25 agosto 2006

Stroessner muere, pero su "mafia" y gran parte de su legado perviven

Este mes ha muerto uno de los personajes más siniestros de la segunda mitad del siglo XX: Alfredo Stroessner, que ejerció de amo del Paraguay durante 35 años, hasta ser derrocado en 1989 por otro militar que, por lo visto y vivido en el país suramericano, era menos sanguinario que su predecesor pero igual de egoísta y torpe como gobernante.
El fallecimiento de Stroessner ha pasado casi desapercibido en casi todos los medios de comunicación de Occidente y, para colmo, la mayoría de los que lo han tocado con cierta amplitud han subrayado que tras el golpe de Estado que apartó a Stroessner del poder Paraguay afrontó una transición a la democracia poco menos que ejemplar que, según dicen los ingenuos y los ciegos interesados, ha desembocado en la instauración de un régimen democrático (¿?)
Sin embargo, desde hace varios meses, al igual que ya ocurrió con anterioridad, en Paraguay siguen siendo cíclica actualidad la represión y los abusos que sufre el campesinado, desalojado de tierras que que cultiva desde hace decenios para mal venderlas a las multinacionales cerealeras (sobre todo las que imponen el cultivo de soja), en lo que ya se ha convertido en la enésima ofensiva de la élite económica y del propio Gobierno para privatizar todos los terrenos comunales.
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Stroessner
La dictadura sigue viva
En numerosos casos, los terrenos "nacionalizados" para ser inmediatamente privatizados han sido trabajados desde hace siglos por los distintos colectivos amerindios [la mayoría de etnia guaraní] que ya estaban allí asentados antes de la llegada de los admirados conquistadores y evangelizadores europeos.
Actualmente, el motivo fundamental de esta nueva agresión institucional es aumentar la extensión del cultivo de soja, cereal que las multinacionales del sector agroindustrial han convertido en el presunto maná del empobrecido rural de medio mundo.
El actual presidente de Paraguay, Nicanor Duarte Frutos, ha sido elegido democráticamente, cierto, pero esa circunstancia no justifica la aplicación de procedimientos irregulares en favor de la élite propietaria del 80 % de la tierra cultivable.
Documentos que obran en poder de organizaciones no gubernamentales y que en algunos casos también conocen autoridades ejecutivas y judiciales del país, demuestran que funcionarios del Instituto Nacional de Desarrollo Rural han vendido ilegalmente grandes superficies a un grupo de empresarios sojeros.
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La corrupción sigue siendo un mal generalizado 
El colmo de los despropósitos es tal que gran parte de esas tierras incluso estaban incluidas por la Administración en el censo de las fincas oficialmente catalogadas como comunales y que debían ser cedidas a los campesinos en el marco de una teórica reforma agraria.
Un sector del mismo Ejército que otrora comandó Stroessner participa de la rapiña y colabora con los inversores (casi todos extranjeros) que se están apropiando de las fincas más favorables para el cultivo de soja y otros vegetales de elevada rentabilidad. 
Un decreto que data de 2003 facultó al Ejército a intervenir en el rural paraguayo “en tareas de seguridad interna”.
La comisión internacional que este año viajó a varios enclaves paraguayos para comprobar la situación ha certificado que se registran ocupaciones militares ilegales de tierras e inmuebles, sin que los jueces y fiscales (y mucho menos los gobernadores provinciales) hayan hecho nada para impedirlo, castigar a los autores de los desmanes y restaurar la legalidad.
Stroessner ha muerto y hoy Paraguay es un país formalmente democrático, pero los caciques y sinvergüenzas que medraron a la sombra del autócrata gozan de prerrogativas propias de una república bananera.
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ENLACE a la biografía de ALFREDO STROESSNER que ofrece la Wikipedia.

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