrontación bélica, obtener efectos mediáticos más positivos para su causa?
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Las víctimas son todos los ciudadanos, al margen de la religión y la etnia
De entrada y para empezar, convendría que los informadores y creadores de opinión europeos fueran menos "ignorantes" --o torticeros-- y dejaran de fomentar la confusión y, siquiera de vez en cuando, precisaran que las personas de religión judía no constituyen una raza, como si los asquenazíes centroeuropeos, los sefardíes mediterráneos y los judíos etíopes, entre otros, formaran parte de la misma etnia. ¿Tanto influyó la paranoia hitleriana que los europeos siguen creyendo que hay una raza judía?
En fin, que los hechos que protagonizan los judíos “resentidos” --que no son todos-- y los islamistas fanáticos o fanatizados --que tampoco son todos-- están trufados de maniqueísmos, medias verdades, silencios e intereses ocultos. Y entre esas y otras trampas, paradojas y sinsentidos, uno de los aspectos más curiosos es la actitud de ciertas organizaciones y dirigentes de la izquierda europea, empeñados en condenar a todos los israelíes y elevar a los altares a todos los palestinos.
¿A qué viene tanto simplismo?, ¿a quién beneficia el maniqueísmo?, ¿a qué obedece la perversión de tantos y tantos conceptos?, ¿por qué y para qué falsear sistemáticamente los datos y la historia?
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1 comentario:

  1. Lo peor, es que el Buenismo, el simplismo y la falta de criterio, tienen fuerte calado en las ignorantes y dormidas mentes continentales. España parece a gusto en su papel de paladín de causas cuyo influjo no pueda afectarnos o en entelequias de la hipocresía y la sumisión como la pomposamente llamada Alianza de civilizaciones.
    "Los judíos son muy malos y los árabes muy buenos" es una idea muy aferrada en el inconsciente colectivo de la abúlica Europa y pocos son los que se adentran en la búsqueda de información objetiva y la elaboración de pensamiento propio. Y lo que queda...

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